frases de Cioran
Frases de Cioran

Émil Michel Cioran fue un escritor y filósofo de origen rumano, considerado el último gran exponente del pesimismo occidental. Sus frases son ya famosas por la profundidad de sus pensamientos. Disfruta con estas impresionantes frases de Cioran para el corazón.

Frases célebres Michel Cioran

No son los males violentos los que nos marcan, sino los males sordos, los insistentes, los tolerables, aquellos que forman parte de nuestra rutina y nos minan meticulosamente como el tiempo.

El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura.

Para usted que ya no la tiene, la libertad es todo. Para nosotros que sí, es meramente una ilusión.

Podemos imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos.

Estamos todos en el fondo de un infierno donde cada instante es un milagro.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera. Sin la idea del suicidio, si no fuera por la posibilidad del suicidio, ya me habría matado.

Cuantas menos esperanzas tenemos, más orgullosos nos sentimos, hasta el punto orgullo y desesperación se desarrollan a la vez.

No creo haber perdido una sola ocasión de estar triste. Mi vocación de hombre.

Contra la obsesión de la muerte, los subterfugios de la esperanza se revelan tan ineficaces como los argumentos de la razón.

Vago a través de los días como una puta en un mundo sin aceras.

Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.

Cuanto más leo a los pesimistas, más amo la vida.

Existe en la estupidez una gravedad que, mejor orientada, podría multiplicar el número de obras maestras.

El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.

Una obsesión vivida hasta la saciedad se anula en sus propios excesos.

El valor más difícil, que es especialmente necesario para los débiles, es el valor de sufrir.

Los días no adquieren sabor hasta que uno escapa a la obligación de tener un destino.

¿Qué sería de nuestras tragedias si un insecto nos presentara las suyas?.

El límite de cualquier dolor es un dolor aún mayor.

El creador que desea volverse transparente para sí mismo, deja de crear: conocerse es sofocar los propios dones y el propio demonio.

No se pueden evitar los defectos de los hombres sin renunciar al mismo tiempo a sus virtudes.

Nuestro rencor procede del hecho de haber sido inferiores a nuestras posibilidades y no haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás.

Cuando más deprimido estás, más se inmovilizan las cosas, a la espera de convertirse en hielo.

El ansioso construye sus temores, luego se instala en ellos.

El miedo es la muerte en cualquier instante.

No contento con los sufrimientos reales, el ansioso se impone los imaginarios.

En el pesimista coinciden una bondad ineficaz y una maldad no saciada.

Cuando se desee no olvidar a alguien, pensar en esa persona continuamente, apegarse a ella para siempre, es necesario esforzarse en no amarlo sino en odiarlo.

Desconfía de quienes vuelven la espalda al amor, a la ambición, a la sociedad. Se vengarán de haber renunciado a ello.

Si la libertad es, como se ha dicho, sólo una sensación, ¿qué diferencia hay entre el ser y el creerse libre? Se puede ser libre dentro de las propias prisiones.

Deja uno de ser joven cuando no escoge a sus enemigos, cuando se contenta con los que tiene a mano.

Para los obsesos no hay elección: la obsesión ya ha elegido por ellos, antes que ellos.

Todo problema profana un misterio; a su vez, todo problema es profanado por la solución.

Cuando se ha salido del círculo de errores y de ilusiones en el interior del cual se desarrollan los actos, tomar posición es casi imposible. Se necesita un mínimo de estupidez para todo, para afirmar e incluso para negar.

Nunca estoy a gusto en lo inmediato, sólo me seduce lo que me precede, lo que me aleja de aquí, los innúmeros instantes en que yo no fui: lo no nato, en suma.

Nadie puede conservar su soledad si no sabe hacerse odioso.

Podemos estar orgullosos de lo que hemos hecho, pero deberíamos estarlo mucho más de lo que no hemos hecho. Ese orgullo está por inventar.

Todo acto halaga a la hiena que hay en nosotros.

Mi misión es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme en su turno a mí, qué cómodo se encuentra uno entre asesinos.

Regla de oro: dejar una imagen incompleta de sí mismo.

El budismo llama “mácula del espíritu”, a la cólera; el maniqueísmo, “raíz del árbol de muerte”. Lo sé. ¿Y de qué me sirve?

No me pidáis más mi programa: ¿No es uno respirar?

Si no poseo el gusto del misterio es porque todo me parece inexplicable, o mejor dicho, porque lo inexplicable es mi único sustento y estoy harto de él.

Fuera El mendigo es un pobre que, ansioso de aventuras, ha abandonado la pobreza para explorar las junglas de la piedad.

Los dolores imaginarios son, con mucho, los más, reales ya que se les necesita constantemente y se inventan porque no es posible prescindir de ellos. de la música, todo, incluso la soledad y el éxtasis, es mentira. Ella es justamente ambos, pero mejorados.

Lo esencial surge con frecuencia al final de las conversaciones. Las grandes verdades se dicen en los vestíbulos.

El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad.

En algunos, todo, absolutamente todo, tiene que ver con la fisiología: su cuerpo es su pensamiento, su pensamiento es su cuerpo.

Dios: una enfermedad de la que imaginamos estar curados porque nadie se muere de ella hoy en día.

Para usted que ya no la tiene, la libertad es todo. Para nosotros que sí, es meramente una ilusión.

Escriba libros sólo si lo que va a decir en ellos usted nunca se lo confiaría a nadie.

La verdad empieza por un conflicto con la policía, y termina cuando los llamamos para que intervengan.

La imposibilidad de encontrar un solo pueblo, una sola tribu donde el nacimiento provoque duelo y lamentación, prueba hasta qué punto la Humanidad se encuentra en estado de regresión.

Nuestro rencor proviene del hecho de haber quedado por debajo de nuestras posibilidades sin haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás.

Levantarnos como un taumaturgo resuelto a poblar su jornada de milagros, y caer de nuevo en la cama para rumiar hasta la noche penas de amor y de dinero…

En cuanto un animal se trastorna, comienza a parecerse al hombre. Observen a un perro furioso o abúlico: parece como si esperara a su novelista o a su poeta.

Cuando más indiferentes me son las personas, más me turban; y cuanto más las desprecio, menos puedo acercarme a ellas sin tartamudear.

La razón es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza.

No reducirse a una obra; sólo hay que decir algo que pueda susurrarse al oído de un borracho o de un moribundo.

Sólo lo que se esconde es profundo y verdadero. De ahí la fuerza de los sentimientos viles.

¿Quién se revela? ¿Quién se levanta en armas? El esclavo raramente, pero casi siempre el opresor convertido en esclavo. Mi facultad de decepción sobrepasa el entendimiento. Ella es quien me hace comprender a Buda, pero también es ella quien me impide seguirlo.

Ser objetivo es tratar al prójimo como se trata a un objeto, a un muerto, es comportarse con él como un sepulturero.

Mientras más se alejan los hombres de Dios, más avanzan en el conocimiento de las religiones.

El futuro sólo se vuelve temible en cuanto uno no está seguro de poder matarse en el momento deseado.

“Desde que estoy en el mundo”, ese desde me parece cargado de un significado tan espantoso, que se torna insoportable.

No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas lo cual vale más que tratar de llenarlas.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin esa idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.

Cuando desde mi buhardilla contemplo la ciudad, me parece que en ella tan honrado es ser sacristán como proxeneta.

Se deja de ser joven cuando ya no se escogen los enemigos, cuando uno se contenta con los que ya tiene a mano.

¿Por qué retirarnos, por qué abandonar la partida cuando nos quedan aún tantos seres a quienes decepcionar?

Sueñas con incendiar el universo y ni siquiera has logrado comunicar tu fuego a las palabras, ni siquiera has conseguido encender una sola…

Sólo se descubre un sabor a los días cuando se escapa a la obligación de poseer un destino.

Lo que sé a los sesenta años, ya lo sabía a los veinte. Cuarenta años de un largo, superfluo trabajo de comprobación.

La obsesión del nacimiento, al transportarnos más acá de nuestro pasado, nos hace perder el gusto por el futuro, por el presente y hasta por el pasado.

Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido.

Frases célebres de psicología

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here