La Indefensión Aprendida

Indefensión Aprendida y depresión

A partir de la demostración inicial del efecto de indefensión (Overmier y Seligman, 1967), se inició una enorme cantidad de investigación sobre los efectos de la incontrolabilidad aversiva con diferentes tipos de estudios.

La comprobación de que los déficits inducidos mediante indefensión aprendida (es decir, la exposición a una situación aversiva inescapable) guardan una estrecha semejanza con los síntomas observados en la depresión humana, llevó Seligman (1975) a proponer que la indefensión aprendida podría ser un modelo adecuado para el estudio de la adquisición de la depresión en humanos, el cual, de hecho, incrementó el interés y la investigación sobre dicho fenómeno.

Atribuciones internas y depresión

La propuesta de la indefensión aprendida como modelo de adquisición de la depresión significó una enorme cantidad de investigaciones sobre las relaciones entre indefensión y depresión. Más recientemente, estas investigaciones se centraron en la importancia del estilo atribucional en la depresión, y se demostró la existencia en las personas depresivas de un estilo atribucional específico que agrava el mencionado estado depresivo. Hemos caracterizado este estilo atribucional como la tendencia a atribuir los fracasos a causas internas, estables y globales. Pero si esto es así y el estilo atribucional influye en la depresión, deberíamos acordar que si cambiamos el estilo atribucional, no solamente podemos mejorar el estado depresivo, sino incluso prevenir su aparición. Investigaciones recientes permiten predecir dichos efectos.

Podemos asumir, por tanto, que existe una estrecha semejanza entre los síntomas depresivos y las consecuencias de la indefensión.

De todos modos, lo que es realmente importante es que cada vez que un individuo experiencia una situación aversiva incontrolable (situación traumática y / o fracaso), se produce una “indefensión” que genera una vulnerabilidad a la depresión además de una indefensión más grandes en el futuro. Esta vulnerabilidad se produce porque el individuo desarrolla atribuciones internas, estables y globales, al menos para este tipo de situaciones. Pero cuando esta sensación de indefensión se expande a múltiples situaciones diferentes y el individuo desarrolla un estilo atribucional depresogénico, se inicia un proceso irreversible y el individuo se introduce en un túnel que conduce inevitablemente a la depresión clínica.

El modelos de la indefensión aprendida ha potenciado, además, el desarrollo de unas técnicas más eficaces de tratamiento de la depresión y ha llevado al reconocimiento de que el tratamiento de la depresión depende de la utilización de conjuntos de técnicas cognitivas, la eficacia terapéutica es ya reconocida , sobre todo por los mejores resultados a largo plazo que las mismas terapias farmacológicas típicamente usadas en el tratamiento de la depresión.

Todo este conjunto de resultados no sólo avala el poder explicativo del modelo de la indefensión aprendida en la adquisición de depresión, sino también su potencia aplicada, dado que es posible predecir poblaciones de riesgo en la adquisición de depresión y, incluso, deducir técnicas fiables de prevención de la misma depresión y la indefensión.

En resumen, la indefensión aprendida se puede aplicar a diferentes campos, no solamente clínicos, sino también educativos y sociales, y en este sentido puede representar un ejemplo para el desarrollo de modelos similares de otros comportamientos alterados. Hasta qué punto seamos capaces de conseguirlo, dependerá de nuestra propia capacidad futura de investigación.

Indefensión Aprendida y fracaso académico

Centrándonos en el modelo de la indefensión aprendida, podemos asumir que una situación de fracaso escolar puede convertirse en una situación aversiva e incontrolable para muchos individuos y, por tanto, susceptible de iniciar un proceso de indefensión.

Si asumimos que un fracaso académico, especificado en la obtención de malas calificaciones, se puede considerar como una situación aversiva, cuando el individuo la experiencia como incontrolable, se produciría el efecto de indefensión aprendida que induce un estado emocional alterado, trastornos cognitivos específicos y trastornos motivacionales que inducirán más fracaso posterior y, a más largo plazo, puede inducir un estado de depresión.

Ahora bien, siempre según el modelo, la incidencia mayor o menor de dicha indefensión dependerá críticamente del tipo de expectativas y de atribuciones que desarrolla el individuo en esta situación. Por ello, la existencia de expectativas negativas y atribuciones globales, internas y estables para dicho fracaso, conlleva el inicio de una serie de consecuencias comportamentales predecibles, las más importantes consecuencias serían: depresión, fracaso y aislamiento social.

Por tanto, una vez que ocurre una situación de fracaso escolar, es posible lo siguiente:

  • Detectar poblaciones de riesgo de la adquisición de depresión, y estarían constituidas por estudiantes que han sufrido un fracaso escolar y que tienen un estilo atribucional depresogénico.
  • Diseñar técnicas que permitan el control de dichas situaciones aversivas. Dichas técnicas englobarían dos tipos de componentes:
    • Componentes cognitivos, que se estructura en módulos que permitan el entrenamiento en reatribuciones, control de expectativas y otros.
    • Componentes conductuales, que complementan los componentes cognitivos, y que englobarían: entrenamiento en habilidades sociales, y / o técnicas de solución de problemas.

Los resultados de estudios diferentes son bastante indicativos de las posibilidades de prevención, tanto del fracaso escolar como, sobre todo, de la depresión consiguiente a dicho fracaso.

Experimentos sobre la Indefensión Aprendida y la prevención de la depresión y el fracaso escolar

Wilson y Linville (1985) hicieron un estudio en el que seleccionaron estudiantes universitarios que suspendieron en el primer trimestre. Una parte fueron entrenados en técnicas de reatribución para que utilizaran un estilo atribucional normal y evitaran atribuir las causas de sus fracasos a factores o causas internas, estables y globales. Al final de curso, este grupo de individuos mejoró su sensiblemente los resultados académicos y obtuvo calificaciones superiores que el grupo de control que no fue sometido a entrenamiento en reatribución, lo que demuestra la importancia de las atribuciones en la indefensión y en el resultado académico tras un primer fracaso.

Posteriormente, Gillham, Reivich, Jaycox y Seligman (1995), realizaron un estudio con un grupo de niños que tenían doce años y problemas depresivos al inicio de la investigación aprendieron durante varias sesiones a mejorar su estilo atribucional y técnicas de solución de problemas. Cuando compararon los resultados obtenidos con un grupo de control sin tratamiento, no solo encontraron que los individuos del grupo de prevención mejoraban sensiblemente su estado anímico como consecuencia del tratamiento, sino que, sobre todo, no empeoraban en los dos años siguientes. Sin embargo, en el grupo de control se fue produciendo un empeoramiento progresivo que produjo un número significativamente mayor de casos de depresión.

Los resultados del segundo ejemplo sugieren que el problema es que una primera exposición a una situación de fracaso o depresión leve se convierte en un potente predictor o factor de vulnerabilidad al fracaso y la depresión posterior, como postula justamente el modelo de la indefensión aprendida.

Además, es interesante comprobar que en los estudios sobre la eficacia de las técnicas cognitivas en el tratamiento de la depresión, las diferencias se observan sobre todo porque dichas técnicas evitan o reducen la recaída más que las técnicas farmacológicas normalmente usadas con depresivos (Evans, Hollon y DeRubeis, 1992; Tracie, Shea, Elkin y Imber, 1992).

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