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“Todos los hombres se equivocan, pero un buen hombre cede cuando sabe que su rumbo es erróneo y repara el mal. El único crimen es el orgullo”. Sófocles.

Seguro que alguna vez has visto o vivido situaciones en las que, aunque alguien hubiera deseado arreglar un conflicto, el orgullo se ha interpuesto ante este deseo. Si en algún momento hemos sido orgullosos, a veces podemos habernos arrepentido con el tiempo de habernos aferrado a esta emoción, que puede incluso haberse convertido en una barrera para nuestro bienestar emocional. En este artículo hablaremos sobre los conflictos que puede generar vivir excesivamente aferrados al orgullo.

¿Qué es el orgullo?

El concepto de orgullo hace referencia a una emoción muy determinada por factores y valores sociales aprendidos. Además, tiene una doble vertiente: por un lado, el orgullo puede ser considerado una emoción positiva, un signo de buena autoestima y de satisfacción, así como una forma de reivindicar un hecho o circunstancia como algo positivo y admirable.

Por otro lado, existe el orgullo considerado como negativo, un concepto bastante opuesto al primero que se da cuando esta emoción nos ciega, acercándonos mucho a la arrogancia. Una forma de demostrar un cierto estatus que puede interponerse en nuestras relaciones y crear una gran inestabilidad emocional. Esto hace que podamos llegar incluso a despreciar a los demás, aunque la base de nuestro comportamiento pueda ser, simplemente, una forma de protegernos ante las decepciones que acaba encerrándonos en un comportamiento limitante.

¿Qué conflictos puede generar el orgullo?

El orgullo excesivo, puede llegar a transformarse en una forma de arrogancia y vanidad. Este puede llegar a bloquear nuestras ideas impidiendo procesar nueva información y empatizar con los demás, tal y como lo haría un muro que nos encierra en un espacio muy pequeño.

Vivir con ideas cerradas puede ser un verdadero impedimento para crecer a nivel psicológico, social y emocional, puede interponerse en nuestras relaciones y hacer que perdamos a personas que nos importan, por el simple hecho de vivir de acuerdo con estas ideas distorsionadas basadas en una necesidad de superioridad ya sea moral, social o de cualquier tipo.

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Además, nos hace ciegos ante nuestras propias responsabilidades en las situaciones que vivimos, ya que nos impide ver los errores que cometemos, que quedan escondidos bajo el peso de esta emoción que puede estar inundada de soberbia.

Las personas muy orgullosas no suelen tolerar bien las criticas ni las opiniones que difieren de la suya propia. Esto hace muy complicada la convivencia en contextos familiares, sociales y laborales, ya que puede generar problemas de comprensión y comunicación constantes.

Convivir con personas orgullosas

Las personas que conviven con aquellos que son muy orgullosos, a menudo sienten que deben cargarse de paciencia y autocontrol para no molestar en ninguna medida a su ser querido y esto puede llegar a ser extenuante.

Cuando alguien presenta este orgullo exagerado puede llegar a ser intolerante ante los fallos de los demás y esto puede ser muy perjudicial para las relaciones. Para aquellos que conviven con estas personas, esto termina siendo muy frustrante y pueden tender a evitarlos alejándose de la persona orgullosa.

¿Cómo deshacernos del orgullo?

Decía Leon Tolstoi, “A ojos del infinito, todo orgullo no es más que polvo y ceniza”.  El orgullo, a corto plazo, hace que escondamos nuestra vulnerabilidad, pero, a largo plazo, nos convierte en personas más vulnerables aún.

Para eliminar las conductas motivadas por el orgullo, es importante llegar al autoconocimiento, así como buscar la seguridad en nosotros mismos. Es necesario ser honestos y enfrentarnos a nuestros propios fallos y a los de los demás, para poder cambiar actitudes que no nos benefician y que pueden llegar a hacer que nos arrepintamos de nuestras decisiones.

Poner en práctica nuevas acciones como aprender a perdonar y a pedir perdón o hacer ejercicios de empatía por los demás, puede ser muy beneficioso para abrir nuevos horizontes. Además, tratar de reflexionar poniéndonos en la piel de otros, hace que lleguemos a comprender que ni nosotros, ni los que nos rodean, somos seres perfectos.  Esto nos ayuda a dejar de lado las actitudes de orgullo que acarrean sentimientos de frustración y arrogancia. Llegar a este estado de seguridad y tranquilidad emocional, nos aleja de vivir desconectados de la realidad y presos de la soberbia.

El orgullo y los problemas que genera
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