Envidia pareja

Algunas personas afirman que no compramos lotería para nos toque a nosotros, sino por si le toca a alguno de nuestros amigos. También hay quien afirma que cuando deseamos que a otras personas les vaya bien, en realidad, queremos que les vaya bien pero no mejor que a nosotros. ¿Cuántas veces hemos sentido envidia o rabia de que a otras personas les vaya bien? ¿Por qué podemos llegar a sentirnos mal cuando consideramos que a otra persona le va mejor que a nosotros? Descubramos qué hay de fondo y qué nos impide alegrarnos por la felicidad ajena.

Felicidad ajena y envidia

La emoción central detrás de estas emociones tan negativas ante la felicidad de los demás es la envidia. Como destaca Cecilio Paniagua (2002): «la envidia es maladaptativa porque estropea y, en ocasiones, anula completamente el placer de la admiración, el gozo de la amistad, la utilidad del compañerismo y la solidaridad, el júbilo por los logros de otros, la contemplación de la belleza, de la habilidad, del ingenio y, también a veces, el simple deseo de emular al mejor».

Como destaca el equipo de Ginés Navarro (2016): «la envidia es una emoción social caracterizada por un componente fuertemente desagradable y hostil, difícilmente reconocida por las personas que la experimentan». Esta emoción desagradable y hostil está desencadenada por la incapacidad de alegrarse por el éxito de los demás. Además, es importante señalar que la persona envidiosa no suele reconocer esta emoción tan destructiva.

La felicidad ajena en una sociedad voraz

Pero, ¿por qué nos molesta tanto el éxito ajeno? ¿Por qué sentimos rabia cuando a los demás les va mejor que a nosotros? Vivir en una sociedad que cada vez nos exige más puede pasar factura en nuestras relaciones sociales. El éxito se ha convertido en sinónimo de tener más dinero, más posesiones, de tener una casa mejor que los demás, un coche caro… Si desde que nacemos nos bombardean con mensajes de que el éxito es material, no es de extrañar que aquellos que logren más éxitos materiales que nosotros nos despierten cierta envidia. Podemos llegar a pensar: «¿por qué el/ella tiene ese coche y yo no? Yo también lo merezco, incluso más».

En lugar de educarnos en la felicidad de los demás, nos educan en la competición. Existen unas normas sociales no implícitas y un aprendizaje inconsciente a través del cual nuestro objetivo en la vida es aspirar a lo máximo… Pero esto máximo es material. Es por ello, que la felicidad ajena en cuanto a posesiones materiales o éxito laboral puede despertar en nosotros una envidia feroz e incluso distanciarnos de amigos y familiares. Desde que somos pequeños nos educan para una vida laboral, pero, ¿dónde quedan las enseñanzas emocionales? ¿Por qué no nos enseñan educación emocional? ¿Podría ser una solución a esta emoción tan desagradable?

Educación emocional

La educación emocional supone aprender a conocernos a nosotros mismos. Hoy en día vivimos enfocados hacia afuera, hacia estímulos externos. A través de una buena educación emocional podríamos empezar a vivir mirando más hacia adentro. Sin embargo, no se trata de mirarnos el ombligo, sino de aprender introspección. Todo ello conllevaría conocer nuestras emociones, nuestros pensamientos, etc. En lugar de sentir tanta rabia o envidia, aprenderíamos a alegrarnos de la felicidad ajena y de esta forma, en lugar de sentir una emoción negativa, sentiríamos una emoción positiva.

Bisquerra (2002) define la educación emocional como: «Un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral». De esta definición se desprende que la educación emocional no debe ser algo puntual, sino algo continuo. Si queremos ponernos fuertes no iremos de vez en cuando al gimnasio, sino que acudiremos con frecuencia. A nivel emocional ocurre algo similar, el camino de aprendizaje emocional debe ser constante.

Bisquerra también propone que: «Para ello – la educación emocional- se propone el desarrollo de conocimientos y habilidades sobre las emociones con el objeto de capacitar al individuo para afrontar mejor los retos que se planten en la vida cotidiana. Todo ello tiene como finalidad aumentar el bienestar personal y social». A través de la adquisición de conocimientos y habilidades sobre las emociones, aprenderemos a manejarnos mejor ante situaciones que podemos considerar adversas. Por ejemplo, cuando consideremos que alguien nos ofende, en lugar de reaccionar con ira y causar un mal mayor, podemos entender que su ataque es fruto de un mal manejo de sus emociones. De esta forma, nuestra reacción no será negativa y sabremos conservar la serenidad y la calma.

Reflexión final

Steiner y Perry (1997), definieron la educación emocional como tres tipos de capacidades: “la capacidad para comprender las emociones, la capacidad para expresarlas de una manera productiva y la capacidad para escuchar a los demás y sentir empatía respecto de sus emociones”. A través de este tipo de educación, podemos llegar a dejar de sufrir por la felicidad de los demás y alegrarnos por ellos. De esta forma, las semillas de la envidia y de la rabia dejarán de tener tanta fuerza y seremos capaces de gozar de más alegría y felicidad.

Bibliografía

Navarro, G., Beltrán, A., Valor, I. y Expósito, F. (2016). ¿Qué es la envidia? Ciencia cognitiva, 10 (3), 70-73.

Paniagua, C. (2002). Psicología de la envidia. Ars Medica. Revista de Humanidades Médicas, 1, 35-42.

Vivas, M. (2003). La educación emocional: conceptos fundamentales. Sapiens. Revista Universitaria de investigación, 4 (2).

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