comunicación familiar
Patrón funcional y disfuncional en lafamilia

Los patrones de interacción son pautas en que varias personas participan con sus comunicaciones de una manera recurrente, y forman parte de la vida familiar.

Estos patrones suelen favorecer el desarrollo de los miembros de la familia, pero el modelo sistémico ha identificado algunos que considera disfuncionales. De entre estos, trataremos de la comunicación paradójica y de los patrones de interacción triádicos y diádicos.

La comunicación paradójica

La comunicación paradójica es vista como una modalidad disfuncional o, al menos, incongruente de comunicación que, si se instala como patrón predominante de comunicación, tiene efectos perturbadores en los que participan, más visibles en los más indefensos, los niños y adolescentes. De hecho, la hipótesis del doble vínculo consiste precisamente en eso, es postular que este es el patrón comunicacional predominante en las familias de esquizofrénicos. Esta hipótesis describe una forma disfuncional de comunicación que según los miembros del equipo de Palo Alto es característica de las familias con miembros esquizofrénicos. En esencia, el concepto se refiere a la emisión de mensajes incongruentes a diferentes niveles lógicos, también conocidos como mensajes paradójicos. Por ejemplo, estimular o provocar una respuesta en el otro y luego quejarse porque se ha dado, en un clima en el que no se puede metacomunicar (o hablar sobre lo que ha pasado), y en un contexto de importancia vital para el niño, o sea de sus padres.

En este contexto interaccional, el niño o joven nunca puede ser confirmado en sus mensajes, porque el nivel digital (contenido) y el analógico (no verbal) discrepan. Si responde a uno está mal según el otro, por lo que no hay manera de acertar, o de ser confirmado, y esto afecta seriamente el establecimiento de un sentido de identidad.

De hecho, la ironía y el humor utilizan mucho el mensaje paradójico, pero los contextos relacionales son muy diferentes. Incluso entre padres e hijos se pueden dar estos mensajes sin que nadie se perturbe mucho, pero es peligroso cuando la comunicación paradójica instala de una manera predominante y afecta el desarrollo de un sentido de identidad.

Cuando por ejemplo, la comunicación verbal (digital) de la madre contradice su comunicación analógica o no verbal, deriva en una comunicación incongruente. El niño o adolescente adopta también esta modalidad, pero con el tiempo se muestra muy perturbado. Ciertamente, si atiende al mensaje verbal debe entender el mensaje de la madre como muestra de afecto, pero si lo hace la madre probablemente se sentirá incluso más tensa y lo rechazará. Si, en cambio, atiende al mensaje no verbal y se distancia también será rechazado o, al menos, criticado.

Los patrones de interacción diádicos

Gregory Bateson durante sus años antropológicos en Nueva Guinea propuso una manera de clasificar las interacciones entre pares de personas (díadas) que ha seguido siendo utilizada hasta la actualidad y ha mostrado una gran utilidad:

Interacción complementaria

La interacción complementaria se basa en la aceptación, ya menudo disfrute, de la diferencia entre la posición superior de un miembro y la inferior del otro. Las conductas que intercambian son diferentes pero encajan. Por ejemplo, uno ordena y el otro obedece, uno pide consejo o ayuda y el otro proporciona, uno cuida y el otro busca ser cuidado, uno toma la iniciativa y el otro la sigue. Se pueden dar estos patrones entre padres e hijos, maestros y alumnos, médicos y enfermos, y en las parejas (entre otros).

Interacción simétrica

En la interacción simétrica, los participantes tienden a situarse en el mismo nivel, a mantenerse en igualdad. Cualquiera de los dos puede ofrecer consejo, tomar la iniciativa, etc.

Generalmente, estos patrones no son rígidos, sino que evolucionan o varían dependiendo de los contextos o el estadio de desarrollo de los interactuantes.

Por ejemplo, la relación entre un jefe y su subordinado es complementaria al trabajo, pero puede ser simétrica mientras toman un café y hablan de fútbol. También, la relación entre un niño y sus padres empieza siendo muy complementaria (no podía ser de otro modo, la alimentan, lo visten, lo deciden todo en su vida), pero con el tiempo esto debe variar a medida que el niño va creciendo, de tal manera que cuando los padres son grandes, el hijo adopta el papel de asistente y se invierten, progresivamente, los papeles.

Los peligros de la interacción complementaria y la simétrica

El peligro de la complementariedad es que se vuelva rígida, que la diferencia entre la posición superior y la inferior no evolucione e impida, así, el desarrollo de quien es “abajo”.

El peligro de la simetría es la escalada. Si uno de los dos empieza a hacer movimientos en que se sitúa “por encima” del otro -por ejemplo dar instrucciones, por lo que no permite cierta alternancia o negociación como sería propio de una situación de igualdad-, esto conlleva una provocación irresistible para el otro. De hecho, cada mensaje de este tipo estimula una respuesta similar en el otro, en un patrón que se conoce como escalada simétrica.

Si las consideramos tal cual, las escaladas simétricas son un patrón interaccional que en sí mismo lleva a la disolución o destrucción de la díada. En efecto, se dan algunos casos en que este tipo de interacción lleva a que un cónyuge mate al otro. En la escena internacional, es común ver cómo el intercambio de amenazas termina en la guerra. Pero también hay muchas díadas que conviven con la escalada simétrica, y el conflicto que conlleva, durante años.

La simetría inestable

En efecto, a menudo en la clínica se ven no sólo las situaciones caracterizadas por la rigidez (escaladas simétricas sangrantes, complementariedades rígidas), sino también de otros de caracterizadas por la inestabilidad. Es lo que se conoce como simetría inestable, situación en la que un se suele imponer al otro pero el otro no se acaba de conformar y lucha para mantener la posición.

En estas situaciones conflictivas lo más común es ir en busca de terceros que sirvan de aliados. Por ello, habitualmente se dice que hay un tercero para formar un sistema. Las díadas suelen articular según un tercero. Y en una familia los candidatos más probables son los hijos, pero también puede ser el perro, el televisor, Internet, un amante, el trabajo, la suegra, etc.

La interacción triádica

En la terminología sistémica, se distingue entre alianzas y las coaliciones.

Las alianzas

Son las proximidades naturales entre miembros de la familia (por ejemplo, el padre y el hijo disfrutan viendo el fútbol, mientras que la madre no).

Las coaliciones

Son las asociaciones entre miembros en contra de otro. Estas suelen ser negadas explícitamente (aunque todos saben que hay) y no son aparentes en los ojos de un observador.

Un ejemplo de esto sería:

Una madre se queja a su hija de diez años sobre cómo la trata el marido, sin que él lo sepa. Esto es una invitación a la hija para que entre en la coalición que, si es aceptada, puede que genere discusiones entre la niña y el padre por asuntos triviales, en que la madre salga en defensa de la hija (lo que puede aumentar, al su vez, las dificultades y diferencias entre la pareja), y esto establecerá un patrón interaccional de consecuencias negativas. A una niña, el hecho de militar en una coalición, al tiempo que tiene el atractivo del protagonismo de jugar al juego de los grandes, le resta recursos para resolver sus propias dificultades evolutivas.

La triangulación

Cuando la coalición implica reclutar uno de los hijos en contra del otro progenitor se conoce como triangulación, y suele tener efectos perjudiciales para el hijo en cuestión, ya que gran parte de su energía se dedica al conflicto parental, en lugar de dedicarla a afrontar los retos evolutivos de su propia vida.

Patrones familiares de comunicación funcionales y disfuncionales
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3 Comentarios

  1. Marta, aquí brindás realmente un aporte excelente. No puedo dejar de decírtelo, para mi encontrar tu blog fue muy enriquecedor.
    La triangulación que como ejemplo se menciona, es incapacitante para el hijo/a en cuestión. Ahora bien, del mismo modo, puede darse que este tipo de triangulación se manifieste diferente? No por conflictos “intra-coalición” sino hacia el afuera? Claramente en mi caso mi esposo ha recibido agresiones directas hacia su autonomía como adulto antes de casarse, y hacia la pareja, cuando desde mi lugar estas agresiones se frenaban o se ponian “sobre la mesa”, se convirtieron en comentarios disfrazados de sutilezas, donde la coalición funciona en la dinámica “sutileza (agresión) – invisibilidad de la agresión por parte de la coalición – imposibilidad de evolucionar vínculo matrimonial del hijo frente a la codependencia con sus padres – (acusacion del hijo a su esposa de paranoia / reafirmación de la coalición) – reconocimiento del hijo sobre la problemática en forma tardía, intento débil e inútil de mitigar frente a sus progenitores dichas conductas – más reafirmación de la coalición por causa doble 1) la coalición siempre está en escena, cada tanto tiempo, imponiendo su predominancia por sobre el vínculo matrimonial del hijo por la generación de conflictos 2) Hijo incapacitado para cortar vínculo tóxico parental, con la consiguiente imposibilidad de afrontar los retos evolutivos de su propia vida 3) Deserotización de la imagen y rol de hombre adulto – esposo, deterioro de su matrimonio y frustración

    Es decir, cuando la madre y el padre “hablan”, esto es en forma verbal tomado como “verdad” y sin mala fe alguna, ahora bien, cuando el hijo percibe algún ruido entre lo verbalizado y su contenido y significante, entra en crisis por imposibilidad de asumir la mala intención de quienes necesita constantemente reafirmar su amor por dependencia.
    Si lo hace, le da culpa. Si se distancia, sufre ansiedad. En todos los casos se queda inmóvil, porque depende, y no puede dejar el rol de hijo (necesario de la coalición) para afrontar un rol de esposo acorde y demandado por su realidad.
    Por eso, “El peligro de la complementariedad es que se vuelva rígida, que la diferencia entre la posición superior y la inferior no evolucione e impida, así, el desarrollo de quien es “abajo”.” es muy llamativo que si se vuelve rígida, porque esta dinámica está instalada (dicen, pero no oigo, y si oí, no me pareció), es muy difícil, que un matrimonio sobreviva, me imagino. Porque el sujeto no entiende su supervivencia en términos de evolución, y desarrollo y despliegue como ser humano, sino en tanto siga formando parte de la coalición, en sentido contrario y retrocediendo siempre, quedándose apresado ahí, en apariencia de adulto responsable e independiente pero incapaz por estancamiento, moviendose por impulsos o inercia, pero sin poder general o diseñar con entusiasmo su vida, presos de nostalgia e inseguridad, poco comprometidos y con poca empatía, pasivos en todo lo que a su autonomía y autorespeto concierne.
    Quisiera saber como se perfila una situación así, como encarar una proyección de la propia vida cuando la encuentro tan condicionada. Y qué herramientas existen para que un individuo salga de esa coalición, y deje de creer que todo lo que venga de un progenitor es pura bondad.
    Muchas gracias

    • Hola, gracias por tus palabras. El caso que comentas es muy complejo y nosotros no podemos darte una respuesta concreta, es algo que requiere una intervención por un especialista y ahora mismo nosotros no realizamos terapia, lo siento.

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