50 frases de Boris Cyrulnik

Verificado Redactado por Isbelia Farias. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 29 abril 2021.

Boris Cyrulnik es un psiquiatra, neurólogo, etólogo y psicoanalista francés, nacido en el año 1937.

Cyrulnik es considerado como el padre de la resiliencia, un concepto que, aunque pertenece originalmente al campo de la física, ha ganado terreno dentro de la psicología gracias a los trabajos de Boris.

El concepto de resiliencia, explicado por Boris Cyrulnik, ha permitido que muchos comprendan cómo se puede renacer interiormente, sobre todo luego de haber vivido experiencias traumáticas o dolorosas.

Entre otras cosas, para Boris Cyrulnik, es importante cultivar el espíritu, ya que este es indispensable para sobrevivir.

Por eso es tan importante la meditación, la escritura, la lectura, el poder disfrutar con piezas musicales, además de otras actividades que enriquecen el mundo interior.

Repasando algunas de las frases de Boris Cyrulnik será mucho más sencillo tener una idea sobre su obra y su pensamiento. Entre sus frases más destacadas se encuentran las siguientes:

Frases de Boris Cyrulnik

Nunca se consiguen liquidar los problemas, siempre queda una huella, pero podemos darles otra vida, una vida más soportable y a veces incluso hermosa y con sentido.

Todo hombre herido se ve forzado a la metamorfosis.

La quimera llamada «ficción» es hermana gemela del «relato de uno mismo».

El medio más seguro de torturar a un hombre es desesperarlo diciéndole: «Aquí no hay porqués». Esta frase le hace caer en el mundo de las cosas, les somete a las cosas y le convierte a él mismo en una cosa.

Cuando se es desgraciado, el placer nos da miedo.

Con cabos de lana biológicos, afectivos, psicológicos y sociales, pasamos nuestra vida tejiéndonos a nosotros mismos.

Hablamos, hablamos, y las palabras se suceden, pero sólo cuando la música de la voz nos prepara para el punto final comprendemos al fin dónde nos llevaban.

El amor en todas sus manifestaciones es la cura para sanar las heridas de la infancia.

Basta con ser, para ser superior.

Uno puede renacer un poco, pero se vive de otro modo, porque una angustia mortal nos invade el alma.

«La esencia del humor reside en el hecho de que uno se ahorra los afectos a los que habría debido dar lugar una determinada situación, y en que uno se sitúa por encima de esas manifestaciones emocionales gracias a una broma», decía Freud.

Hay quien permanece en silencio para esconderse, quien baja la cabeza y esquiva las miradas para aislarse de los demás.

Sólo los mitos confeccionan relatos deterministas.

Las palabras son pedazos de afecto que transportan a veces un poco de información.

La transmisión de información por medio de palabras ¡apenas representa el 35 por ciento del mensaje!.

Que la resiliencia no haya sido estudiada, a pesar de que todos los facultativos la hayan constatado, es muy diciente acerca de nuestra cultura, una cultura para la cual los sobrevivientes siguen siendo sospechosos. «Si no murieron con los demás fue porque pactaron con el agresor. Sólo las víctimas son inocentes».

Una relación verdadera provoca una influencia recíproca. Son dos mundos íntimos que interactúan y uno modifica al otro.

La denegación psicológica permite pasar una velada tranquila, pero el uso intencional del olvido permite saborear la dicha de ser racista.

En el mundo real, cada encuentro constituye una bifurcación posible.

Atormentados por nuestros recuerdos, nos dedicamos a pulir nuestra memoria.

Cuando hacemos callar las palabras, los objetos se vuelven lenguaje.

Si aceptamos la idea de que hablamos con el fin de influir en el otro para que se vuelva receptivo a nuestros propios afectos, comprenderemos la necesidad de esos pequeños flechazos.

En toda obra imaginativa hay un relato de uno mismo. En toda autobiografía hay una remodelación imaginaria.

La desgracia nunca es algo puro, tampoco la felicidad. Pero apenas la convertimos en relato, damos un sentido al sufrimiento y comprendemos, mucho tiempo después, cómo pudimos transformar una desgracia en maravilla.

Un golpe de la fortuna es una herida que se inscribe en nuestra historia, no un destino.

Ni olvidar, ni utilizar: el único medio de salir adelante es comprendiendo.

Lo que determina la calidad de su resiliencia es la calidad del vínculo que han podido tejer antes del trauma e inmediatamente después.

Una vida dedicada al placer nos hace caer en la desesperación con tanta seguridad como una vida sin placer.

Hay que aprender a observar para evitar la venenosa belleza de las metáforas.

La vida es una locura, ¿No es cierto? Por eso es apasionante. Imaginen que somos personas equilibradas con una vida apacible, no habría ni suceso, ni crisis, ni trauma que superar, únicamente rutina, nada que recordar; ni siquiera seríamos capaces de descubrir quiénes somos. Si no hay sucesos no hay historia, no hay identidad. No podríamos decir: «Mira lo que me sucedió, sé quién soy porque sé de lo que soy capaz ante la adversidad». Los seres humanos son apasionantes porque su vida es una locura.

La poesía es anticuada para quienes están saciados, pero cuando lo real es insoportable, adquiere el valor de un arma para sobrevivir.

La creatividad vendría a ser hija del sufrimiento. Lo cual no quiere decir que el sufrimiento sea madre de todas las creatividades.

Nuestra risa es un arma. Somos más fuertes que la desesperación.

Cuando el «yo» es frágil, el «nosotros» sirve de prótesis.

Cuantos menos conocimientos se tienen, mayores son las convicciones.

¿Cuál es el secreto de la fuerza que le permitió recoger flores en el estiércol?.

Las historias sin palabras permiten compartir los mundos interiores.

Este conjunto constituido por un temperamento personal, una significación cultural y un sostén social, explica la asombrosa diversidad de los traumas.

La resiliencia es un tejido que anuda la lana del incremento del desarrollo con una lana afectiva y social.

No se trata de elegir entre castigar o perdonar, sino entre comprender para ganar un poco de libertad o someterse para experimentar la felicidad en la esclavitud. Odiar es permanecer prisionero del pasado. Para superarlo, es preferible comprender que perdonar.

Somos marionetas de nuestras historias. El sentimiento de vergüenza u orgullo que abruma nuestros cuerpos o ilumina nuestras almas proviene de la representación que tenemos de nosotros mismos.

No hay ninguna historia inocente. Contar es exponerse al peligro. Callarse es aislarse.

La escritura es una relación íntima. Incluso cuando se tiene miles de lectores, que es en realidad miles de relaciones íntimas, ya que, en la lectura, uno está solo.

Cuando la desgracia de los otros es inimaginable, la comparamos con nuestras pequeñas miserias. Esta reacción que protege al entorno aísla al infortunado.

La resiliencia es un proceso que puede producirse de modo permanente, con la condición de que la persona que se está desarrollando encuentre un objeto que le resulte significativo.

Hay un punto quizá incluso más importante que el hecho de ser amado, que no se enfatiza lo suficiente. El ser humano necesita ser amado. Pero no sólo ser amado, sino amar y dejarse amar.

El impacto de un suceso será menos traumatizante si, antes de la fractura, el niño que ha adquirido un apego seguro dispone de un valioso instrumento para el control emocional: la aptitud para verbalizar.

La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir.

Una desgracia nunca es maravillosa. Es un fango helado, un barro negro, una escara dolorosa que nos obliga a escoger: someterse o sobreponerse. La resiliencia define el resorte de los que, habiendo recibido un golpe, han podido sobrepasarlo. El oxímoron describe el mundo íntimo de esos vencedores heridos.

Hay que ver el problema desde sus dos caras. Del exterior, la frecuencia de la resiliencia prueba que es posible recuperarse. Del interior del sujeto, estar estructurado como un oxímoron revela la división del hombre herido, la cohabitación del Cielo y el Infierno, la felicidad en el filo de la navaja.

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Estas hermosas y significativas frases de Boris Cyrulnik nos traen a la memoria cuán hermosa y llena de sentido es la vida, sin importar las circunstancias que estemos atravesando.

 

 

Licenciada y Máster en filosofía (Universidad del Zulia), maestrante en Orientación en Sexología (CIPPSV) su área está enfocada hacia el bienestar y la sexualidad en la pareja. Posee certificación en coaching (Universidad Autónoma de Barcelona), Fundamentos de la escritura (Tecnológico de Monterrey), Sexualidad, mucho más que sexo (Universidad de los Andes), Psicología Positiva (Universidad Metropolitana de Caracas), diplomada en Logoterapia y Análisis Existencial, Orientación de la Conducta y Psicología Forense.

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