En un artículo publicado en la revista Science Daily, científicos de la Universidad de Londres descubrieron que las abejas aprenden a volar la ruta más corta entre las flores, aún si éstas cambian de orden, es decir saben resolver el problema del viajante a una velocidad superior a como lo haría un ordenador.

El “problema del viajero” (también conocido como el problema del viajante de comercio) es uno de los problemas más estudiados en el campo de la optimización combinatoria computacional. Y aunque, a simple vista encontrar la ruta más rápida para localizar flores parezca algo simple, en realidad es un problema matemático más complejo de lo que pensamos y que puede traer más de un quebradero de cabeza.

El objetivo del “problema del viajero” es encontrar una ruta que, comenzando y terminando en una ciudad concreta (A), pase una sola vez por cada una de las ciudades (B, C y D) y minimice la distancia recorrida por el viajero. Éste es un problema al que la mayoría de los alumnos de carreras relacionadas con la informática deben enfrentarse en algún momento de sus estudios.

Un ordenador potente puede pasar varios días dando vueltas a este problema antes de dar una respuesta. Por ejemplo, si el ordenador fuera capaz de calcular la longitud de cada combinación en un microsegundo, tardaría un poco más de 3 segundos a resolver el problema para 10 ciudades, algo más de medio minuto a resolver el problema para 11 ciudades y 77.146 años en resolver el problema para sólo 20 ciudades.

Pero según este estudio, curiosamente, las abejas pueden resolver este intrincado problema sin la ayuda de ningún ordenador y de forma natural con un cerebro tan pequeño como una semilla.

Pero, ¿podemos llegar a la conclusión de que el cerebro de una pequeña abeja es superior al de un superordenador? Parece que cuando se trata de resolver este problema la respuesta es “si”.

“En su ambiente natural las abejas necesitan visitar cientos de flores cada día, siguiendo una ruta que minimice la distancia recorrida”, explica Lars Chittka, uno de los autores de la investigación. “No está nada mal,  sobre todo si consideramos que el cerebro de este animal no es más grande que la cabeza de un alfiler”, añade.

Los científicos diseñaron un experimento en el que se dispusieron flores artificiales sobre un terreno para comprobar si las abejas se limitaban a seguir una ruta fija, dictada por el orden en el que descubrían las flores o si, por el contrario, podían encontrar rutas más cortas y eficientes. Los expertos descubrieron que, tras explorar el terreno para determinar la ubicación de las flores, las abejas rápidamente comenzaron a visitarlas siguiendo el camino más corto. En otras palabras, habían resuelto el “problema del viajero”. Hasta donde sabemos, es la primera vez que se demuestra que un animal puede resolver un problema semejante.

Por ello, concluye diciendo, que dado que nuestro estilo de vida se basa en redes como el tráfico en las carreteras, el flujo de información en la web, etc. hay que seguir estudiando a las abejas para podemos aprender de ellas y conseguir mejorar la gestión en nuestras redes.

La inteligencia de las abejas
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  • Excelente información ; desconocida por mi. Nos obliga a trabajar con nuestra mente, para ser prácticos y eficientes en nuestras actividades . Gracias.