Frases célebres de Matthieu Ricard, el hombre más feliz del mundo

Verificado Redactado por Isbelia Farias. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 29 abril 2021.

Matthieu Ricard es considerado como el hombre más feliz del mundo y esto no lo dice cualquiera, sino la ciencia misma.

¿Por qué a este hombre, Matthieu Ricard, que además es monje budista, se le considera como el hombre más feliz del mundo?

Pues, hace mucho tiempo los científicos de la Universidad de Wisconsin comenzaron a estudiar el cerebro de Matthieu Ricard, al igual que el de otros cientos de personas.

El objetivo del estudio era medir el nivel de felicidad de cada uno y los niveles para hacer la medición eran de 0,3, que significaba muy infeliz, y de -0,3 que se traducía como muy feliz.

A todos los participantes les conectaron sensores en su cabeza para identificar los niveles de ansiedad, irritabilidad, placer, estrés, enfado y otras sensaciones.

Pero, lo más sorprendente de los resultados es que Matthieu Ricard superó, no solo los niveles de la escala, sino las propias expectativas de los científicos, pues, obtuvo una puntuación -0,45.

Desde ese momento fue proclamado como el hombre más feliz del mundo, y así es como muchos identifican a este monje budista, quien también es doctor en biología molecular, traductor y asesor del Dalái Lama.

Ahora bien, ¿cuál es su secreto de Matthieu Ricard para lograr vivir con tanta plenitud y convertirse en el hombre más feliz del mundo?

Conocer algunas de sus frases célebres nos puede dar una idea de la forma en la que Matthieu Ricard concibe la vida. Entre sus frases célebres se encuentran las siguientes:

Frases célebres de Matthieu Ricard

La felicidad se trata de aprender cómo poner las cosas en perspectiva y reducir la brecha entre las apariencias y la realidad.

Estoy bien porque me siento satisfecho fácilmente con muy poco.

La libertad interior es estar libre de rasgos mentales, cavilaciones y proyecciones mentales que eventualmente se traducen en frustración y sufrimiento.

La gente cree que meditar es sentarse relajadamente debajo de un árbol. En realidad, es algo que cambia completamente tu cerebro y quien eres.

El aburrimiento es el mal de aquellos para los que el tiempo no tiene valor.

Nuestra mente puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo; es la mente la que traduce las circunstancias externas en felicidad o desdicha.

El desapego es la fuerza tranquila de quien está decidido a no dejarse arrastrar por los pensamientos ni acaparar por toda clase de actividades y de ambiciones triviales, que devoran su tiempo y en definitiva solo aportan satisfacciones menores y efímeras.

No es el deseo como tal y la riqueza lo que causan sufrimiento, sino nuestro apego a ellos.

La felicidad de la existencia es esa plenitud de todos los instantes acompañada de un amor por todos los seres, y no ese amor individualista que la sociedad actual nos inculca permanentemente.

La verdadera felicidad procede de una bondad esencial que desea de todo corazón que cada persona encuentre sentido a su existencia. Es un amor siempre disponible, sin ostentación ni cálculo. La sencillez inmutable de un corazón bueno.

Existe una posibilidad de cambio porque todas las emociones son fugaces.

A diferencia del placer, todas estas cualidades son habilidades que pueden cultivarse mediante la práctica y el entrenamiento de nuestra mente.

Querer resultados inmediatos es propio de las mentes inestables o perezosas.

La razón última para meditar es transformarnos a nosotros mismos para poder transformar el mundo.

Dividimos el mundo entero en «deseable» e «indeseable», concedemos permanencia a lo que es efímero y percibimos como cualidades autónomas lo que en realidad es una red infinita de relaciones que cambian sin cesar.

La felicidad es un estado de realización interna, no la satisfacción de los deseos inagotables de las cosas exteriores.

Todos tenemos el poder de liberarnos de la ignorancia y la infelicidad, pero la mayoría de la gente no lo sabe, o no sabe cómo.

Ponemos tanto empeño en solucionar los problemas externos… pero el control del mundo exterior es temporal, limitado y (a menudo) ilusorio.

Todos tenemos varias tendencias naturales, relacionadas con nuestra herencia genética. Pero eso se puede cambiar en gran manera.

Muchas veces somos como aquel peregrino extenuado que lleva una pesada mochila, llena de provisiones y piedras. ¿No sería mejor dejarla en el suelo un momento para separar las provisiones de las piedras y echar las piedras?.

Creo que lo que todos deberían estar haciendo, antes de que sea demasiado tarde, es comprometerse con lo que realmente quieren hacer con sus vidas.

Las emociones no son duraderas, por lo que existe la posibilidad de un cambio.

Lidiamos con nuestra mente desde la mañana hasta la noche; y puede ser nuestro mejor amigo o nuestro peor enemigo.

También sabemos a través de los estudios del cerebro que podemos cambiar a través del entrenamiento, gracias a la neuroplasticidad cerebral.

El desapego es la fuerza tranquila de alguien que está decidido a no dejarse llevar por malos pensamientos ni dominar por ambiciones superficiales, que robarían su tiempo para solo darle pequeñas y caducas satisfacciones.

El poeta tibetano Shabkar dijo: ‘Una persona compasiva es amable incluso cuando está enojado; una sin compasión matará incluso mientras sonríe.

La felicidad no es simplemente una sucesión interminable de sensaciones placenteras, lo que parece más bien una receta para el agotamiento.

Compararnos constantemente con los demás es un tipo de enfermedad mental que nos frustra y entristece. Cuando compramos un coche, es como si llegásemos a la meta en ese juego, pero luego nos acostumbramos y queremos un modelo más nuevo. Especialmente si otros lo tienen. Tenemos que continuar comprando para tener más cosas que nos emocionen y mantener el actual nivel de satisfacción.

Ser altruistas no solo nos ayuda a beneficiar a los demás. También es la forma más satisfactoria de vivir.

Nuestro control de las condiciones externas es limitado, efímero y, a menudo, ilusorio, pero podemos trabajar con nuestra propia mente mientras lidiamos con ella desde la mañana hasta la noche.

La felicidad es un estado de satisfacción interior, no de satisfacción de innumerables deseos por cosas físicas.

Aquellos que buscan la felicidad en el placer, la riqueza, la gloria y el poder; son tan ingenuos como el niño que trata de atrapar un arco iris y usarlo como abrigo.

Hay quienes son más felices de manera natural, pero su felicidad es incompleta, vulnerable. La felicidad como forma de ser es una habilidad que necesita esfuerzo y práctica a lo largo del tiempo. Así desarrollas cualidades como la paz interior, el mindfulness y el amor.

Para el enamorado, una mujer bella es un objeto de deseo; para el eremita, una distracción; y para el lobo, un buen bocado.

La felicidad no llega automáticamente. No nos la regala un golpe de suerte y nos la arrebata otro. Solo depende de nosotros. No nos convertimos en personas felices de la noche a la mañana, sino con constancia, día a día y mediante la transformación interior.

La cualidad más sorprendente que los humanos y los animales tienen en común es la capacidad de experimentar el sufrimiento.

Incapaces de alcanzar la felicidad dentro de nosotros, la buscamos en cosas externas, experiencias, maneras de pensar o proceder cada vez más insólitas: hay que bajar las cataratas del Niágara, saltar en paracaídas y abrirlo a escasos metros del suelo, etc., exponiéndose a morir por algo que no vale la pena ser vivido. En definitiva, buscamos la felicidad donde no existe.

Las encuestas han demostrado que la felicidad es más alta en países en los que está asegurada la seguridad, la libertad, la independencia y el acceso a los bienes básicos, educación e información. La gente está más contenta en países donde se defienden los derechos individuales y hay democracia. Es decir, los ciudadanos más felices viven en un clima pacífico. Más allá de las condiciones económicas, aquellos que viven en un régimen militar son más infelices.

La distinción entre pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente.

El mundo tiene suficiente para las necesidades de todos, pero no suficiente para la codicia de todos.

La búsqueda de la felicidad egoísta no funciona, es una situación en la que todos pierden. Uno hace miserable su propia vida mientras hace miserable la vida de todos los demás.

Si piensas que tu vida es del todo perfecta, una de dos: o eres un buda o eres un idiota.

Nos parecemos a los pájaros que por mucho tiempo han vivido enjaulados, que vuelven a su jaula incluso teniendo la posibilidad de escapar. La sola perspectiva de un cambio nos hace sentirnos mareados.

La verdad es que incluso si el resentimiento es provocado por un objeto externo; no se encuentra en ningún otro lugar sino en nuestra mente.

En su sentido más profundo, el sufrimiento está íntimamente ligado a una comprensión errónea de la naturaleza de la realidad.

Otra forma de pereza es pensar «No es para mí. Es demasiado difícil. Será mejor que no lo intente». Dicho de otra manera, abandonas la carrera antes incluso de llegar a la línea de salida.

Ojalá cada momento de mi vida y de la de los demás fuera de sabiduría, prosperidad y paz interior.

Poco a poco, al entrenar tu mente, puedes cambiar tu forma habitual de ser.

Pocas personas se lamentan por los años que pasamos para educarnos o adquirir alguna habilidad. Entonces, ¿por qué se quejan por la constancia que se necesita para llegar a ser una persona equilibrada y compasiva?.

¡No pienses sobre el pasado! ¡Tampoco anticipes el futuro! ¡Ni reflexiones sobre el presente! Deja la mente tal como está. En este instante. Consciente. Relajada. ¡Más allá de esto, no hay absolutamente nada!.

Uno puede ser considerado un gran moralista y luego no vivir en base a sus principios morales. Pero deberíamos exigir que las personas y sus enseñanzas sean compatibles porque la ética que solo se basa en ideas y no es respaldada por hechos, no tiene una base sólida.

El ‘ahora’ que pasa produce el tiempo. El ‘ahora’ que queda produce la eternidad.

Hay quien piensa que en la vida tiene que haber días malos para poder valorar mejor los días malos y disfrutar del contraste. Pero, ¿son sinceros quienes afirman cansarse de una felicidad que no caduca? ¿De qué felicidad hablan? ¿De los placeres que menguan, de una euforia que se transforma en aburrimiento?.

Una tormenta puede estar rugiendo en la superficie, pero las profundidades permanecen en calma. El hombre sabio siempre permanece conectado a las profundidades. Por otro lado, el que solo conoce la superficie y desconoce las profundidades se pierde cuando las oleadas de sufrimiento lo azotan.

La felicidad se trata de aprender cómo poner las cosas en perspectiva y reducir la brecha entre las apariencias y la realidad.

Imaginar la felicidad como el logro de todos nuestros deseos y pasiones, es confundir la legítima aspiración a la realización interior; con una utopía que inevitablemente conduce a la frustración.

La persona sencilla vive de la manera en que respira, sin más esfuerzo ni gloria, sin más afección y sin vergüenza. Simplicidad es libertad y transparencia.

Para alcanzar la felicidad debemos adquirir un mejor conocimiento de cómo funciona la mente y tener una visión más precisa de la naturaleza de las cosas.

Mientras que los placeres ordinarios se producen por contacto con objetos agradables y terminan cuando ese contacto se rompe. El bienestar duradero se siente siempre que permanezcamos en armonía con nuestra naturaleza interna.

En todas las actividades humanas hay fuentes de inspiración cuya perfección, lejos de desalentarnos, despiertan nuestro entusiasmo al ofrecer una visión admirable de aquello a lo que aspiramos.

Estas frases célebres de Matthieu Ricard nos permiten comprender lo que significa la felicidad para él, un estado que se encuentra asociado con la sabiduría y la capacidad de permanecer en las profundidades, sin ser arrastrados por lo superficial.

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Licenciada y Máster en filosofía (Universidad del Zulia), maestrante en Orientación en Sexología (CIPPSV) su área está enfocada hacia el bienestar y la sexualidad en la pareja. Posee certificación en coaching (Universidad Autónoma de Barcelona), Fundamentos de la escritura (Tecnológico de Monterrey), Sexualidad, mucho más que sexo (Universidad de los Andes), Psicología Positiva (Universidad Metropolitana de Caracas), diplomada en Logoterapia y Análisis Existencial, Orientación de la Conducta y Psicología Forense.

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