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Una de las emociones que producen los celos es la rabia.

La rabia, aparte de una enfermedad propia de algunos animales, la Real Academia de la Lengua española, la define como ira, enojo, enfado grande. En psicología sabemos que es una de las emociones llamadas básicas y que generalmente es sinónimo de éstas que dice la RAE, más otras como resentimiento, furia, irritabilidad. Según el Departamento de Psicología de la Salud de la Universidad de Alicante (Repositorio Institucional de la UA), por poner solo un ejemplo,  la ira es una “emoción vinculada al enfrentamiento de acontecimientos frustrantes o perjudiciales y, a aquellos interpretados como premeditados, injustificables y evitables. Un estallido de ira (rabia) aparentemente calma, sin embargo se ha observado que, con frecuencia, el hecho de enfadarnos nos provoca una reacción todavía más intensa de rabia”.

Las direcciones en que apunta la rabia en los celos

Los celos, más que una emoción en sí misma, es una mezcla de varias, entre ellas la rabia, el miedo, la tristeza. Pero vamos a enfocarnos en la rabia.



Esta emoción en las relaciones de pareja, surgida a partir de los celos, tiene varias direcciones:

  • La de la persona que tiene los celos y…
  • …la de la persona que es la receptora de éstos.

En el esquema de abajo vemos algunas de estas direcciones. El cómo afecta a la persona celada, la rabia de la persona con tendencias celosas, es un tema extenso y requiere su propio tratamiento así que lo abordaremos en otro momento. Por ahora nos centramos en los elementos de la rabia en quien siente los celos.

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La rabia en la persona que siente los celos puede manifestarse en una de las direcciones, por la necesidad de controlar a su pareja, por la sensación (o creencia) de que su pareja es suya, como un objeto material valioso, que nadie ni nada debe siquiera rozar. En otra orientación, la rabia puede surgir por el miedo, o la inseguridad, sobre su valía personal y lo que aporta a la relación, lo que le llena de incertidumbre frente a la posibilidad de que su pareja pueda irse con otra persona.

Y una tercera dirección, combinación y consecuencia de las dos anteriores, es que la rabia alcance los límites del maltrato y la violencia sistemática.

Límites peligrosos

En cualquiera de los casos, la rabia o la ira, como manifestaciones de nuestras tendencias agresivas ante el miedo, la frustración o el ataque, han de ser atendidas de manera deliberada para hacer una gestión de la misma de la manera más constructiva posible.

No podemos señalar la rabia simplemente como algo negativo. Hace parte nuestra, y se han conseguido grandes logros en la historia gracias a esa tendencia agresiva que tenemos los humanos.

Los problemas surgen cuando esa agresividad empieza a pasar ciertos niveles, cuando empieza a hacernos daño a nosotros y a quien decimos amar. Entonces, es necesario intervenir.

Existen tres indicadores claves para saber que la tendencia agresiva está alcanzando límites peligrosos:

  • La autoagresión. Cuando la persona, en un esfuerzo por no dirigir su rabia hacia su pareja, termina desfogando su agresividad haciéndose daño a sí misma.
  • El límite físico. Si bien la agresividad psicológica, social, sexual y económica son igual de graves, un indicador de que se ha pasado un límite es cuando ya hay contacto físico directo (pegando, halando, aruñando) o indirecto (lanzando cosas o dañando objetos propios o de la pareja).
  • El juicio social. Cuando “montamos escenas” de celos o agresivas en situaciones sociales como reuniones, restaurantes, lugar de trabajo, sin que importe el juicio social, podemos decir que la rabia está alcanzando cotas dañinas. No se trata de que nos importe o no lo que digan los demás, se trata de que el nivel de saturación emocional agresiva ha llegado a tal nivel que la persona no calcula las repercusiones sociales y penales que puede significar un ataque de rabia en un lugar público o en presencia de personas externas a la relación.

La fuerza de voluntad no es suficiente

Para gestionar la rabia (y los celos) generalmente la fuerza de voluntad no es suficiente. Así que siempre es necesario la intervención de agentes externos como cursos, talleres, experiencias vivenciales para la gestión de las emociones o si nada de esto parece hacer una diferencia asistir a un profesional de la psicología.

Son muchas las técnicas para la gestión de la ira. Éstas se ubican en un escenario que incluye autoconocimiento, ejercicios físicos, mentales y sociales, “técnicas de respiración y meditación”, terapia ocupacional, arteterapia, risoterapia, yoga, grupos de apoyo, cambios de dieta e incluso técnicas de apoyo externo, como padrinos/madrinas terapéuticos, cambios de estilo de vida o de ciudad.

Una vez que las personas han aprendido en algún grado a gestionar su ira, la prueba de fuego es exponerlas a situaciones donde habitualmente se les “disparaba” su rabia, para determinar hasta qué punto han aprendido, pero aunque el asunto no es fácil, es posible.

Para finalizar, reitero que el componente de la rabia en los celos es uno de los más complejos de atender ya que es posible que si llegan a cierto nivel, la relación se rompa (o pase una desgracia), con lo que la persona que quiere aprender a manejarlos, puede tener la sensación de que fue demasiado tarde para haber hecho algo por reducir esas tendencias o comportamientos agresivos.

¿Qué otras manifestaciones de la rabia has visto en las personas que tienen tendencia a los celos?

Referencia

https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/4298/26/TEMA%208.La%20emoci%C3%B3n.pdf, pág. 15.

Claves para entender la relación entre la rabia y los celos en la pareja
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