El triángulo de Kanizsa es una ilusión óptica en la que el espectador observa un triángulo equilátero que no está presente. Esta es una ilusión óptica presentada por psicólogo italiano Gaetano Kanizsa en el año 1955. La ilusión es de gran sencillez, pero, como siempre ocurre con las ilusiones ópticas, nada es lo que parece, y las puertas que abre el triángulo de Kanizsa son mucho más asombrosas.
El triángulo de Kanizsa
El triángulo de Kanizsa es la ilusión visual preferida de muchos, pues, se suele ver un triángulo que no existe, y no solo no existe, sino que, además de estar viendo algo inexistente, eso, “sin cabida en la realidad”, presenta un color blanco más intenso que la tonalidad del espacio que le circunda.
Pese a la sencillez del triángulo de Kanizsa, el asombro que produce es bastante fuerte, debido a que los espectadores se estremecen al constatar que, efectivamente, no siempre podemos confiar planamente en los sentidos.
Quizá una de las tantas contribuciones de las ilusiones ópticas al campo científico, ha sido la de demostrar o dar por concluida la discusión entre racionalismo y empirismo, pues, nuestros sentidos no siempre son fiables y nuestra mente también puede hacer interpretaciones erróneas.
En este aspecto, la percepción juega un papel crucial, así como también es importante conocer la fisiología del ojo, dado que, en su estructura hay elementos encargados de transmitir información hacia nuestra mente, en donde luego haremos elucubraciones para tratar de comprender la realidad.
El hecho de ver el triángulo de Kanizsa obedece, en este caso, a los efectos producidos por el llamado contorno subjetivo ilusorio, en el que vemos que la figura geométrica inexistente presente un tono más brillante que el área próxima, pero, en realidad el fondo tiene el mismo brillo.
Se ha considerado que las regiones responsables de percibir este fenómeno son las V1 V2, las cuales participarían creando dichos contornos.
El triángulo de Kanizsa a la luz de la ciencia
Las ilusiones visuales, lejos de ser un simple entretenimiento, se han convertido en una fuente muy útil de estímulos que permiten estudiar las bases neuronales de la percepción. Dichas bases neuronales son las encargadas de hacer una interpretación del mundo, tomando para ello los mecanismos innatos que posee el sistema visual.
Un claro ejemplo de ello es que en el mundo natural los objetos se visualizan de forma parcial y no completa, pero, el recurso de los contornos ilusorios arroja luces a la ciencia para comprender cómo el sistema visual puede construir superficies, especialmente cuando los bordes de estas no se ven.
De acuerdo con un estudio de Jacques Ninio, en el que analiza las ilusiones de contraste, el autor destaca que el cerebro tiene la capacidad de instaurar fronteras y que la yuxtaposición en los tonos es la que permite que se perciban tales fronteras. Así, todos podemos ver objetos con bordes nítidos, cuando muchas veces no están presentes. Sin embargo, entre las funciones fundamentales de la percepción visual, se encuentra el poder apreciar el contorno de un objeto, y a partir de allí deducir cuál es su forma.
Anteriormente, el filósofo y físico Ernst Mach había propuesto que el mecanismo responsable de esto era la inhibición lateral, un fenómeno que tiene lugar en la retina del ojo, luego de que una célula inhibe o impide la actividad de la célula más próxima. En cualquier caso, los contornos subjetivos, es decir, captados por el hombre, pero que no existen, surgen cuando hay áreas de contraste marcado en los objetos y su función es la de hacer ver que hay coincidencias a nivel geométrico.
El autor mencionado, Ninio, también explica lo que ocurre en los ambientes naturales y menciona el ejemplo de los animales. Para ejemplificar aún más, se puede mencionar el caso de un animal parcialmente oculto a causa de la vegetación. Ante este escenario, solamente estaríamos viendo fragmentos de dicho animal, pero, de modo inconsciente, nuestro sistema visual y el cerebro van haciendo ensambles de las partes observadas para tratar de formular una hipótesis sobre el mismo.
Para el psicólogo Kanizsa, quien también elaboró otros trabajos de ilusiones ópticas con el fin de probar sus teorías, lo descrito sobre el animal, tendría dos explicaciones posibles. Por un lado, la reconstrucción mental de formas geométricas ocurriría por la compleción modal, o por la compleción amodal. En el caso de la compleción modal, la superficie se percibe como si realmente estuviese presente físicamente. Pero, en la situación de la compleción amodal, la superficie no existe, sino que solo se está imaginando.
¿Qué podemos deducir?
De todo lo anteriormente descrito podemos deducir que nuestro sistema visual hace interpretaciones de la información que está recibiendo y nuestro cerebro trabaja de forma activa para hacer una hipótesis de qué es lo que tiene de frente.
Sin embargo, más allá de teorizar al respecto, también podemos simplemente disfrutar de este “error” o fenómeno en la estructura visual, pues, existen numerosas obras de arte que son maravillosas y juegan con los tonos.
Uno de estos ejemplos es el de La Madeleine à la veilleuse, o La Magdalena a media luz, creada por el pintor francés Georges de la Tour, en el siglo XVII. En dicha obra podemos apreciar un ambiente en el que predominan diferentes luminancias y hace que los espectadores percibamos claridades intensas u oscuridades bastante profundas.

¿Verdad que es asombroso todo lo que nuestro cerebro puede hacer? Las ilusiones visuales, como la del triángulo de Kanizsa es solo un ejemplo de ello.
- i Massó, A. G. (2009). El cerebro como máquina para aprender, recordar y olvidar. Arbor, 185(736), 451-469.
- Ninio, J. (1998). La science des illusions. Odile Jacob.
- Ninio, J. (2012). Ilusiones de contraste. Mente y Cerebro. Cuadernos.
- Morgado, I. (2015). La fábrica de las ilusiones. Barcelona: Editorial Planeta.
- Vélez, J. D., & Vélez, A. (2015). Ojo y visión: un posible origen del entrecruzamiento en el quiasma óptico. Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 39, 38-47.
