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Tal vez no has oído hablar antes del Efecto Golem. Y es que, para quien no está un poco familiarizado en el campo de la psicología y más concretamente, de la pedagogía, este concepto suele ser totalmente desconocido. Hoy te explicamos qué es y en qué consiste.

Para entender el Efecto Golem… Necesitamos recordar el Efecto Pigmalión

Para explicar el Efecto Golem, lo mejor es recurrir a su hermano pequeño, el Efecto Pigmalión. En realidad, ambos efectos son “opuestos”, hasta el punto de que, en muchas ocasiones, al Efecto Golem se le llama también “Efecto Pigmalión Negativo”.

Entones… ¿Qué es el efecto Pigmalión?

Pues no es más que un suceso en el cual una persona consigue lo que se propone a partir de la creencia de que puede conseguirlo, en un proceso de profecía autocumplida, y que viene potenciado por un tercero.

Como puedes suponer por la definición que acabamos de dar, esto es especialmente importante, y se da con gran frecuencia en las escuelas. Allí, los profesores potencian a los niños y éstos, al sentir que pueden hacer algo, acaban haciéndolo, aunque quizá, por sí mismos no habrían sido capaces.

Pero… ¿Qué es el Efecto Golem, entonces?

Pues todo lo contrario. Es el proceso según el cual una persona condiciona a un tercero para que su autoestima disminuya y crea que no es capaz de hacer algo, de tal forma que, mediante una nueva profecía autocumplida, definitivamente no pueda hacerlo.

Evidentemente, en ambos casos, lo sucedido se retroalimenta: Si eres logras algo, acabas creyéndote que eres capaz de más cosas; si no logras algo, acabas creyéndote que no eres capaz de lograr nada.

¿En qué ámbitos se da el Efecto Golem?

El Efecto Golem (así como el Efecto Pigmalión) tiende a darse, principalmente, en el entorno académico. Sin embargo, éste no es el único campo en el que se puede dar. También es frecuente verlo en el campo laboral y en el campo social.

Un ejemplo en el campo educativo

El campo educativo es donde más se ha estudiado este efecto, de la mano de Rosenthal y Jacobson, que lo estudiaron en relación a la profecía autorrealizada.

Lo que descubrieron fue que los maestros “clasificaban” inconscientemente a los alumnos, de tal forma que determinaban (de forma irracional) quién tenía posibilidades de obtener buenos resultados y quién no las tenía.

Después, mediante la forma en que trataban a unos y a otros, se acababa cumpliendo la previsión que habían hecho.

Por ejemplo, supón dos alumnos, uno que se sienta en primera fila y uno que se sienta en la última. El profesor sin ningún motivo aparente, considera que el de delante tendrá más probabilidades de obtener buenas notas que el que se sienta en la parte de detrás.

Entonces, durante el curso, estimula más al que está delante y es más benévolo con él (por ejemplo, dejándole más tiempo para responder a las preguntas que formula), mientras hace lo contrario con quien se sienta atrás.

A lo largo del tiempo, el que se sienta delante, al estar más estimulado, responde mejor y va obteniendo mejores calificaciones, confirmando el prejuicio del profesor, y haciendo que se retroalimente el fenómeno. Lo mismo, pero a la inversa, sucede con el que se ha sentado atrás.

Al final del curso, el que se sentó delante obtendrá unos mejores resultados que el que se sentó detrás, aunque, en la situación de partida, ambos eran exactamente iguales (quizá incluso el de atrás tenía mayores probabilidades de éxito en un primer momento).

En este caso, el que se ha sentado delante ha sido beneficiado por el Efecto Pigmalión, mientras que el que se sentaba en la parte de detrás se ha visto perjudicado por el Efecto Golem.

En otros campos

Esto resulta bastante evidente en el campo educativo, porque, además, los niños son más moldeables que los adultos. Sin embargo, también se puede dar en otros ámbitos. Por ejemplo, en el laboral es también muy frecuente.

Podemos pensar, por ejemplo, en un empleado que “le cae en gracia” al jefe. Este trabajador será consciente de ese mejor trato, y, en consecuencia, se esforzará por satisfacer a su jefe. Sin embargo, ese trabajador que está en la situación opuesta también será consciente de ese trato diferente, y su rendimiento, en consecuencia, será peor.

Esto es algo que también puede verse en otras áreas sociales, aunque no siempre con la misma intensidad ni de forma tan evidente. Es por ello que debemos ser capaces de superar nuestros prejuicios y sesgos para posibilitar que todos a nuestro alrededor den el 100%.

Como puedes ver, es importante conocer el Efecto Golem, porque puede que nuestro hijo (o, quién sabe, quizá nosotros mismos) esté sufriéndolo, y eso le esté impidiendo dar el 100% de su potencial (además de, poco a poco, ir mermando su autoestima).

El efecto Golem o efecto Pigmalión Negativo
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