Se conoce que la forma en que las personas procesan la información que reciben de los estímulos del medio que les rodea varía de manera sustancial entre unas y otras. No todos los seres humanos tenemos la misma rapidez, ni la misma profundidad a la hora de interactuar con nuestro entorno.

Algunas personas parecen no reaccionar emocionalmente ante los eventos que les suceden, sean estos positivos o negativos (aunque, en realidad, más que “no reaccionar”, se podría matizar que parecen no expresar ninguna emoción, dado que es prácticamente imposible evitar una reacción emocional), mientras que otras pueden experimentar una intensidad emocional considerada fuera de lo común.


Características de las personas con Alta Sensibilidad

Las Personas con Alta Sensibilidad (antiguamente, “hipersensibilidad”) son aquellos que poseen un sistema neuro-sensorial con una capacidad superior al de la mayoría de la población, algo que se traduce en una capacidad más desarrollada para detectar aspectos de su entorno que podrían pasar desapercibidos para los demás, así como un nivel de empatía también por encima de la media debido a esta capacidad para detectar detalles en las demás personas y responder a sus demandas y necesidades (Aron & Cutanda, 2006). Esto implica que pueden establecer relaciones personales que permitan un desarrollo individual saludable y constructivo.

Por otra parte, en las personas con Alta Sensibilidad se encuentra una asociación con mayor estrés percibido y síntomas más frecuentes de mala salud que en la población general (Benham, 2006), probablemente por una mayor sensibilidad (entendida como “atención hacia”) a los síntomas somáticos, pudiendo detectar sensaciones fisiológicas que otros quizá no perciben.

Los estudios actuales confirman que existe una base genética en la Alta Sensibilidad que hace que ésta pueda ser explicada en gran medida gracias al sistema dopaminérgico (que juega un importante papel en el desarrollo de la personalidad) de nuestro cerebro, si bien son también relevantes los factores ambientales como los eventos vitales estresantes, que pueden llevar a variaciones únicas de este rasgo de personalidad (Chen et al., 2011).

Además, las implicaciones genéticas de la Alta Sensibilidad conllevan que sea altamente probable encontrar varios miembros de la familia con esta característica, así como el hecho de que la AS está presente en dos de cada diez personas, sin distinción en base al sexo.

Entonces, ¿Por qué la Alta Sensibilidad puede ser un problema? ¿Es un trastorno?

La Alta Sensibilidad, para aquellos que la experimentan, puede convertirse fácilmente en un arma de doble filo, ya que algunas de sus claras ventajas pueden volverse inconvenientes.

Por ejemplo, las personas con Alta Sensibilidad suelen informar de problemas para establecer límites en sus relaciones sociales, de manera que puede incrementarse la intensidad emocional con la que viven en un momento determinado y pueden experimentar bloqueos en el ámbito social a consecuencia de esta dificultad con el establecimiento de límites. Del mismo modo, la capacidad empática puede resultar un problema cuando la experiencia del dolor ajeno se convierte en auténtico dolor propio (Acevedo et al., 2014).

Esto es debido a que en las personas con Alta Sensibilidad existe una mayor capacidad para “hacer una pausa y comprobar” qué les está sucediendo en situaciones novedosas, mostrando un mayor nivel de alerta y atención y, por ende, siendo más rápidos a la hora de reaccionar tanto a estímulos negativos, como positivos (Acevedo et al., 2014).

No obstante, cabe añadir que las personas con Alta Sensibilidad no suelen encajar bien las críticas, en muchas ocasiones no tanto por la razón de la crítica en sí misma, sino por la forma en que ésta es formulada. Aquellos que se relacionan con una persona con Alta Sensibilidad deben tener en cuenta que la forma de transmitir una idea puede cambiar radicalmente la percepción de la misma por la persona con AS.

De la mano de lo anterior, el despliegue atencional que un/a PAS pone en marcha ante cualquier nueva situación o contexto es tan grande para poder adaptarse al mismo, que los cambios suelen generar un intenso malestar. De nuevo, la cuestión no es tanto el cambio en sí mismo, como la “inversión energética” que la persona debe realizar para readaptarse a la nueva situación (ruptura, cambio de trabajo, fallecimiento de un familiar, etc.)

En base a lo mencionado, diversos estudios han señalado la existencia de cuatro factores que están presentes en una persona con Alta Sensibilidad: La profundidad de procesamiento, la gran emocionalidad y empatía, la sensibilidad hacia las sutilezas y la sobreestimulación/saturación.

¿Qué hay que trabajar con la alta sensibilidad?

Es cierto que las cuestiones señaladas en el apartado anterior pueden suponer un problema en lo cotidiano para la persona con AS, pero, ¿debe considerarse la Alta Sensibilidad un trastorno? La respuesta es, claramente, un “no” rotundo.

Las personas con Alta Sensibilidad son personas con un rasgo concreto y específico que las hace más capaces de percibir y de sentir los eventos, emociones y relaciones que se dan en su día a día, como han demostrado algunos estudios científicos que han empleado la resonancia magnética para medir las reacciones cerebrales a estímulos visuales relativos a diferentes situaciones emocionales en personas con alta sensibilidad (Aron & Cutanda, 2006; Acevedo et al., 2014).

Es cierto que pueden experimentar dificultades, en su mayoría relacionadas con dos cuestiones: por un lado, la falta de conocimiento y de comprensión por parte del entorno inmediato de lo que significa ser una Persona Altamente Sensible y, por otro, la falta de habilidades a la hora de establecer ciertos patrones de interacción y límites saludables con los demás.

En cualquier caso, la psicoeducación sobre esta característica puede ser de gran utilidad tanto para familiares como amigos, y sería también muy productivo que se hablara de la Alta Sensibilidad en los centros educativos desde la infancia más temprana, debido a que la incidencia de este rasgo hasta la fecha no es precisamente baja.

Y, por otra parte, para trabajar con un/a PAS no se debería tener en cuenta específicamente esta característica como si fuera una cuestión limitante, sino como una parte más del todo que constituye a la persona, permitiendo analizar tanto fortalezas como debilidades para abordar, si surgieran, aquellas dificultades emocionales que pudieran requerir del apoyo de un psicólogo.

Referencias

  • Acevedo, B. P., Aron, E. N., Aron, A., Sangster, M. D., Collins, N., & Brown, L. L. (2014). The highly sensitive brain: an fMRI study of sensory processing sensitivity and response to others’ emotions. Brain and behavior4(4), 580-594.
  • Aron, E. N. & Cutanda, T. (2006). El don de la sensibilidad: las personas altamente sensibles, Ed. Obelisco.
  • Benham, G. (2006). The highly sensitive person: Stress and physical symptom reports. Personality and individual differences, 40(7), 1433-1440.
  • Chen, C., Chen, C., Moyzis, R., Stern, H., He, Q., Li, H., Li, J., Zhu, B., & Dong, Q. (2011). Contributions of dopamine-related genes and environmental factors to highly sensitive personality: a multi-step neuronal system-level approach. PloS one, 6(7), e21636.
Irene Micó
Graduada en Psicología por la Universidad de Valencia en 2014. Trabajando como psicóloga en Dopsi desde 2017. Máster en Psicología Clínica y Salud: Estrategias Actuales de Intervención. ADEIT/Universidad de Valencia. Formación en Terapia Gestalt por el Instituto Francés de Terapia Gestalt (IFGT). Formadora para la reeducación y sensibilización vial en infractores de tráfico. Diplomas acreditativos de conocimiento en las siguientes áreas: Marco conceptual de la psicología clínica y de la salud, Counselling y su aplicación sanitaria, Técnicas terapéuticas básicas, Dinámica pericial, Reestructuración cognitiva, Mindfulness, Tratamiento de la depresión y la ansiedad.

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