¿A cuántos de nosotros nos gusta ir al cine en busca de una película de miedo? ¿A cuántos nos encanta apagar las luces de casa, poner una película de terror y dejarnos llevar por el misterio y los sustos? Las películas de miedo tienen un público fiel. Gente a quien le gusta el misterio pero, sobre todo, el miedo. Les encanta sentir esos momentos de tensión que van en aumento hasta quedar en nada o llevarnos un gran sobresalto. Pero, ¿qué se esconde detrás de ese placer por las películas de miedo?

El miedo, como emoción primaria, consiste un proceso adaptativo para evitar posibles peligros. Es por ello, que llama la atención que nos guste vivir esta emoción aunque sea de forma controlada. A lo largo del artículo, se abordarán algunas de las posibles razones por las que este tipo de películas atraen a tanta gente.


Pasar miedo viendo películas de miedo

El título de este apartado sugiere gran parte del contenido, porque precisamente a los que les gusta pasar miedo suele ser viendo películas de miedo. Es decir, cuando se trata de una situación controlada como las películas, esta emoción se puede llegar a disfrutar. Como afirma el investigador Joel Cohen de la Universidad de Florida, las personas pueden llegar a disfrutar de las emociones aunque estas vengan de una fuente negativa, “de lo contrario, las cosas podrían ser bastante aburridas”, asegura Cohen.

Por otro lado, el profesor de psicología Marvin Zuckerman, añade que también se trata de una cuestión de personalidad. Defiende que las películas de miedo son la preferencia de aquellas personas que buscan mayores niveles de excitación y necesitan vivir experiencias intensas. Cabe recordar que cuando sentimos miedo comenzamos a liberar adrenalina. Esto lleva a que se trate de una experiencia placentera que puede arrastrarnos a repetirla.

En el caso de las personas con una personalidad “adicta” a la adrenalina, también se las puede ver llevando a cabo deportes de riesgo. En este caso, el riesgo sí es más real. Pero, ¿qué ocurre en el cuerpo? A nivel fisiológico nos podemos encontrar con el Paradigma de Transferencia de Excitación. El psicólogo Dolf Zillmann lo describe como la acumulación de la activación fisiológica que se produce después de cada evento excitante. Si antes de que la excitación se desactive volvemos a vivir un momento intenso y ya no partimos de cero. ¿Qué ocurre con esta excitación? Debido a ello el “subidón” por la película perdura una vez acabada la película.

Un final feliz tras un cúmulo de desgracias

Un aspecto relevante es el hecho de que durante toda la película de terror sucedan desgracias, una tras otra, hasta llenar a un final feliz. ¿Qué se esconde detrás de este tipo de narración? Durante toda la película se viven situaciones adversas que nos activan fisiológicamente. Al mismo tiempo, observamos la existencia de personajes “buenos” y personajes “malos” con los que nos sentimos más o menos identificados.

Por lo general, como espectadores solemos ponernos en la piel de los personajes buenos. Vivimos sus experiencias, el incremento de su malestar, la tensión que se acumula escena tras escena así como el padecimiento psicológico por el que atraviesan los personajes. La empatía nos capacita para ponernos en su lugar y vivir de alguna forma por lo que ellos pasan. Al mismo tiempo, vamos generando aversión hacia los “malos” de la película. Se genera en nosotros un deseo de la liberación de sufrimiento del bueno y de castigo del malo.

El final feliz de estas películas nos sirve como alivio de toda la tensión que hemos ido acumulando. Aunque fisiológicamente tardemos algo más en calmarnos, a nivel psicológico sentimos bienestar cuando “al bueno” se le acaban los sobresaltos y el “malo” acaba mal.

Sistema nervioso simpático y parasimpático

El final de la película -aunque no sea tan feliz-, provoca la desactivación del sistema simpático por mediación del parasimpático. El sistema nervioso simpático es el encargado de activarnos ante situaciones de tensión. Por ejemplo, cuando vamos por calle y vemos una sombra o una silueta sospechosa, solemos entrar en tensión, se nos abren los ojos, tensamos los músculos para prepararnos para la lucha o la huida y aumentamos la frecuencia cardiaca.

Sin embargo, cuando observamos mejor, nos percatamos que se trata de la sombra de algún árbol. En ese momento, entra en acción el sistema nervioso parasimpático y nuestra activación fisiológica vuelve a la normalidad. Este proceso es el que ocurre cuando acaba una película de terror, pasamos de un estado de activación al de relajación. Es más, cuanto peor lo pasa el personaje principal, mejor nos sentimos al final si todo acaba bien.

Comentario final

El miedo es una emoción considerada negativa, pero a pesar de ello, en entornos controlados somos capaces de disfrutarla. Por lo que lo mejor que pueden hacer aquellos a los que le gusten este tipo de películas es sentarse “tranquilamente” y disfrutar del espectáculo. Por último, recordar que después de ver una película de terror es importante mirar debajo de la cama antes de irnos a dormir…



Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here