Los trastornos alimenticios son una afección mucho más común de lo que podríamos creer. Sin embargo, hay desórdenes con la alimentación y la imagen corporal que son pocos conocidos e incluso pudieran considerarse “normales” en la sociedad. Uno de estos es la megarexia o fatorexia, la cual muchos expertos consideran la antítesis o el antónimo de la anorexia nerviosa.
No obstante, al igual que la anorexia nerviosa, este trastorno alimenticio supone diferentes riesgos para la salud física y mental. Por esa razón, es importante conocer más acerca de sus síntomas y qué podemos hacer para prevenirlo.
Megarexia o fatorexia: La ilusión de un cuerpo saludable o ideal
De acuerdo con un reporte publicado en la Universidad de Harvard, un 9% de la población estadounidense sufrirá algún trastorno alimenticio a lo largo de su vida. Si bien puede parecer una cifra pequeña, la misma equivaldría a unos 28 millones de personas solo en el territorio de Estados Unidos.
Mientras tanto, a nivel mundial, una revisión sistemática de la American Journal of Clinical Nutrition encontró que la prevalencia de TCA aumentó de forma considerable. Entre 2000 y 2018, la cifra se incrementó de un 3.5% a 7.8%. Por lo tanto, se observa una tendencia positiva para los casos de trastornos alimentarios.
En este sentido, cuando se habla de desórdenes de la conducta alimentaria se suele pensar en anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. Pero, existen otros diagnósticos que son menos conocidos, aunque igual de peligrosos para la salud, uno de estos es la megarexia o fatorexia, la cual se caracteriza por una distorsión de la imagen corporal bastante peculiar.
Las personas que viven con esta afección tienen la percepción de que su peso es saludable, aun cuando no es así en la realidad. Estos pacientes pueden tener problemas con su peso como la obesidad mórbida, pero manifiestan dificultad o incapacidad para reconocerlo. Para ellos, su peso es normal y no hay ninguna razón por la cual deberían preocuparse.
Debido a esto, hay quienes se refieren a este TCA como el antónimo de la anorexia nerviosa. Recordemos que aquellos que sufren esta afección, se perciben a sí mismos con un peso mayor al que tienen en realidad, motivo por el cual se someten a conductas de riesgo como la restricción del alimento o el exceso de ejercicio físico con la finalidad de “bajar de peso”.
Se dice que quien acuñó el término por primera vez fue el nutricionista español Jaime Brugos. En un programa, habló de este problema como una afección donde el paciente padece de obesidad más no lo reconoce.
¿Cuáles son los síntomas de la megarexia o fatorexia?
Como cualquier otro desorden de la conducta alimentaria, la megarexia o fatorexia tiene varias manifestaciones. Aprender a reconocerlas es una de las claves para identificar el problema a tiempo y recibir la ayuda necesaria, de este modo, se pueden evitar muchos riesgos futuros para la salud.
1. Percepción distorsionada del propio cuerpo
Uno de los puntos en común que tiene este trastorno con la anorexia nerviosa o la bulimia nerviosa, es la distorsión de la imagen corporal. En este caso, el paciente puede tener un problema de obesidad, pero es incapaz de reconocerlo. Cuando se miran al espejo, estas personas perciben su cuerpo como saludable o dentro de lo normal.
2. Hábitos alimenticios poco saludables
Las personas que padecen este trastorno presentan un tipo de conducta alimentaria es desordenada y nada saludable. Los megaréxicos tienden a llevar dietas ricas en grasas, azúcares y carbohidratos que pueden aumentar mucho más la obesidad.
3. Poca preocupación por la propia salud
Los fatoréxicos también demuestran una falta de interés en cuidar su salud. Esto no solo se expresa en los hábitos alimenticios, sino también en otros comportamientos como el sedentarismo, ya que una persona que tiene la falsa percepción de un cuerpo saludable, no verá la necesidad de dedicar tiempo al ejercicio físico. Asimismo, es posible que no se preocupen por visitar al médico para hacerse chequeos de salud.
¿Qué riesgos conlleva la megarexia o fatorexia?
La megarexia o fatorexia representa un factor de riesgo para la salud física y mental de cualquier persona. En primer lugar, mantener una dieta con alto contenido de carbohidratos, azúcares, grasas y sodio aumenta la probabilidad de desarrollar ciertas enfermedades como la diabetes. También podríamos mencionar la hipertensión, aterosclerosis (arterias obstruidas por colesterol), caries, alteraciones de la función del hígado, etc.
Si a eso le sumamos el hecho de que los pacientes fatorexicos no se preocupan por hacer ejercicio o visitar al médico, el riesgo es mucho mayor. Con base en esto, podemos afirmar que este es un trastorno que debe ser atendido lo antes posible o podría tener consecuencias irreversibles.
Por otra parte, la obesidad suele relacionarse con el aislamiento social debido a la discriminación y la dificultad de reconocer la realidad. Los pacientes con megarexia o fatorexia podrían elegir aislarse con el objetivo de evitar que los señalen por sus cuerpos y el estrés que se asocia a ello.
A su vez, la soledad no deseada se relaciona con otros problemas psicológicos como la depresión y ansiedad, lo cual promueve todavía más los hábitos alimenticios perjudiciales, y es que, ya sabemos que las personas que viven con este tipo de trastornos, suelen descuidar su propia salud.
¿Cómo abordar la megarexia o fatorexia?
Si conoces a alguien que pudiera estar viviendo con esta afección, el primer paso es no juzgar. Existen muchas razones por las cuales una persona podría tener una imagen corporal distorsionada y no siempre se pueden controlar. Recordemos que se trata de un problema similar a la anorexia o bulimia nerviosa.
En segundo lugar, los pacientes megaréxicos deben recibir atención a nivel médico y si hace falta también psicológico para ayudarles a para corregir la distorsión de la imagen corporal. Además, es necesaria la intervención de un nutricionista que le ayude a desarrollar mejores hábitos alimenticios y una dieta balanceada.
La megarexia o fatorexia requiere de tiempo para que sus síntomas mejoren y se vean cambios significativos. Cada persona, dependiendo de sus circunstancias individuales y la gravedad de su caso, podría necesitar más o menos sesiones para superarlo.
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