La agorafobia es un trastorno de ansiedad en el cual una persona evita ir una serie de actividades y lugares públicos, los cuales pueden ser desde grandes espacios demasiado abiertos como parques, zonas naturales, etc., a los muy concurridos como centros comerciales, transportes públicos o grandes espacios deportivos, incluyendo algunos a los que solía disfrutar antes de que empezara el problema.

La base de este desorden es que el afectado siente que en cualquier momento puede padecer un ataque de pánico, y en ese caso su vía escape inmediata del lugar podría ser muy difícil o complicada.

Aproximadamente una de cada tres personas con trastorno de pánico desarrollan agorafobia. Su mundo puede llegar a reducirse de forma drástica, ya que están constantemente en guardia esperando el próximo ataque de pánico. La mayoría de ellas, si se atreven a salir de su casa, crean una ruta fija y delimitan zonas por donde ir en las que se sienten seguras o se ven capaces de moverse, y les puede llegar a ser verdaderamente imposible ir más allá de éstas sin sufrir síntomas severos de ansiedad.

¿Qué trata de evitar el agorafóbico?

Como ya hemos dicho, esta evasión se convierte generalmente en respuesta a los ataques de pánico. Debido a que un ataque de pánico puede ser una experiencia inmensamente desagradable y produce gran temor pasar por él nuevamente, las personas hacen todo lo posible para evitar más ataques. Por desgracia, son precisamente estos esfuerzos que se realizan para protegerse del pánico, los que crean el problema de la agorafobia.

Algunos ejemplos típicos de agorafobia serían evitar ciertas actividades o situaciones cotidianas tales como conducir por carretera, ir a grandes supermercados, a cines, teatros, etc. Incluso los casos más leves pueden ser una gran carga para quién lo padece, porque las personas con agorafobia pasan mucha vergüenza, frustración y preocupación anticipatoria, además de la pérdida de la capacidad de participar en actividades en las que antes disfrutaba.

Significado original de “agorafobia”

El significado original de la palabra viene del griego  ágora que significa plaza o mercado y fobia miedo. Por tanto agorafobia significaba ” miedo a estar en la plaza o mercado”. Hoy en día entendemos que el problema es mucho más amplio y que el temor es hacia un lugar donde la persona afectada piensa que podría sufrir un ataque de pánico. Pero el hecho de que los antiguos griegos tenían una palabra para este trastorno, nos dice que este problema ha existido durante un tiempo.

El autoengaño de las zonas seguras

En realidad la agorafobia se mantiene cuando una persona con trastorno de angustia se autoengaña creyendo que él (o ella) tiene una “zona segura” en la que esta “protegida” de los estragos de un ataque de pánico, y más allá de estas zonas les espera un gran peligro. Estas creencias le llevan a limitar drásticamente sus actividades, y empieza a llevar a cabo otras conductas de “protección” para de alguna forma ser capaz de prevenir más ataques.

A veces, la “zona segura” es puramente geográfica, e implica estar siempre a poca distancia desde su casa, sufriendo mucho cuando cree que se encuentra “demasiado lejos de casa”. Pero por lo general hay otros factores. Un factor importante es que las personas con agorafobia evitarán cualquier situación que les parezca ser una “trampa”, lo que significa estar en un lugar del que no puedan salir de una forma rápida, silenciosa e invisible si sufrieran un ataque de pánico. Desde esta perspectiva, una gran cantidad de situaciones que de otro modo serían inofensivas, pueden parecerles a una verdadera trampa: las colas para comprar entradas, los atascos de tráfico, las tiendas abarrotadas, las autovías, el metro subterráneo, las reuniones en la oficina, ir a la peluquería, las entrevistas de trabajo, y así sucesivamente.

La gente suele pensar padecer agorafobia significa “no querer salir de casa”, pero eso sólo ocurre en los casos más graves. Es más común encontrar a afectados que tienen una variedad de elementos y situaciones que evitan sistemáticamente, pero aún así logran mantener su trabajo, estudios u otras responsabilidades, aunque con mucha dificultad. Sin embargo, las personas con agorafobia pueden dejar de salir de sus casas si continúan reduciéndose su “zona de seguridad” hasta el punto de no querer ir más allá de su porche o incluso en casos extremos, salir de la habitación.

La evitación mantiene y agrava el problema

El esfuerzo que realizan para limitar sus salidas y actividades con la esperanza de evitar los ataques de pánico, rara vez o nunca se traduce en un buen resultado. Es posible evitar los ataques de pánico durante una gran parte del tiempo, pero la ansiedad nunca desaparece, porque siempre estarán preocupados por la “próxima vez”. Cuanto más evitan, más ansiosos se sienten, y lo siguiente se traduce en una vida que se ha vuelto tremendamente limitada, llena de preocupación y vergüenza. Este es el corazón del problema.

El camino hacia la agorafobia está pavimentado con las conductas de seguridad

El pánico es la fuerza impulsora detrás de este problema. Y pánico es la base de todo. Las personas que han sufrido algún ataque de pánico, lo que hacen es todo lo que está en su mano para protegerse de él.

Pero un ataque de pánico por muy desagradable, vergonzoso e intimidante que parezca, no es verdaderamente peligroso para la salud.

Cuando el individuo se deja “engañar” por la posible gravedad de un ataque de pánico, pasa a realizar múltiples acciones para protegerse de una cosa que en el fondo no es peligrosa en sí misma, y el resultado es que todas estas acciones generan que este temor irracional, cada vez se haga más y más intenso a lo largo del tiempo.

Los comportamientos de seguridad: ¿solucionan o agravan el problema?

Las conductas de seguridad son algunas de las formas con que las personas tratan de protegerse a sí mismas. Cuando digo “las conductas de seguridad”, me refiero a las cosas que estas personas tratan de hacer de forma instintiva mediante un esfuerzo para “protegerse” a sí mismos de un ataque de pánico.

Algunos de los comportamientos de seguridad más obvios incluyen evitar lugares y situaciones ansiógenas, de las que huyen en cuanto tienen oportunidad. Pero otros comportamientos se disfrazan en forma de herramientas de afrontamiento. Estos incluyen respuestas tales como la dependencia de las personas de apoyo y objetos de soporte (teléfonos celulares, botellas de agua, etc.) y el uso de la distracción.

Las conductas de seguridad fomentan la ilusión de que lo protegen de un peligro, pero que en realidad mantienen su miedo a lo largo del tiempo. Son como “lobos con piel cordero.” Parecen ser una ayuda, pero en realidad son parte del problema, del encubrimiento.

La superación de la agorafobia: el tratamiento psicológico

Este problema persistirá siempre y cuando la persona siga teniendo miedo a los ataques de pánico, y se engañe para tratarlos como si fueran realmente un peligro, confiando en que las conductas de seguridad podrán evitar que aparezcan dichos ataques. Pero el camino de la recuperación comienza en aprender a manejar los ataques de pánico.

La agorafobia es en realidad un problema muy tratable. Sin embargo, muchas personas les resulta muy difícil de superar. Esto es generalmente porque piensan que la salida se basa en encontrar una manera de deshacerse de sus miedos, y luego volver a llevar a cabo las situaciones que trataban de evitar.

Una persona que tiene miedo de tener un ataque de pánico en un avión o en una parada de metro, acudirá al psicólogo en busca de ayuda, con la esperanza de que por fin le muestre la manera de cómo no tener miedo, para así después poder subir a un avión o hacer un trayecto en metro o tren con total comodidad. Pero en realidad esto sucede a la inversa; lo primero que deberá retomar el paciente es estar en la situación fóbica real, para aprender a manejar desde allí sus miedos. Es en dicho escenario donde debe aprender a recuperar la confianza en su capacidad para hacer frente a sus temores, y es allí donde va a perder su miedo.

El tratamiento de la agorafobia basado en métodos cognitivo-conductuales puede ayudar a superar la agorafobia en dos pasos clave. En primer lugar, se aprende cómo responder a los ataques de pánico, de manera que éstos se reduzcan logrando controlarlos, más que agravarndo la situación. En segundo lugar, a medida que el paciente se siente más fuerte con sus nuevas habilidades, se practica en numerosas circunstancias que ha estado evitando, hasta que logre recuperar todo el territorio que previamente había renunciado por miedo a entrar en pánico. Este tipo de tratamiento se suele llamar tratamiento por exposición, y es considerado el tratamiento más efectivo disponible para el pánico y agorafobia.

Audio cedido por El Prado psicólogos: http://www.elpradopsicologos.es/ansiedad/agorafobia/

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