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Confianza en la pareja

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Confianza

La confianza mutua y la confianza en sí mismo son los ingredientes esenciales para una vida conyugal feliz y duradera.

Todos creemos saber lo que significa la palabra confianza y, sin embargo, no tenemos más que preguntar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que no para todos tiene el mismo significado.

“Confianza es saber que el otro no nos miente.”
“Es no tener miedo de que te engañen.”
“Es estar seguro de que el otro estará ahí cuando lo necesitemos.”
“Es creer que el otro da tanta importancia, como uno mismo, a la relación y, en consecuencia, no hará nada que la ponga en peligro.”
“Es sentirse bien con alguien.”

La confianza es todo esto y mucho más. La confianza es una característica esencial de una relación de pareja exitosa, es la piedra angular sobre la que reposa cualquier intento de vida en común. Sin ella no hay posibilidad de que la pareja sobreviva. Ahora bien, no podríamos reducirla a una simple definición, pues la confianza puede englobar distintos conceptos.

Mentiras y engaños

La historia de Federico nos puede ilustrar perfectamente este aspecto sobre las mentiras y engaños en la vida conyugal. Federico es un marido amoroso, fiel y atento a los deseos de su mujer, pero le oculta un aspecto importante de su vida.

A Federico le gusta apostar, es un jugador. Los subterfugios que ha de encontrar para no revelar esta inclinación suya le obligan a estar mintiendo constantemente. Oculta el estado real de sus ingresos, de sus gastos y algunas veces el modo en que emplea su tiempo. Sabe que Elvira, su mujer, no aprueba esa actividad, ella se lo dejó ver claramente cuando eran novios: “El juego o yo.” Para evitar las discusiones, Federico prefiere mantener el secreto. Además, se dice a sí mismo tratando de convencerse: “Lo que ella no sabe no puede hacerle daño.”

Federico cree que callando protege a su mujer. Y, sin duda, Elvira está contenta, pues cree haber acabado de una vez por todas con la manía de apostar de Federico. En realidad, ambos están saboteando la posibilidad de vivir en la confianza mutua.

Elvira ha marcado unilateralmente unos límites dentro de los que Federico tiene que mantenerse, negando así un aspecto de la personalidad de su cónyuge. En cuanto a Federico, sencillamente se limita a engañar a su mujer.

La mentira y el engaño impiden al que los práctica conocerse a sí mismo y ser comprendido por los demás. Son todo lo contrario a un acto de confianza. Muchos maridos y esposas creen que mintiendo, evitan un disgusto a sus cónyuges. Algunas esposas mienten sobre el precio de un vestido o de cualquier otro capricho comprado con el dinero de la casa. Algunos maridos mienten sobre una amistad mal vista o sobre una inclinación censurable (juego, alcohol, amigotes). Pero estos engaños, aun cuando parezcan que solucionan el problema a corto plazo, no hacen más que crear uno nuevo, más serio a largo plazo: ahogan la relación marital, la impiden crecer y los esposos terminan por irse distanciando progresivamente.

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La franqueza

Algunas personas se creen muy francas porque no tienen el menor reparo en decir lo que piensan con la mayor brusquedad: “Tu blusa es horrible” o “cada día estás más gorda.”

Otras personas, por el contrario, siempre tienen miedo de disgustar y dan tantos rodeos a la verdad, que nunca se puede fiar uno de sus respuestas.

La verdadera franqueza no es, sin embargo, sinónimo de censura, burla o crítica. Siendo cruel, bajo el pretexto de que hay que ser franco, nadie ha logrado mejorar su relación amorosa. Por otro lado, el evitar cuidadosamente decir lo que pensamos, no es el modo más adecuado de mostrar la sinceridad en nuestro amor.

Veamos una típica escena de matrimonio. Una mujer pregunta a su esposo: “¿Te gusta mi vestido? El marido, a quien dicho vestido no le gusta nada, puede mentir y responder: “Sí. Lo encuentro muy bonito” o puede ser claro y tajante: “No me gusta nada, me parece horrible.” Daría muestras de hipocresía en el primer caso o de una franqueza brutal en el segundo. Pero sí responde: “Ya sabes que yo prefiero la ropa más clásica, pero eres tú la que lo vas a llevar.” Con esta respuesta habrá expresado francamente su opinión sin quitarle a su mujer el derecho de tener la suya.

Cada vez que los cónyuges se arriesgan a decir la verdad, aprenden a reforzar su identidad y permiten que el otro les conozca mejor. ¿Cómo es posible que una persona pueda vivir año tras año en un salón pintado de verde, y vuelto a repintar de verde, cuando en realidad es un color que detesta? Este ejemplo puede parecer descabellado. Sin embargo, es asombrosa la cantidad de coacciones que algunos individuos pueden llegar a aceptar a lo largo de su vida conyugal. La de veces que se ven atrapados por haber callado,  en lugar de hablar cuando debían. Por no haber manifestado sus pensamientos, cuando era el momento de hacerlo, muchos cónyuges se llegan a encontrar asfixiados al cabo de unos años por un tipo de vida que detestan. Cuando por fin vacían todo lo que llevan dentro, con toda franqueza, el acontecimiento toma a veces un tinte dramático o incluso destructor. Las consultas de los psicólogos y terapeutas son, a menudo, escenarios de una agresividad que vista por un tercero, parece tener su origen en simples banalidades.

La sinceridad

La felicidad conyugal depende de la felicidad de los individuos que componen el matrimonio y éstos deben tener con su pareja al menos el mismo respeto que se tienen a sí mismos.

Cuando la confianza aumenta es que el marido y la mujer han ido compartiendo sus experiencias día a día y sienten una confianza recíproca. Ahora bien, como ya sabemos, la confianza es compleja, pues existen diferentes niveles.

Así como en lo cotidiano puede ser relativamente fácil expresar sinceramente tus gustos o preferencias, por el contrario, cuando se trata de sentimientos, de gustos profundos o de valores fundamentales, puede ser totalmente distinto. Para unos, los temas difíciles de abordar son los relativos al tipo de vida de cada uno, las actividades a las que uno se dedica. Para otros, por el contrario, lo más difícil es hablar de la sexualidad.

La sexualidad es un territorio en el que es esencial ser sincero. Y, sin embargo, tal como pueden confirmarlo la mayoría de los terapeutas, es un territorio en el que abunda el engaño.

Así, pues, cuando una mujer simula placer para proteger el orgullo de su marido, para proteger la imagen de una mujer repleta de deseo, o para evitarse una conversación complicada, lo que está haciendo es poner en peligro su relación. Está creando una base, más bien frágil, hecha de engaños, sobre la que descansará el porvenir afectivo y sexual de la pareja.

Comunicando abiertamente nuestros deseos o nuestras necesidades reales, viviendo la sexualidad con franqueza, las parejas trabajan en la elaboración de un proyecto de vida, en la creación de una verdadera relación amorosa.

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La comprensión

En una relación conyugal, la confianza debe ser algo más que un conjunto de garantías. Es posible que el saber que el otro va a pagar la cuenta de la luz, como prometió, sea algo que da mucha seguridad, pero, para que una relación permita el desarrollo personal es, sobre todo, necesario saber que el otro no nos va a reprochar ser lo que somos.

Vivir en confianza con la persona amada, consiste en no tener secretos para él, en expresar libremente nuestras ideas, impresiones, temores y debilidades sabiendo que el otro no va a servirse de ellas cuando le convenga.

Cuando se da este tipo de franqueza, los dos miembros de la pareja saben cuál es su situación con relación al otro. Los cónyuges que abran mutuamente sus corazones no pueden sino descubrir la interdependencia de la franqueza, del amor y de la confianza. De hecho, estos tres elementos se refuerzan mutuamente.

En otro plano de cosas, dar confianza es también perdonar. En efecto, aceptar al otro es admitir que es humano, que tiene debilidades, límites e imperfecciones. Aceptar al otro es, también, darle la posibilidad de evolucionar, de cambiar. A veces se cree que las parejas que discuten mucho están formadas por personas infelices y que se llevan mal. Sin embargo, muy al contrario, se ha podido constatar que las personas que discuten poco con sus parejas van ahogando lentamente su personalidad. Por su parte, los maridos y mujeres que viven en confianza pueden permitirse el lujo de afirmarse, de expresar su cólera o su frustración porque saben que esto favorece la armonía global de su unión.

Finalmente, si la confianza reside en parte en el hecho de no temer al otro, de saber que nos ama y nos acepta, también es cierto que existe una condición necesaria para ello. En efecto, para merecer la confianza del otro hay que ser digno de ella.

El miedo

El reverso de la confianza es el miedo. Un miedo omnipresente acarrea el aislamiento, y la comunicación se va haciendo cada vez más complicada a medida que disminuye la confianza entre las dos personas.

Cuando una persona vive con más intensidad el miedo que la confianza, intenta controlar la situación. En vez de utilizar su energía para descubrir y crear, la utiliza para construir barreras y para verificar si corre algún tipo de peligro.

En un clima de miedo, ya no se trata de deseos sino de obligaciones. Una persona que controla no puede oír las expresiones de deseo de su pareja.

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La confianza en sí mismo

Para vivir con felicidad y serenidad las relaciones con el otro, el individuo tiene que encontrarse bien consigo mismo. Ahora bien, alcanzar este estado sólo es posible si se tiene confianza en sí mismo.

La confianza en uno mismo no tiene nada que ver, absolutamente nada, con la inteligencia, la belleza o el talento. Una persona que confía en sí misma se quiere, se acepta y se permite ser ella misma. Asume su identidad y se muestra tal como es.

Cada persona es un ser único. La fuerza de una persona que confía en sí misma reside, precisamente, en el conocimiento de sus características propias. Las persona que realizan plenamente su ser, que se otorgan confianza, no sienten inquietud alguna en dejar que los otros desarrollen su personalidad.

En principio, cada persona es enteramente responsable de sus sentimientos, opiniones y percepciones. Es, asimismo, responsable de su desarrollo personal, de la calidad de vida y de su felicidad. Cada uno cuenta con sus propios recursos para desarrollar su vida de una manera satisfactoria. Nadie tiene derecho de decirle a un adulto: “Deberías pensar esto” o “deberías escoger aquello”. Los deberes, las exigencias impuestas desde el exterior despersonalizan al individuo. Asimismo, el aceptar un papel determinado, sólo porque es eso lo que se espera de nosotros, cuando lo más íntimo de nuestro ser lo está rechazando, equivale a engañarse a sí mismo.

Una persona que confía en sí misma asume su propia vida y no se siente en absoluto inclinada a dirigir la de los demás. En resumen, una persona que se acepta, acepta al otro y le invita a comprometerse en una relación verdadera.

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Conclusión

A lo largo de la vida conyugal, la confianza recíproca se ve sometida a diversas pruebas. Cada vez que superamos una de esas pruebas, la confianza crece y la relación mejora.

En una relación auténtica los cónyuges están en comunicación constante. No sólo no hacen nada para ocultarse aspectos de sus vidas respectivas, sino que intentan, por todos los medios, darlos a conocer a su pareja. Conocerse, progresar y desarrollarse constituyen unas aspiraciones legítimas para todo el mundo. Cuando una relación favorece este proceso es una relación sana. Una relación que descansa en la confianza mutua ofrece el marco favorable para el desarrollo personal de los cónyuges y estos intentarán preservarla y hacerla crecer.

Gerardo Castaño Recuero – Nuestro Psicólogo en Madrid

La confianza en la pareja: Franqueza, sinceridad y comprensión
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Gerardo Castaño Recuero
Graduado en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. Trabajando como psicólogo en Madrid desde el año 2015 y realizando voluntariado (Cruz Roja, Fundación ANAR...). Práctica clínica y formación postgrado: - Máster en "Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica“ impartido por el Dr. Hugo Bleichmar en Madrid. - Máster sobre "Psicoterapia Focalizada en la Emoción". Ejerciendo como psicoterapeuta individual con adultos (trastornos de ansiedad, cuadros depresivos, baja autoestima, adicciones...) y también con niños y adolescentes (trastornos de conducta, agresividad, trastornos alimenticios, fracaso escolar...).

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