Frases célebres de Antoine de Saint-Exupéry

Verificado Redactado por Bernardo Peña. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 26 marzo 2021.

Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) fue un escritor y aviador francés, mundialmente conocido por su obra El Principito.  Se hizo piloto militar en 1921 y participó en numerosas misiones en las que transportaba el correo a España y a las antiguas colonias francesas y españolas en África.

Antoine de Saint-Exupéry también vivió en Argentina y trabajó precisamente para Aeroposta Argentina. Además, pasó por Indochina, Egipto, el Sáhara… En 1939, fue movilizado por el ejército francés para luchar en la Segunda Guerra Mundial. Tras la derrota francesa, huyó del país y se unió a las fuerzas aéreas de la Francia libre. Un 31 de julio de 1944, Antoine de Saint-Exupéry, le fue encomendada una misión de reconocimiento para espiar a las tropas Nazis. No regresó con vida.

Frases célebres de Antoine de Saint-Exupéry

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.

A veces en el silencio de la noche, todos sus recuerdos le eran devueltos con la plenitud de una canción de infancia… En la soledad, nadie escapa a los recuerdos.

El fracaso fortifica a los fuertes.

El amor es lo único que crece cuando se reparte.

El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.

La tristeza es una de las vibraciones que prueban que estamos vivos.

Es mucho más difícil juzgarse a uno mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte correctamente serás un verdadero sabio.

Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.

Una victoria debilita un pueblo, una derrota despierta uno nuevo.

Sé que solo hay una libertad: la de pensamiento.

No heredamos la Tierra de nuestros antepasados. La legamos a nuestros hijos.

La perfección se logra no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar.


Frases Hermosas

Llegas a ser responsable para siempre de aquellos que has domesticado.

Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula.

Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos… Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has pasado con ella.

Amar no es mirarse el uno al otro, es a mirar en la misma dirección.

Si busco en mis recuerdos los que me han dejado un sabor duradero, si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna.

No me interesa aquel que haya conocido, llevado en litera, mil cimas de montañas y así observado mil paisajes porque, en primer lugar, no conocerá uno solo verdaderamente y, luego, porque mil paisajes no constituyen más que una partícula de polvo en la inmensidad del mundo.

La experiencia nos enseña que amar no significa en absoluto mirarnos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección.

Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula.

Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

El hombre se descubre a sí mismo cuando se enfrenta a los obstáculos.

Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.

Si alguien ama a una flor de la que sólo existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas.

No tengo derecho a decir o hacer nada que disminuya a un hombre ante sí mismo. Lo que importa no es lo que yo pienso de él, sino lo que él piensa de sí mismo. Herir a un hombre en su dignidad es un crimen.

Siempre he amado el desierto. Uno se sienta en una duna de arena, no ve nada, no oye nada. Sin embargo, a través del silencio algo palpita, y brilla.

Mirad, en la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha. Es preciso crearlas, y las soluciones vienen.

Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho.

No pedimos ser eternos; pedimos tan sólo no ver que los actos y las cosas pierden de repente su sentido. El vacío que nos envuelve, se hace entonces patente…

Licenciado en Psicología por la Universidad de Jaén (2010). Máster en Análisis Funcional en Contextos Clínicos y de la Salud por la UAL (2011) y Máster en Psicología Jurídica y Forense por el COPAO, Granada (2012). Doctorando en Ciencias Humanas y Sociales por la Universidad Pontificia de Salamanca. Ha publicado 8 artículos científicos y es autor de los siguientes libros: «Psicopatología General», «Neurociencias: etiología del daño cerebral» y «Evaluación Psicológica». Además, es coautor del libro «Modelo ROA: Integración de la Teoría de Relaciones Objetales y la Teoría del Apego». Desde 2010 ha ejercido profesionalmente como psicólogo clínico y forense, escritor, formador, profesor universitario, conferenciante internacional y colaborador con diversos medios de comunicación. Sus principales líneas de investigación son la psicología, mitología, simbología y la hermenéutica antropológica.

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