niño perdido

No son pocos los experimentos psicológicos que se vienen repitiendo desde hace unos años por parte de la comunidad científica. Uno de los más populares e inquietantes es sin duda el experimento del niño extraviado o perdido.

¿En qué consiste el experimento del niño extraviado o niño perdido?

En realidad, este experimento es sumamente sencillo. Tanto es así, que se ha repetido en varias ocasiones por diferentes personas, en distintos lugares e incluso dando lugar a unas cuantas variantes. Pero, en esencia, todas ellas parten de lo mismo.

En primer lugar, se trata de repartir dentro de una zona concreta varios carteles con la foto de un niño que está supuestamente perdido. A continuación, es interesante observar cómo usualmente muchas personas se acercan al cartel.

Nuestra naturaleza humana nos hace ser curiosos, y más aún cuando se trata del extravío de un niño pequeño o, en definitiva, de un ser indefenso. Así, no es de extrañar que muchas personas se interesen por la apariencia del pequeño, por si acaso pudieran ayudar a dar con él.

Pero el experimento no ha hecho más que empezar, y es que lo más interesante de todo viene ahora. Poco después, y una vez nos hemos asegurado de que suficientes personas se han interesado por el cartel y la foto del niño, aparece ese niño supuestamente abandonado en el mismo lugar.

Durante unos minutos, ha de permanecer ahí, haciendo lo que todo niño pequeño tiende a hacer: jugar. Lo siguiente que podríamos esperar es que todas las personas que han visto su foto unos minutos antes ahora fuesen hacia él para tratar de recuperarlo, ¿no es verdad?

Pues lo cierto es que no, ya que todos los experimentos de este tipo que se han ido realizando durante años al final tienen el mismo resultado: las personas no han sabido prestar atención o reconocer al niño. Y eso que, previamente, habían depositado toda su atención en su imagen.

Pero, para más inri, poco después aparece un entrevistador por la zona para preguntar a los mismos transeúntes si serían capaces de reconocer al niño que han visto en la foto. ¿Adivinas su respuesta? Todos ellos alegan que sí. Sin embargo, la experiencia demuestra que es todo lo contrario.

¿Cómo es esto posible? La verdad es que, al contrario de lo que muchas personas piensan, no prestamos tanta atención a nuestro alrededor como creemos. Lo cierto es que no podemos enfocarnos y acordarnos de todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Esto tiene un nombre, y se le llama sesgo de atención, y explica el hecho de que solo seamos capaces de percibir únicamente lo que consideremos más relevante, aunque luego en realidad no lo sea.

Pero lo más inquietante es, sin duda alguna, el hecho de que sí creemos que lo estamos haciendo. Esto tiene un nombre: sesgo de punto ciego, y viene a significar que somos mucho más sesgados de lo que en verdad nos pensamos.

Otros experimentos similares

Algunos investigadores y psicólogos han querido ir más allá, proponiendo variantes de este mismo experimento. Así, dan lugar a otros resultados igualmente curiosos que dan mucho que pensar acerca de nuestra manera de percibir.

En el año 2016 se llevó a cabo uno de estos experimentos en el Washington Square Park, situado en Manhattan, Nueva York. En este mismo lugar se abandonaron de forma controlada y vigilada por cámaras ocultas a cuatro sujetos, todos a la vez.

El primero de ellos era un niño de seis años. También se dejó a su suerte a otra niña de la misma edad. Para completar el experimento y observar todas las variables posibles, también se dejaron en el mismo lugar a un perro y un gato. Ahora había que observar si eran rescatados y en qué orden.

Los resultados no pudieron ser más sorprendentes. La niña de seis años fue la primera en ser rescatada, seguida por el perro y finalmente la gata. Durante los 45 minutos que duró el experimento, absolutamente nadie fue a rescatar al niño, aunque solamente tuviese seis años.

Otros experimentos similares han demostrado que solamente se ayuda a los niños bien vestidos y de razas que denoten un buen estatus social. Si la apariencia de los pequeños parece indicar que se trata de alguien de pobres recursos, la cosa cambia.

¿Qué podemos aprender de este tipo de experimentos psicológicos?

La conclusión parece ser muy clara: aunque creemos que nos fijamos bien en las cosas que suceden a nuestro alrededor, lo cierto es que no es así. He incluso tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de atención.

La otra consideración son los prejuicios que nos animan o nos impiden ayudar a otros seres humanos, por muy pequeños y desvalidos que sean. En el experimento de Nueva York se identificó a la niña y a los animales como seres desprotegidos, pero no pasó lo mismo con el niño, siendo también pequeño.

¿Estamos ante un caso de prejuicios sexistas (más concretamente machistas por creer que solo la niña necesita protección)? ¿Si la niña hubiese sido vestida con harapos y con una apariencia más desaliñada, se le habría rescatado tan rápidamente?

En cualquier caso, estos experimentos psicológicos no solamente sirven para demostrar ciertas teorías. También han de servir para hacernos recapacitar y que nos preguntemos cómo nosotros mismos y la sociedad general está evolucionando.

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