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Hablar de psicología, con mayor o menor conocimiento de causa es algo habitual en nuestra sociedad. Desde los consejos sobre las relaciones de pareja y las rupturas hasta los problemas de conducta de nuestros hijos, parece que todo el mundo se encuentra abierto a debatir las mejores vías de actuación, y es precisamente este debate el que nos lleva a querer conocer algo mejor la apasionante ciencia que es la psicología. Sin embargo, estos debates no se terminan en la calle, hoy os presentamos uno de los casos más extraños y que más interés ha suscitado en la comunidad científica, especialmente entre médicos y psicólogos.

El caso de Phineas Gage

Phineas P. Gage fue un obrero de ferrocarriles estadounidense nacido en 1823 y fallecido el 21 de mayo de 1861. Hasta 1848, este ciudadano estadounidense había llevado una vida totalmente normal, siendo descrito como educado, enérgico, medido y cordial. Sin embargo, en Septiembre de ese mismo año, cuando Phineas tenía tan solo 25 años, fue víctima de un accidente laboral que le cambiaría la vida y dejaría atónitos a varios especialistas, así como a la comunidad científica.

La principal labor de Gage como obrero de ferrocarriles era utilizar dinamita para volar rocas y poder construir raíles en tramos complicados. Para ello debía perforar las rocas, colocar el explosivo, un detonador y arena (que impedía que se produjeran chispas que hicieran detonar la carga de forma prematura). Todo esto debía compactarse con una barra de hierro de unos siete kilos, más de un metro de longitud y tres centímetros de diámetro, algo mayor que una moneda de dos euros. El 13 de Septiembre de 1848, mientras se encontraba trabajando en Vermont, se produjo una explosión que hizo que la barra de hierro con la que estaba trabajando el joven Phineas saliera despedida, atravesando su cráneo desde el pómulo izquierdo hasta la parte superior de su cabeza, donde se localiza el córtex frontal.

Gage salió despedido por el impacto, sacudiéndose violentamente en el suelo hasta quedar inconsciente. Para los presentes, parecía imposible que alguien sobreviviera a un traumatismo como el que acababan de presenciar, pero Phineas tenía pulso, y tan solo unos minutos después se incorporó y comenzó a hablar. El joven permaneció totalmente consciente desde ese momento, incluso llegando a saludar a todo aquél a quien se iba encontrando durante el traslado a su hotel, donde fue caminando por su propio pie hasta la habitación en la que los doctores Edward H. William y John Martyn Harlow consiguieron detener la hemorragia y cerrarle la herida, con el joven todavía consciente.

Phineas Gage

Durante los días posteriores, Gage tuvo que permanecer en cama, soportando curas, delirios e intensas fiebres. Sin embargo, en el período de dos meses, Phineas parecía casi totalmente recuperado, recibiendo el alta en un período de tiempo sorprendente tanto por la gravedad del caso como por los avances médicos de los que se disponía en aquella época. Cuando volvió a visitar al doctor John M. Harlow nueve meses tras el accidente, el facultativo describió su salud física como buena: podía mantenerse en pie sin ayuda y ejecutaba movimientos de  forma ágil. No se observaron afectaciones cognitivas. El médico se asombró al comprobar que Phineas estaba prácticamente recuperado, a excepción de la visión en su ojo izquierdo.

A pesar de que esta milagrosa recuperación ya sea motivo de debate y estudio, el caso de Phineas Gage no termina aquí. Recuperado casi totalmente en los aspectos físicos y cognitivos, las secuelas del joven parecieron centrarse en un aspecto más alejado de la medicina tradicional. Sus familiares y amigos relataban que su personalidad había cambiado de forma drástica.

El antaño afable y enérgico joven se había convertido en un hombre diferente. Gage comenzó a estar en un estado de irritabilidad casi perpetua, frecuentemente tenía ataques de ira en los que gritaba improperios y obscenidades, se volvió caprichoso, impaciente e irreverente. Donde antes hubo un joven al que sus jefes habían tenido en muy alta estima, considerándolo como uno de los mejores trabajadores, ahora había un hombre que deambulaba de trabajo en trabajo, siendo despedido al poco tiempo de la mayoría de ellos, dejando multitud de planes de futuro sin terminar y comenzando a ser descuidado e irresponsable con su entorno y consigo mismo.

La salud del hombre se fue deteriorando, y más de doce años después de su accidente, Phineas falleció a causa de una serie de crisis epilépticas mientras se encontraba rodeado de sus familiares en San Francisco.

Actualmente, tanto su cráneo como la barra de hierro que lo atravesó se encuentran expuestos en el museo Warren de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard.

Para los profesionales de la época, el caso de Phineas ayudó a arrojar algo de luz sobre la importancia de la corteza frontal en la conducta humana, ya que hasta entonces se consideraban zonas sin ninguna función o relación con la conducta.

Qué hemos podido aprender del caso de Phineas Gage

Actualmente, sabemos que el lóbulo frontal es una de las estructuras más importantes de nuestro cerebro cuando hablamos sobre características de personalidad y funciones ejecutivas, responsables de la planificación y corrección de nuestro comportamiento.

Uno de los aspectos más debatidos sobre este caso es el hecho de que si la trayectoria de la barra hubiera sido diferente, o el joven Gage se hubiera encontrado a mayor o menor distancia cuando se produjo la explosión, el impacto probablemente habría sido mortal. Aunque en pleno siglo XIX ya se conocían algunas funciones del cerebro, la neuroplasticidad era un fenómeno completamente desconocido. Actualmente, y gracias en parte a Phineas Gage, sabemos que si se lesiona una parte de nuestro cerebro, se ponen en marcha una serie de  mecanismos que tratan de recuperar la función, generando nuevas sinapsis neuronales que sustituyan a las lesionadas, pudiendo suplirlas en algunas ocasiones.

Sin embargo, aún quedan incógnitas por resolver tanto en nuestro cerebro como en el caso de Phineas. Diversos autores han debatido acerca de los cambios de comportamiento del joven, aludiendo tanto al trauma del accidente como a la reacción tanto del entorno como del propio Gage, dificultando la tarea de separar los aspectos fisiológicos de los puramente psicológicos.

El caso de Phineas Gage, uno de los debates más intensos de la psicología
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Alvaro Buigues Muñoz
Graduado en Psicología por la Universidad de Valencia en 2014. Trabajando como psicólogo en Dopsi desde 2016. Máster en Psicología Clínica y Salud: Estrategias Actuales de Intervención. Universidad de Valencia. Máster en Recursos humanos. Aula empresarial. Actualmente cursando un Máster en Terapias de tercera generación. Universidad Internacional de Valencia. Diplomas acreditativos de conocimiento en las siguientes áreas: Marco conceptual de la psicología clínica y de la salud, Counselling y su aplicación sanitaria, Técnicas terapéuticas básicas, Dinámica pericial, Reestructuración cognitiva, Mindfulness, Tratamiento de la depresión y la ansiedad. Tutor de prácticas en la Universidad Internacional de Valencia.

1 Comentario

  1. muy interesante este caso para los psicólogos, yá que en la actualidad se le hubieran administrado antipsicóticos para revertir los problemas de personalidad y cognitivos y, además de controlar las convulsiones. quizás hubiese tenido otra calidad de vida en cuanto a la parte psicológica afectada por la lesión cerebral, también, es posible que el Sr, gage se hubiese reinsertado a la la actividad labora.

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