En muchas tradiciones se habla de los beneficios de la bondad. Sin embargo, hoy en día, a pesar de que la bondad goza de buena fama ha quedado relegada a un segundo o tercer plano. La bondad no está de moda. A nivel general parece que están mejor visto aquellas personas competitivas que hacen cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos. La bondad, en términos de preocuparse de los demás, se ve como algo bonito y lleno de mérito, pero para llevarlo a cabo cuando tengamos tiempo o en ocasiones excepcionales.

En primer lugar, ¿qué se entiende por bondad? Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando se estudia desde la ciencia? Los resultados son sorprendentes y va más allá de teorías que a muchos les parecerían místicas, ya que practicar la bondad modifica nuestra expresión genética. A lo largo del artículo explicaremos a qué nos referimos con bondad y los resultados de las últimas investigaciones científicas. ¡Bienvenidos a la bondad!

¿Qué es la bondad?

En primer lugar, cabe explicar de qué hablamos cuando hacemos alusión a este concepto. Ricard Davidson, doctor en Neuropsicología, se basó en la psicología budista para llevar a cabo su estudio. Desde el budismo, existen dos conceptos clave relacionados con la bondad: el amor y la compasión. El amor consiste en aspirar a la felicidad de todos los seres y a las causas de su felicidad. La compasión es la aspiración de la liberación del sufrimiento de todos los seres y de las causas del sufrimiento. De esta forma, se puede describir la bondad como el deseo de que todos los seres sean felices y estén libres de sufrimiento.

La bondad bajo la lupa de la ciencia

Davidson ha llevado la bondad a ser estudiada a través de la ciencia. Animado por el Dalai Lama, Davidson obtuvo unos hallazgos sorprendentes. Cabe decir que la sorpresa nos la llevamos en los países más occidentales, pero en aquellos donde la bondad se practica desde hace siglos, los resultados resultaron obvios. Al menos obvios a nivel conductual, porque también encontraron que la bondad se expresa a nivel de cambios cerebrales

Davidson afirma que «le hice la promesa al Dalái Lama de que haría todo lo posible para que la amabilidad, la ternura y la compasión estuvieran en el centro de la investigación. Palabras jamás nombradas en ningún estudio científico«. Así pues, se puso manos a la obra para ver en qué podía cambiar la bondad a una persona, tanto a nivel conductual, emocional como cerebral.

Davidson diferencia empatía de compasión. El autor define la compasión como «un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento. Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía y la compasión son diferentes«. El investigador asegura que la bondad puede entrarse a cualquier edad. Incluso si se practica en niños y adolescentes, repercute en un mejor rendimiento académico y en una salud emocional sana.

Hallazgos

A través de la meditación budista centrada en la compasión, se obtuvieron unos resultados muy significativos. Sin embargo, antes de exponer estos resultados cabe explicar en qué consiste esta meditación. De forma resumida se trata de imaginar a un ser querido en una situación de sufrimiento y cultivar la aspiración de liberarla de ese sufrimiento. Posteriormente se amplía esta práctica a personas neutras y finalmente a aquellos que nos despiertan emociones negativas.

Davidson asegura que este tipo de meditación, en primer lugar, reduce el bullying en las escuelas. Como se ha mencionado antes, también mejora la salud emocional y física. Por otro lado, uno de los datos más interesantes que encontraron, como describe el propio autor, «una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento«. Lo mejor de todo ello es que se puede practicar. Todos podemos hacerlo.

Antes de investigar sobre la compasión, Davidson también investigaba sobre las emociones. Asegura que a través de las emociones, las estructuras cerebrales pueden cambiar en tan solo dos horas. Describe que «llevamos a meditadores al laboratorio; y antes y después de meditar les tomamos una muestra de sangre para analizar la expresión de los genes». Observaron que las zonas cerebrales en las que había inflamación o tendencia a ella, descendía de forma notable, por lo que fue un hallazgo muy útil para tratar la depresión.

Conclusión

Como se ha visto, la práctica de la compasión mejora nuestra calidad de vida; disminuye nuestros niveles de sufrimiento y eleva nuestra felicidad. Preocuparse por los demás y reducir nuestra visión únicamente en nosotros, hace que dejemos de lado nuestro ego por un momento y observemos la realidad de forma más coherente. Esto es, no sólo existimos nosotros y nuestras necesidades. Cuando somos el centro de nuestra vida, lo único que viene a nuestra mente son preocupaciones, incluso quejas insustanciales.

Aún así, no debemos olvidar que la compasión también nos incluye a nosotros mismo. Se trata de un equilibro entre nosotros y los demás. Cuando sólo nos importamos nosotros, nuestro sufrimiento aumenta. Cuando nos preocupamos por los demás, nuestra felicidad aumenta. Ya no sólo lo dicen los «místicos», sino que la ciencia también ha hablado.

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