Podríamos definir el coping como aquellas disposiciones personales que median entre los agentes estresantes y las respuestas del organismo. Hacen referencia a los esfuerzos cognitivos y conductuales que hace el individuo para hacer frente al estrés.

Tanto para manejar directamente las demandas internas o externas generadoras del estrés (enfrentamiento basado en el problema), como las respuestas emocionales y afectivas de malestar que genera éste (enfrentamiento basado en la emoción).

Los mecanismos de defensa clásicos psicodinámicos (negación, sublimación, represión, proyección, etc.), también pueden ser considerados mecanismos de enfrentamiento para manejar el estrés o la ansiedad causada por este.

Dimensiones del coping

A un nivel muy básico se puede distinguir dos dimensiones en el enfrentamiento:

  • Focalizado en el problema
  • Focalizado en la emoción

Y también:

  • Enfrentamiento activo: hacer esfuerzos para controlar y resolver el problema. Suele dar lugar a incrementos en la secreción de catecolaminas y en la reactividad cardiovascular
  • Enfrentamiento pasivo: no hacer nada por superar el problema, que da lugar a incrementos en la presión sanguínea diastólica y en la secreción cortisol. Además, está asociado a inmunosupresión

Si los mecanismos de coping son exitosos pueden reducir significativamente las respuestas de estrés. Igualmente, han sido señalados como importantes reductores del riesgo de desórdenes psíquicos y físicos. Un estilo de afrontamiento efectivo podría jugar un papel importante en la promoción de la salud y en la prevención de la enfermedad.

Algunos ejemplos de coping en casos concretos

La adaptación a la enfermedad crónica (p. ej., la artritis reumatoidea) y la rehabilitación y recuperación de los pacientes tras intervenciones o enfermedades graves, puede depender más de los mecanismos de enfrentamiento del sujeto a su enfermedad que de variables médicas.

  • Es conocido que la aceptación estoica y la pasividad empeoran la evolución del cáncer, mientras que el espíritu de lucha alarga la supervivencia.
  • En los trastornos cardiovasculares, la ira y agresión hostil agravan el problema
  • Hay características de personalidad que en sí mismas se pueden considerar como estilos de afrontamiento (p. ej., la personalidad Tipo A, con su necesidad de control, motivación de logro, etc.)

No hay estilos de afrontamiento que se puedan considerar a priori buenos o malos, depende de la situación (sobre todo de la controlabilidad de la situación). Solo se pueden hacer algunas afirmaciones generales:

  • La solución de problemas y la reevaluación positiva son mecanismos adaptativos
  • La confrontación y la evitación, evidentemente, son negativas

¿Cómo afrontan el estrés los distintos tipos de personas?

Algunos autores han establecido tipologías de afrontamiento o coping, mientras que otros autores hablan más bien de continuos o dimensiones. Como ejemplo del primer acercamiento, tenemos a Meichenbaum.

Meichenbaum distingue tres tipos de enfrentamiento

Los autorreferentes

Uno sería el de los sujetos que ante una situación de estrés, más que centrarse en las demandas de la situación, se centran en sí mismos. Están preocupados por cómo les afecta la situación o cómo se sienten.

Se preocupan por la propia realización, se comparan con otros, presentan una rumiación excesiva de pensamientos negativos y autocríticos. Son los denominados sujetos autorreferentes.

Estas personas, al no prestar atención suficiente a las características del problema, no tendrán claves adecuadas para orientar su conducta. Por ello, lo más probable es que sus respuestas sean incorrectas y que las consecuencias del medio sean negativas, lo que aumentará el malestar.

Los autoeficaces

Una segunda tipología de personas serían los llamados autoeficaces. Estos se centran en analizar las exigencias de la situación para poder dar una respuesta adecuada, por lo que tendrán más posibilidades de éxito.

Han aprendido a desarrollar habilidades de manera competente, no se centran en sí mismo, sino en la situación problemática buscando información adecuada para iniciar respuestas de éxito. Podemos distinguir tres características en el tipo autoeficaz:

  • Autoconfianza natural: creencia sin reservas en que el destino está en sus manos (estilo atribucional interno para los éxitos)
  • Enfocan la atención en el mundo exterior: la atención no está absorbida por sus deseos e intereses, no la ocupan sobre sí mismos. Si la atención se enfoca lejos de la personalidad, las frustraciones de los propios deseos tienen menos oportunidades para desorganizar la conciencia. Esto produce más adaptabilidad al entorno, más movilidad
  • Descubrimiento de nuevas soluciones: En primer lugar, tratan de resolver los obstáculos que les impiden lograr sus objetivos, sin esto no es posible, encuentran metas alternativas (flexibilidad en la elección de objetivos)

Los negadores (no confundir con negativos)

Un tercer tipo es el de aquellas personas que niegan la existencia de problemas ignorando la situación. En especial, en aquellas situaciones en las que no pueden hacer nada.

Sus conductas no serán adecuadas para solucionar el problema, pero no se angustian ni se activan emocionalmente. Pareciera que les diera igual el problema, o negaran la situación. Este subtipo no es que ponga en marcha estrategias limitadas o defectuosas; es que no enfrentan la situación.

El coping entendido como continuo o dimensión

Para explicar la reacción de estas personas ante las situaciones estresantes las pondremos, en vez de en una categoría, en una dimensión con dos polos:

Los represores-sensibilizadores

  • El represor tiende a la negación y la evitación, interiorizan el problema, no lo exteriorizan (se lo guardan). Niegan o minimizan la ansiedad subjetiva. Sin embargo, presentan mayores respuestas fisiológicas, especialmente mayores niveles de cortisol.
  • El sensibilizador es más vigilante y expansivo, con tendencia a exteriorizar los problemas. Maximizan o exageran la expresión de su ansiedad (son más dramáticos). Presentan menos respuestas fisiológicas y niveles de cortisol.

Los incrementadores-atenuadores

  • El incrementador tiene preferencia por la información. Valora como amenazantes situaciones ambiguas y atiende a situaciones negativas. Incrementa la ansiedad subjetiva y la frustración. Es mejor cuando la amenaza es controlable.
  • El atenuador tiene preferencia por la distracción, evita y transforma cognitivamente la información de la amenaza para disminuir su impacto psicológico. Por tanto, reduce la ansiedad y la frustración. Esta tendencia a la evasión interfiere con la ejecución de conductas instrumentales. Es más apropiado cuando las amenazas no tienen control, cuando no podemos hacer nada.

Conclusiones

En conclusión, existen muchas formas por las que las personas enfrentan por sí mismas el estrés. No obstante, si el estrés te desborda es porque probablemente tu coping esté fallando.

Por suerte, hoy en día existen una multitud de psicoterapias breves que pueden ayudarte a mejorar tu afrontamiento al estrés. Y tal vez puedas convertir lo que hoy es una limitación en un recurso.

Referencias

Rocha, A., Amarís, M., & Lopez-Lopez, W. (2017). The forgiveness as coping. A view from the Coping Complexity Model.

Meichenbaum, D., Fibla, J., & Toro, J. (1987). Manual de inoculación de estrés. España: Martínez Roca.

Meichenbaum, D. (1988). Terapias cognitivas-conductuales. Psicoterapias Comtemporáneas. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Ramos, V., & Jordão, F. (2015). La relación entre el estrés laboral, las fuentes que le dan origen y las estrategias de coping en el sector público y el privado. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones31(1), 11-20.

Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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