Psicología de la percepción

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Psicología de la percepción

No existe una definición psicológica cerrada sobre la percepción. De hecho, existen diversas definiciones que han ido evolucionando a lo largo del tiempo hacia la implicación de experiencias y procesos internos del individuo.

Mientras que el planteamiento ecologista de Gibson defiende que la percepción es un proceso simple (la información está en el estímulo, sin necesidad de analizar procesamientos mentales posteriores); según la psicología clásica de Neisser, la percepción es un proceso complejo activo-constructivo en el que el individuo receptor, antes de procesar la información, construye un esquema anticipatorio, que le permite contrastar el estímulo y aceptarlo o rechazarlo.

Por su parte, la psicología moderna considera que la interacción con el entorno no sería posible en ausencia de un flujo informativo constante, que estimula la percepción. En cualquier caso, si queremos trabajar bajo una definición abierta y en constante evolución, como la propia percepción, ésta podría definirse como un conjunto de procesos y actividades relacionados con la estimulación de los sentidos, mediante los cuales obtenemos información.

Test Rorschach

Características a tener en cuenta

Multitud de estudios han concluido que varios factores de carácter subjetivo condicionan nuestra percepción y que, en muchos casos, ésta no es fiable objetivamente hablando. Buena muestra de ello es que las reacciones hacia un mismo estimulo varían considerablemente de un individuo a otro. En algunos test psicológicos, la misma figura abstracta evoca un queso para algunos, un comecocos para otros, una tarta o incluso un gráfico de sectores dependiendo quien mire la figura en cuestión. Un buen ejemplo de este tipo de pruebas es el famoso test de Hermann Rorschach. De hecho, en el caso de Rorschach, la percepción del individuo al que se le realiza el test puede ser un indicativo de su estado psicológico.

Otra de las características a tener en cuenta es la condición selectiva de la percepción o, simplificando, la percepción selectiva. A grandes rasgos, es una consecuencia de la naturaleza subjetiva de la persona que no puede percibir todos los estímulos que le llegan al mismo tiempo y reduce su campo perceptual en función a aquello que desea percibir. En la actualidad, debido a diversos factores, muchas personas experimentan una percepción selectiva que produce distorsiones cognitivas que, normalmente, ocurren cuando nuestros deseos, nuestras ganas de que algo suceda de determinada manera, afectan a la forma en la que opera nuestra percepción.

También debe tenerse en cuenta la temporalidad de los estímulos y del proceso de percepción, pues nos obligan a elegir. Sin embargo, dependiendo del individuo, las exigencias a la hora de elegir estímulos varían considerablemente. De hecho, esta temporalidad evoluciona a medida que se enriquecen las experiencias del individuo, o cuando se modifican las necesidades y motivaciones de la observación. Cuando analizamos la respuesta de una persona experimentada, de edad adulta, por ejemplo, podemos reconocer diferentes procesos de percepción, caracterizados por una forma de gestionar los estímulos mucho más mesurada. Además, la inmediatez y brevedad de algunos estímulos no exigen tanta atención a alguien acostumbrado a gestionarlos.

Fuente: Flickr

Ejemplos

Buena muestra de esta percepción engañosa es el análisis que se ha hecho de la percepción en el caso de algunos juegos estratégicos, como el póker. Según Matthias Brandner cuando jugamos al póker observamos dos categorías de percepción: nos percibimos a nosotros mismos y a los demás jugadores, y percibimos el juego. Esto puede dar lugar a dos problemas: cuando percibimos a nuestros oponentes y a nosotros mismos de una forma incorrecta o cuando hacemos lo propio con el juego o el resultado del mismo.

El ser humano tiende a sobreestimar o subestimar sus habilidades y las de sus oponentes, de la misma forma que percibe cualidades en el juego al margen de una realidad objetiva (por ejemplo: “siempre pierdo con pareja de ases”). Es aquí cuando entra en juego la percepción selectiva de la que hemos hablado previamente.

No cabe la menor duda de la sugestión que el ser humano ejerce sobre su percepción y, de esta sugestión, surgen todo tipo de consecuencias. Entre ellas destacan la superstición o la mala suerte, por ejemplo, que no son más que modificaciones subjetivas sobre cómo interpretamos la realidad.

Curiosamente, uno de los errores más comunes de nuestra percepción es que, en muchos casos, somos incapaces de criticar nuestros propios errores y reconocer nuestros fallos. La percepción selectiva hace de las suyas y no nos permite juzgarnos con objetividad a nosotros mismos.

La percepción: cuando los sentidos engañan
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