Autoestima
  • Marta:José, ¿Me quieres?
  • José:Llevamos apenas unos días viéndonos Marta, aún es demasiado pronto para decirte nada. Te tengo que conocer más para poder quererte.
  • Marta, decepcionada por no haber obtenido un sí por respuesta, baja la mirada y con el ceño fruncido piensa… ¿Es necesario conocer para querer?

Efectivamente, este planteamiento es el que nos tenemos que hacer a nosotros mismos cuando pensamos en nuestra autoestima, ¿realmente nos conocemos bien?, ¿O hemos pasado tanto tiempo de nuestras vidas viendo lo que nos gusta de otros, que no hemos sido capaces de pensar que es en nosotros dónde está la clave?, ¿acaso nos hemos planteado alguna vez que quizá nuestra autoestima se vea comprometida en determinadas situaciones porque no nos aceptamos? Nos debemos preguntar: ¿no nos queremos? o ¿no nos conocemos?

Autoestima, ¿de qué depende?

La autoestima depende de en qué medida nos sentimos valorados, queridos y aceptados por otros y en qué medida nos valoramos, queremos y aceptamos a nosotros mismos. Todos tenemos una voz interior que valora, piensa y crítica nuestras ideas, opiniones, emociones, nuestro aspecto físico y nuestras cualidades como ser humano. Una voz que nos indica que hay cosas que estamos haciendo mal, y que nos hace sentirnos orgullosos cuando hacemos las cosas bien.

Esa voz interna es la llave hacia una autoestima sana, la manera en la que nos hablamos y tratamos a nosotros mismos así como la actitud que asumamos ante la vida, nos beneficiará o perjudicará en esta tarea.

Una crítica externa negativa de alguien que nos importa puede mermar nuestra autoestima considerablemente, pero con el tiempo, escuchar una voz interna negativa puede dañarla incluso más que si viniese de afuera.

¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra autoestima?

Igual que José no puede querer a Marta sin conocerla, nosotros tampoco. Por lo tanto, el primer paso para mejorar nuestra autopercepción es trabajar con el autoconocimiento. Éste se da través de lo que los psicólogos llamamos el “yo integral”, que está formado por tres dimensiones.

Dimensión biológica de la autoestima

Se trata de tu cuerpo, de tu esencia física. Las preguntas que nos podemos hacer son: ¿Qué me gusta comer?, ¿Cómo me gusta vestir?, ¿Qué actividad física hago para sentirme mejor y para fortalecer mi cuerpo?, ¿Qué tan atractiva/o me siento?

Dimensión psicológica de la autoestima

Abarca todo lo que piensas, sientes, racionalizas y fantaseas. Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que nosotros NO somos nuestros pensamientos. Estos pueden definir nuestra realidad, sin embargo, podemos elegirlos, porque somos mucho más que ellos. La tarea de todo ser humano es analizar, evaluar y filtrar información con la que queremos vivir. Podemos elegir qué pensamientos están en nuestra mente.

Dimensión social: Se expresa a través de los roles con los que vivimos; Amigo/a, hijo/a, Padre, compañero/a… Aquí la tarea es que seamos lo más auténticos posible mostrándonos realmente como somos, y preguntándonos que necesitamos. No podemos conocernos a nosotros mismos si no sabemos lo que nos gusta, pero sobre todo, qué necesitamos.

Una vez trabajadas esas dimensiones, tendremos mayor autoconocimiento acerca de nosotros mismos, y ya estaremos preparados para modificar nuestros pensamientos, que son los que nos impiden avanzar.

1. Convierte lo negativo en positivo

Debemos acostumbrarnos a observar las características buenas que tenemos. Si estás acostumbrado a centrar la atención en tus defectos, empieza a pensar en aspectos positivos que los contrarrestan.

2. No generalices

En ocasiones, y a partir de las experiencias negativas que tenemos en ciertos ámbitos, tendemos a generalizar a todos los aspectos de nuestra vida. ¡Ese chico/a ha pasado de mí! , ¿Qué he hecho mal?, Nunca conseguiré a nadie, si es que no valgo para nada… Debemos aceptar que podemos haber tenido fallos; pero esto no quiere decir que todos los aspectos de nuestra vida seamos “desastrosos”. Identifica en qué aspectos generalizas y ¡frénalos!

3. No te compares

Todas las personas somos diferentes; todos tenemos cualidades positivas y negativas. Aunque nos veamos “peores” que otros en algunas cuestiones, seguramente seremos “mejores” en otras; por tanto, no tiene sentido que nos comparemos con los demás y que nos califiquemos de un modo u otro cuando son tantas las facetas que forman parte del ser humano. Recuerda que las aptitudes de una persona están en constante desarrollo, y que cada uno sobresale en cosas diferentes.

4. Esfuérzate por mejorar

Una buena forma de mejorar la autoestima es tratar de superarnos en aquellos aspectos de nosotros mismos con los que no estemos satisfechos. Para ello es útil que identifiquemos qué es lo que nos gustaría cambiar de nosotros mismos o qué nos gustaría lograr, luego debemos establecer metas a conseguir y esforzarnos por llevar a cabo esos cambios. ¡Fíjate metas realistas! Piensa en qué te gustaría conseguir, diseña un plan para hacerlo y ve anotando tus progresos.

5. Prueba cosas nuevas

Experimenta con diferentes actividades que te pongan en contacto con tus aptitudes. Vivimos nuestras vidas “posponiendo”, dejando para mañana los sueños y para hoy las preocupaciones, sin embargo no necesitamos mucho esfuerzo para hacer pequeñas cosas que nos conducen al cambio, todo depende de ti. ¡Empieza hoy!

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