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La inseguridad es una de las principales causas de muchos de los problemas emocionales con los que lidiamos en el día a día. Esta nos hace especialmente vulnerables a los conflictos y a los imprevistos. Veamos en profundidad cómo nos afecta.

Por qué se produce la inseguridad

En primer lugar, vamos a describir qué es exactamente la inseguridad y vamos a conocer mejor cuáles son los factores que la determinan. Este sentimiento viene determinado sobre todo por factores educacionales.


La inseguridad es una característica de la personalidad que puede hacer mucho daño a quien la siente. Las personas que son inseguras tienen miedo a la hora de tomar decisiones y en muchos casos se sienten incapaces de resolver sus problemas.

Se trata de un complejo emocional a nivel cognitivo que provoca una conducta nociva para uno mismo. Esto hace que se distorsione la opinión que tiene sobre sí mismo y que dude de sus propias capacidades.

Todo ello hace que la persona se sienta especialmente vulnerable a los problemas y que no afronte debidamente las situaciones que les genera incertidumbre. Esto desemboca en problemas como ansiedad.

El miedo a equivocarse es uno de los mayores temores de las personas inseguras. Esto da lugar a una actitud pasiva ante la vida que les puede acarrear más problemas, ya que les impide desarrollarse y avanzar.

Las personas inseguras se ponen límites a sí mismas a la hora de evolucionar y crecer en los distintos ámbitos de su vida. Todo ello conlleva un malestar emocional que puede también generar problemas de tristeza, ansiedad y depresión.

La inseguridad emocional afecta de forma negativa. La primera de las consecuencias es que la persona padece una mayor vulnerabilidad, por lo que es más fácil que los problemas acaben afectándole de manera más pronunciada.

También se generará lo que se conoce como conducta evitativa. Esto se traduce en la evitación de los problemas, llevando incluso a la negación de estos en el momento en el que aparecen. A medida que este problema crece, lo hace también la ansiedad para solucionarlos.

Se trata de una actitud que se retroalimenta, de forma que cada vez se va deteriorando más la percepción que tenemos de nosotros mismos y alimentamos la sensación de fracaso. Esta es una de las peores consecuencias de la inseguridad emocional.

Cómo trabajar la seguridad emocional

Aunque la mayoría de las personas piensa que la inseguridad no se puede cambiar, la realidad es que se trata de una característica que es consecuencia de una serie de factores educacionales. La seguridad, por lo tanto, es algo que se adquiere y que se puede trabajar.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que cada paso adelante en favor de la seguridad emocional es una ganancia para nuestra propia autoestima. Se trata de algo que iremos interiorizando poco a poco.

A medida que vayamos tomando las decisiones correctas, iremos viendo cómo evolucionamos y cómo nuestra propia experiencia irá haciendo que adquiramos confianza en nosotros mismos.

Resolver problemas hará que nos sintamos cada vez más fuertes y que el sentimiento de vulnerabilidad vaya desapareciendo. Es decir, una vez que afrontemos un problema y veamos que somos capaces de solucionarlo, veremos que tenemos capacidades de hacerlo y nos sentiremos más seguros ante situaciones similares.

Para trabajar la seguridad en nosotros mismos existen ejercicios que podemos hacer. Poner sobre el papel nuestros defectos y virtudes es uno de los ejercicios que podemos llevar a cabo para conocernos mejor a nosotros mismos y detectar nuestros puntos débiles.

En este sentido, el autoconocimiento será un aliado para trabajar la seguridad en nosotros mismos. Conocer nuestros defectos y ver en qué situaciones suelen darse, hará que podamos detectarlos cuando aparezcan para afrontarlos de forma más consciente.

Otra cuestión que es muy importante es la aceptación. Debemos saber que todo el mundo tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles, por lo que tenemos que saber cuáles son los nuestros y aceptarlos.

Esto no quiere decir que no los trabajemos, pero sí hay que saber perdonarse y no martirizarse cuando las cosas no salgan como esperamos o queríamos. Si esto sucede, lo sano es analizar qué nos ha llevado a cometer ese error, cerrar página y seguir hacia adelante.

Esto no debe impedirnos volver a tomar decisiones. Y es que lo peor que puede sucedernos es precisamente eso: no tomar decisiones y dejar nuestra vida en manos del azar y de las decisiones de los demás. Por lo tanto, tenemos que responsabilizarnos de nuestra propia vida.

Como habrás podido ver, la inseguridad emocional es un problema que nos puede limitar mucho en nuestra vida diaria. Por lo tanto, si detectas que tienes un problema de este tipo, te recomendamos que trabajes para superarlo, ya que solo así podrás enfrentar las dificultades de la vida con entereza.

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