La precrastinación es la tendencia que tienen algunas personas a completar las tareas al momento, aunque hacerlo implique un esfuerzo innecesario o genere resultados menos óptimos. A diferencia de la procrastinación, donde se pospone una actividad, la precrastinación nos lleva a hacer las tareas lo antes posible, sin considerar si es el mejor momento o si se cuenta con todo lo necesario para completarla. Se trata de un comportamiento que puede dar una sensación de productividad, pero que acaba generando una mayor fatiga, provoca más errores y hace un uso ineficiente del tiempo y los recursos.
En qué consiste la precrastinación
La precrastinación es un comportamiento que muchos de nosotros experimentamos en nuestra vida diaria, es esa tendencia a terminar tareas lo antes posible, a menudo antes de que sea realmente necesario, simplemente para quitárselas de encima rápidamente. Se trata de un impulso que puede parecer positivo a primera vista, ya que nos hace sentir productivos y eficientes, pero que en realidad tiene efectos negativos en nuestra vida y en la calidad del trabajo que realizamos.
La palabra «precrastinación» deriva del prefijo «pre-«, que significa «antes», y «crastinación», que se relaciona con el acto de posponer, de donde extraemos que la precrastinación es el acto de apresurarse a hacer algo antes de que sea necesario, en lugar de tomarse el tiempo para planificar y ejecutar la tarea de manera más efectiva. Esto la diferencia de la procrastinación, que es el comportamiento de retrasar tareas, a menudo por miedo, ansiedad o falta de motivación.
En la vida cotidiana, la precrastinación se puede manifestar de muchas formas. Un ejemplo de precrastinación se produce cuando alguien decide hacer la compra antes de haber planificado las comidas de la semana. En lugar de tomarse un tiempo para pensar en lo que realmente necesita, se apresura a llenar el carrito con productos que pueden no ser necesarios, lo que seguramente generará un gasto innecesario y probablemente una alimentación menos equilibrada.
Las personas que tienden a precrastinar a menudo lo hacen como una forma de aliviar la ansiedad, ya que al completar tareas rápidamente, sienten que están tomando el control de su vida, aunque a menudo a expensas de la calidad de su trabajo. Este ciclo se convierte en un patrón difícil de romper, ya que la gratificación instantánea que se obtiene al completar tareas rápidamente puede ser adictiva.
Las causas de la precrastinación
Detrás de ese impulso casi incontrolable de actuar rápidamente, se esconden causas psicológicas y emocionales que nos permiten entender por qué precrastinamos, y que nos pueden ayudar a gestionar este comportamiento y sus efectos negativos.
Una de las razones más comunes que nos empujan a precrastinar es la ansiedad que se genera cuando nos enfrentamos a tareas que nos provocan estrés. La idea de posponerlas y que se acumulen puede ser angustiante, por lo que en lugar de lidiar con esa incomodidad, algunas personas prefieren completar la tarea de inmediato, aunque esto signifique hacerlo deprisa y mal. La ansiedad nos lleva a buscar una salida rápida para aliviar la presión que sentimos.
Relacionado con lo anterior, otro factor que contribuye a la precrastinación es, precisamente, el deseo de prevenir ese estrés. Cuando somos conscientes de que la presión por cumplir con todo nos puede provocar estrés, intentamos completar las tareas de inmediato, para evitar que se produzca, buscando una sensación de control y alivio.
Lo que ocurre es que este alivio es temporal, ya que las tareas incompletas o mal ejecutadas acaban generando un ciclo de estrés constante, y es que está demostrado que las personas que tienden a precrastinar suelen experimentar niveles más altos de estrés y ansiedad en comparación con aquellos que se toman su tiempo para abordar las tareas.
Otra de las causas más comunes de la precrastinación es la búsqueda de gratificación inmediata, la idea de completar las tareas de inmediato y obtener el resultado de nuestra acciones al momento nos proporciona una satisfacción instantánea.
Ese deseo de gratificación puede llevarnos a sacrificar la calidad por la rapidez, por ejemplo respondiendo las preguntas de un examen lo antes posible para acabar con los nervios de la prueba, a cambio de dedicar menos tiempo para reflexionar en cada pregunta y arriesgarnos a cometer más fallos.
Cómo se manifiesta la precrastinación
La precrastinación se puede manifestar de múltiples formas en todos los ámbitos de la vida: laboral, académico y personal.
En el ámbito laboral, por ejemplo, una persona que se sienta desbordada por la cantidad de tareas que tiene pendientes, en lugar de priorizar y abordar los proyectos más complejos o más importantes, puede que se sienta tentada a completar primero las tareas más sencillas para quitarse de encima muchas de ellas, lo que puede parecer eficiente a primera vista, ya que reducimos la lista de tareas rápidamente, pero al centrarse en lo fácil, dejamos de lado las tareas importantes, difíciles o urgentes.
En el ámbito académico, un estudiante que tiene un proyecto final puede caer en la trampa de completar las partes más simples primero, como la portada o la bibliografía, en lugar de sumergirse en la investigación y el análisis profundo que realmente requiere el trabajo, lo que acaba provocando un aumento de la ansiedad a medida que se acerca la fecha de entrega y las partes más complejas y extensas del proyecto siguen sin hacer.
En el ámbito personal por ejemplo, alguien que está cocinando puede interrumpir continuamente la preparación de la comida para lavar cada utensilio apenas lo ensucia, en lugar de esperar a terminar de cocinar para limpiarlo todo. Aunque esto da una sensación de orden y control inmediato, en realidad hace que la preparación sea más lenta y menos eficiente, pudiendo incluso afectar el resultado final del plato.
Algunas estrategias para controlar la precrastinación
A la hora de controlar la precrastinación, hay varias estrategias muy efectivas. La clave está siempre en encontrar un equilibrio entre la urgencia de completar tareas y la necesidad de hacerlo de manera efectiva y saludable por lo que la gestión del tiempo es primordial.
Aquí es donde entra en juego la organización y la priorización. Una forma de organizarse es hacer una lista de tareas pendientes y clasificarlas según su importancia y urgencia, utilizando por ejemplo una matriz de Eisenhower, una herramienta que divide las tareas en cuatro cuadrantes: urgente e importante, importante pero no urgente, urgente pero no importante, y ni urgente ni importante, lo que nos permite centrarnos en lo que realmente importa y evitar la trampa de hacer cosas solo porque son rápidas.
Para reducir la ansiedad que a menudo acompaña a la precrastinación, podemos programar pausas entre actividades, ya que también necesitamos tiempo para relajarnos y recargar energías. En estas pausas puedes incluir actividades que te hagan feliz, como leer un libro o salir a pasear, lo que no solo te ayudará a mantenerte motivado, sino que también te permitirá abordar las tareas con una mente más clara y tranquila.
Para organizar estas pausas, una técnica útil es el método Pomodoro que consiste en trabajar durante 25 minutos y luego tomar un descanso de 5 minutos. Después de cuatro «Pomodoros», puedes tomarte un descanso más largo, de 15 a 30 minutos. Este enfoque mejora la concentración y ayuda a evitar la sensación de agobio al enfrentarse a tareas grandes.
En todo este proceso, la autoconciencia es el primer paso para superar la precrastinación, debes tomarte un tiempo para reflexionar sobre por qué sientes la necesidad de completar tareas de inmediato: ¿Es por miedo a no cumplir con las expectativas? ¿Por la presión del tiempo? Una vez que somos conscientes de nuestros patrones, podemos empezar a implementar las estrategias que nos ayudarán a frenar ese impulso. En lugar de ponernos con lo primero que se nos pone por delante, tenemos que dedicar unos minutos a pensar en lo que realmente necesita nuestra atención.
Para superar la precrastinación hemos de ser capaces de aprender a valorar no solo la cantidad de tareas completadas, sino también la calidad de nuestro esfuerzo y el impacto que tiene en nuestro entorno, no se trata de hacer más en menos tiempo, sino de hacer lo que realmente importa de manera efectiva.

