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El miedo es una emoción natural que todas las especies experimentamos. Sin embargo, tendemos a concebirla como algo que nos debilita, que nos hace más frágiles y nos imposibilita ante cualquier situación. Esto es así cuando el miedo se apodera de nosotros y nos mantiene paralizados, cuando nos coacciona y subyace en el fondo de todas nuestras preocupaciones y nuestros problemas de ansiedad.

A pesar de esto, en cierta medida, el miedo racional hacia algo real es beneficioso para la conservación de nuestra existencia. En palabras del escritor Lemony Snicket: “hay dos tipos de miedos: racionales e irracionales, o en términos más simples, los miedos que tienen sentido y los que no”. La diferencia entre estas dos caras recae en cómo hemos aprendido a hacer frente a esta emoción: podemos dejar que nos paralice o podemos utilizarlo para nuestro beneficio.



¿Qué hace el miedo a nuestro sistema nervioso?

El miedo es una emoción primitiva que nos ha hecho sobrevivir como especie a lo largo de siglos de evolución. Cuando un estímulo es percibido como peligroso, llega al sistema límbico, concretamente a la amígdala, que dispara señales de alarma al resto del sistema nervioso. De esta forma, se provoca una respuesta automática: se incrementan los niveles de algunas hormonas como la adrenalina y generan cambios fisiológicos como el aumento de la presión sanguínea, dilatación de las pupilas o aceleración de la respiración.

Estos cambios nos preparan para conseguir la respuesta ante los estímulos peligrosos: huir o luchar. Es entonces cuando la corteza prefrontal medial pone en contexto la situación. La compara con recuerdos y aprendizaje previos y adapta nuestra percepción ante la amenaza, que puede que no representara un verdadero peligro.

El miedo irracional o patológico

Sin embargo, más allá de esta reacción universal, existe un miedo que puede acorralarnos e intimidarnos diariamente, es el miedo psicológico que persiste en cada faceta de nuestra vida y que nos paraliza. Un miedo que se ha creado en función de nuestras experiencias vitales y nuestro aprendizaje. Puede instaurarse en nuestra percepción cotidiana de la vida y se convierte en una fuente de ansiedad y estrés. De esta manera, pasa a ser la base de muchos trastornos psicológicos como las fobias o el trastorno obsesivo compulsivo.

¿Cuáles son los beneficios de sentir miedo?

Esta emoción no tiene por qué convertirse en algo que nos debilite, sino que incluso puede convertirse en algo útil si elegimos hacer buen uso de ella. Estos son algunos de los beneficios que podemos obtener del miedo:

Clave para nuestra supervivencia

Nos mantiene a salvo. Cuando existe miedo, es porque algo puede estar amenazándonos. Esta es la función básica de esta emoción: conseguir que nuestra conducta se prepare para hacer frente a al estímulo amenazante y sobrevivir. Gracias a esta reacción básica, las especies han conseguido sobrevivir al peligro y mantenerse durante toda su existencia.

Forma de aprendizaje

Cuando sentimos miedo racional ante una situación, es porque quizás en el pasado hemos vivido o visto a otros vivir una mala experiencia relacionada con ella y no queremos afrontar las consecuencias. Por ejemplo, si sentimos miedo al apostar nuestro dinero, es porque sabemos que podemos perderlo y gracias a esta emoción podemos elegir la conducta más adecuada.

El miedo que nos hace crecer

Las situaciones o acciones que nos hacen avanzar al principio pueden resultar aterradoras para nosotros. Para evaluar en qué medida queremos cambiar algo relacionado con nuestra vida, primero podemos sentir miedo y este miedo puede terminar siendo una guía de a qué debemos enfrentarnos y qué barreras debemos romper. Por ejemplo, si el primer día de trabajo o una nueva relación amorosa nos produce miedo, quizás esto nos está indicando lo importante que resultan para nosotros estas nuevas situaciones y así ponernos en marcha para luchar o no por ellas, todo depende del uso que decidamos hacer de esta sensación.

Valorar más el momento presente

Tal y como explicaba Thich Nhat Hanh: “el miedo nos mantiene enfocados en el pasado o preocupados por el futuro. Si podemos reconocer nuestro miedo, podemos darnos cuenta de que en este momento estamos bien. De que hoy en día, todavía estamos vivos, y nuestros cuerpos funcionan de manera maravillosa”. Si aprendemos a no dejamos controlar por él, nos daremos cuenta de que no es el miedo el que causa el problema, sino la manera en la que hacemos frente a esta emoción, una emoción que nos hace, sencillamente, humanos.

Para qué nos sirve el miedo: los beneficios de sentir miedo
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