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Existen ciertas situaciones cotidianas que no podemos planear ni controlar, algunas de estas pueden ser: atentados terroristas, desastres naturales (terremotos, tsunamis, huracanes, etc.). Sin embargo, debemos tener la capacidad de saber que existe una posibilidad de que sucedan y por tanto hay que contar con los recursos psicológicos necesarios para poder afrontarlos de la mejor manera, por eso hoy hablaremos sobre los primeros auxilios psicológicos en niños y adolescentes, ya que de acuerdo a la edad cronológica y mental también varía la forma de llevarlos a cabo.

¿Qué son Primeros Auxilios Psicológicos?

Es la atención inicial que se recibe inmediatamente después de haber experimentado de forma directa o indirecta un evento traumático (por ejemplo: un abuso, la muerte de un ser querido muy allegado, un atentado o un terremoto, entre otros). También se conocen con la abreviatura P.A.P., se pueden realizar en las 72 horas después del incidente o máximo en las 6 semanas siguientes.


Como los primeros auxilios médicos, los PAP debe realizarlos una persona que esté capacitada en el tema (preferiblemente que tenga alguna relación con el área de la salud), pero si es eres padre o madre de familia, también puedes aprender algunos consejos para poder estar preparado con tus hijos.

Objetivos de los PAP

Los primeros auxilios psicológicos tienen 6 propósitos: brindar seguridad física y emocional a los afectados, sin hacer falsas promesas ni quitar importancia al evento traumático vivido. Además, estabilizar a la persona, dando información concreta, clara y breve, sin obligar a hablar a la persona.

El tercer objetivo es permitir la conexión con la red social de apoyo, es decir, ayudar a que establezca contacto con sus seres queridos como: cónyuge, hermanos, primos, etc. (especialmente si es un niño/a). El siguiente a lograr es promover la autoeficacia y eficacia del grupo, donde se le da prioridad a sus problemas o dificultades y se normalizan sus emociones, explicándole a la persona que sus reacciones son normales ante una circunstancia como la vivida.

También hay que facilitar el afrontamiento, a través del inicio del proceso de duelo ante el evento traumático, especialmente para evitar conductas negativas como la evitación y/o negación. Y finalmente ofrecer los recursos (tanto internos como externos) que se encuentran disponibles.

Fases de PAP de acuerdo a la edad del niño o adolescente

Existen 5 fases básicas dentro de los PAP las cuales van variando en el abordaje de acuerdo a la edad en que se encuentre en niño. Estas son: contener, calmar, informar, normalizar y consolar.

  1. De 0-3 años: al contener evita separarte del niño, dale un espacio para que llore o grite de forma controlada. Al calmar procura de ayudar que se relaje y se siente comprendido. Al informar trata de explicarle con frases cortas que esta pasando, jamás le mientas. Al normalizar intenta establecer una rutina de comidas y sueño, ponle límites razonables para las pataletas (o rabietas). Al consolar permítete realizar actividades positivas con el niño, ayúdale a que exprese sus sentimientos con juegos.
  2. De 3- 6 años: al contener asegura la comodidad y descanso, demuéstrale tu cariño. Al calmar háblale de forma suave y trata de distraerlo con su imaginación. Al informar, ser honesto y responde sus preguntas. Al normalizar intenta establecer una rutina de comidas y sueño, ponle límites razonables para las pataletas (o rabietas). Al consolar permite que haga tareas productivas, mantenle activas las rutinas familiares.
  3. De 6-9 años: al contener ayúdale a encontrar un equilibrio entre sus emociones y pensamientos. Para calmarle, dale razones que le ayuden a tranquilizarse, por ejemplo, recordándole una situación previa en que supo controlar sus miedos. Al informar no des más información de la que te pregunta y averigua qué sabe el niño sin presionarlo. Al normalizar los sentimientos, se promueve que se exprese cómo se siente, si está irritable dile que lo entiendes y que poco a poco tiene que aprender a manejarlo. Al consolar permite que a través de juego o dibujo recree lo que vivió y ayuda a que retome sus rutinas cotidianas (ej: colegio).
  4. De 9-12 años: al contener asegura de darle su espacio para que pueda estar solo. Al calmar dile situaciones previas similares y cómo las supo manejar, dale espacio de que se distraiga (haciendo deporte, viendo una película, saliendo con amistades). Al informar trátalo como un adulto, sin evasivas, fomenta que te pregunte más cosas. Al normalizar, anímalo a expresarse (sin obligarlo). Al consolar conversa con él/ella sobre que actividades harían que se sintiera mejor y haz que retome sus rutinas diarias.

En conclusión…

Es prioritario que no solo los adultos nos preparemos para este tipo de circunstancias, sino también hacerlo con los niños (as) y adolescentes de forma que vayan adquiriendo habilidades de afrontamiento de cualquier situación inesperada que pueda llegar a producir un trauma psicológicamente hablando. Recordemos que… ¡la idea es prevenir y no tener que lamentar!

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