Alejandro Magno

Sus últimas palabras en Babilonia

Alejandro de Macedonia murió, según los cómputos cronológicos, en Babilonia, el día 13 de junio del año 323 a.C. Este joven rey, de tan solo 32 años, pasaría a la posteridad como el gran Alejandro Magno. Cuando se produjo su muerte, se encontraba rodeado por todos los generales de su gran ejército.

Encontrándose en el lecho de muerte, ya sin ninguna lucidez, sus generales le instaron para que declarara a quien dejaba como heredero de su reino. Los labios de Alejandro apenas se movieron y balbuceó una sola palabra. Ninguno de los presentes  se puso de acuerdo sobre esa postrera palabra pronunciada por su caudillo moribundo.

Unos creyeron que había dicho “Kratisto”, que quiere decir “al más fuerte”. Otros, pensaron que había dicho el nombre de “Herakles”, que era su hijo de cuatro años, fruto de su unión con Barsina, su cuarta e ilegítima esposa. Tal vez pronunció otras palabras parecidas, pero cada uno entendió lo que más convenía a sus propios intereses.

Pocos instantes más tarde, murió aquel hombre que se creía hijo de los dioses. Su muerte aparece ligada fatídicamente al número 3 pues falleció tras 13 días de enfermedad, en el año 13 de su reinado, 3 semanas antes de cumplir los 33 años, en el día correspondiente, en nuestro calendario, al 13 de junio del año 323 a.C.

La muerte de Alejandro Magno

El joven macedonio

Alejandro III de Macedonia era hijo de Olimpia de Epiro y Filipo II de Macedonia. Fue educado para gobernar, recibiendo de su padre la formación militar y de Aristóteles una sólida formación intelectual.

Tras el asesinato de su padre, Filipo, heredó el trono y prosiguió el plan paterno de unificar las ciudades griegas  y conquistar todo el imperio persa, enemigo secular del pueblo griego.

No es necesario explicar, pues es bien conocido, lo que realizó Alejandro III de Macedonia en sus trece años de su reinado. Baste decir, que en tan escaso periodo de tiempo, desde su pequeña región natal en Macedonia, conquistó toda Grecia, Asia Menor y extendió su imperio desde la India a Egipto.

Un mito para la posteridad

Alejandro se creía hijo de un Dios y su aspecto así podía hacerlo creer. Era un joven vigoroso, de cabellos rubios y ensortijados, de estatura mediana. Era esbelto, pero de gran fortaleza. Tenía los ojos claros, la cabeza alargada y una personalidad fascinante.

Su imagen enamoró a toda la Antigüedad e incluso a los más regios caballeros de nuestra Edad Media. No olvidemos que Alejandro es el ídolo caballeresco de la Época Medieval y uno de los iconos de la caballería andante. Alejandro deslumbró tanto a los caballeros medievales europeos, como había deslumbrado a sus contemporáneos en la Antigüedad.

Aunque su enorme imperio fue efímero y sus sucesores, se mancharon las manos de sangre y dilapidaron su herencia, la historia nos ha dejado la imborrable imagen de un mito. Un héroe conquistador que se creyó hijo de un Dios, que brilló como nadie hasta el final de su corta vida: el más fiero en la batalla, el más sabio en la organización del estado, el más valiente y más arrojado en la lucha, el más hablador y convincente de los filósofos, el más bebedor en las orgías, el que más amó a sus amigos, el más indiferente con las mujeres, pero también, el más cruel administrando justicia.

Alejandro tenía una piel de blanca finura, bronceada por el sol de Oriente. Un hombre con una frente amplia y despejada, a quien los dioses ungieron para alcanzar el poder. Un tipo espléndido, sin lugar a dudas, que cayó fulminado en Babilonia en la cumbre de su poderío, días antes de partir con su flota para conquistar la misteriosa África.

Alejandro Magmo consultando el Horáculo de Apolo por Louis Jean Francois Lagrenée

Teorías sobre su muerte

Su enfermedad duro trece días y de la evolución de la misma tenemos noticias y descripciones pormenorizadas. Pero ¿cuál fue la causa de la muerte de aquel hombre robusto que había sobrevivido a decenas de heridas de guerra (a veces de forma casi milagrosa), que habían marcado con cicatrices su piel?

Envenenamiento

Existen distintas y variadas hipótesis. La primera teoría es la del envenenamiento. Arriano de Nicomedia, que fue su biógrafo personal,  recogió esta noticia aunque no le dio demasiada credibilidad.

Al parecer, Alejandro fue envenenado por orden de Antípatro, que era su gobernador en Macedonia. Éste, habría dado a su hijo Casandro, un veneno que llevó escondido en la herradura de una mula y que entregó al copero de Alejandro. El copero, llamado Jollas, que era hijo de Antípatro y hermano de Casandro, mezcló el veneno con el agua y el vino de la copa de Alejandro. En la noche del 30 de Mayo, durante un banquete en casa de Tesalio Medius, Alejandro se despidió personalmente de sus soldados, antes de partir a Africa, bebió el vino y al poco rato se sintió indispuesto.

Esta interpretación de su muerte es algo retorcida y parece más probable que muriera de peritonitis, pancreatitis aguda, malaria o fiebre amarilla. La tesis del envenenamiento fue defendida con ardor por su madre Olimpia, pues era una declarada enemiga de Antípatro y por motivos políticos le interesaba culpar a éste de la muerte de Alejandro.

Los síntomas de la muerte de Alejandro no parecen cuadrar con ninguno de los venenos más usados en la Antigüedad, pues su muerte duró 13 días y los venenos al uso eran de rápidos y letales efectos. Ninguno de los venenos conocidos provoca un cuadro febril mantenido durante días, como el que padeció Alejandro Magno.

Alejandro Magno - Batalla de Gaugamela

Peritonitis. Pancreatitis aguda

En lo referente a una posible peritonitis, hubiera sido muy difícil de diagnosticar con los conocimientos médicos de la época, al igual que una pancreatitis aguda. En contra de estos hipotéticos diagnósticos está el hecho de que en los días previos a su enfermedad comía con voracidad y gozaba de una salud envidiable. Durante los primeros cinco días de su dolencia mantuvo intactas sus ganas de comer. Por otra parte estas dos enfermedades presentan un cuadro muy agudo que evoluciona, sobre todo en aquella época, a la muerte en poco tiempo.

Malaria

La muerte por malaria o paludismo es el diagnóstico más aceptado por los historiadores, aunque resulta bastante extraño, que sus contemporáneos, que conocían sobradamente el paludismo no achaquen a esta enfermedad, tan común en aquella época, su muerte.

Hay que recordar que el paludismo fue una terrible plaga en la antigüedad. Ilustres investigadores y científicos afirman que “hay buenas razones para pensar que el paludismo desempeñó un papel importante en la decadencia y caída del imperio romano, de Grecia y del antiguo poder y civilización de la isla de Ceilán”.

Por otro lado, cuesta bastante trabajo creer que una persona, de la fortaleza de Alejandro pudiera morir en tan poco tiempo debido a una infección por malaria, por muy grave que ésta fuera.

Fiebre amarilla

Otra de las hipótesis más sugerentes sobre su muerte es que fuera producida por la fiebre amarilla. La fiebre amarilla es una infección vírica producida por un flavirus y transmitida por la picadura de un mosquito, principalmente el Aedes aegypti, aunque también pueden intervenir otros tipos de mosquitos. En la antigüedad la fiebre amarilla era también conocida como la enfermedad del “vómito negro”.

En sus formas graves produce un fracaso hepatorenal agudo, cursando con fiebre, cefalea, malestar general, hemorragias generalizadas, paladar blando con punteado hemorrágico, gingivorragias, vómitos de sangre negra y coagulada, melenas, ictericia, proteinuria y bradicardia a pesar del cuadro febril (signo de Faget). Al inicio de la infección cursa con leucopenia y neutropenia. En los casos más graves la muerte sobreviene por coma hepático o renal.

Alejandro Magno en su campaña en la India

¿Pudo morir de Fiebre Amarilla?

Es sabido que Alejandro venía, junto a su almirante Nearco, de inspeccionar los barcos de su flota, con la cual pensaba invadir la costa oriental africana. No es descabellado pensar que allí existiera una epidemia de fiebre amarilla. Esta enfermedad es transmitida por varias clases de mosquitos y, especialmente, el Aedes aegipty. Los síntomas de la Fiebre Amarilla encajan bastante con las descripciones de la enfermedad de Alejandro, dejadas por los cronistas.

Es más, una de las causas de muerte por Fiebre Amarilla es el fracaso hepático agudo que desemboca en un coma hepático final. A este respecto, los más ilustres investigadores están de acuerdo, en que la muerte de Alejandro fue debida a un fracaso hepático.

Cuentan los cronistas como en el momento de embalsamar su cuerpo, a los siete días de su muerte, aún conservaba un cierto frescor vital sin la más mínima decoloración. Podríamos suponer, que siendo Alejandro de piel clara, aunque muy bronceado, el tinte amarillo de una ictericia post mortem podría simular un tono de piel más fresco, en contraposición a la lividez propia de cadáveres con piel poco bronceada.

Una salud extraordinaria

Cabe resaltar, que independientemente de la causa de su muerte, existe un hecho cierto, que es la extraordinaria salud de Alejandro Magno. El joven macedonio en sus treinta dos años de vida no había estado nunca enfermo. Recibió múltiples heridas, algunas de gravedad, en el pecho, en la zona occipital de su cráneo, y en la pierna. En la campaña del Indostán una flecha le hirió entre el abdomen y las costillas y estuvo durante varios días al borde de la muerte.

Sin embargo, Alejandro mostró una salud admirable y de todas esas heridas se curó rápidamente. Cuentan sus cronistas más cercanos, que en una de sus campañas, a los pies del Himalaya, se bañó en las heladas aguas de un río y sufrió un desvanecimiento, ante la fuerte impresión recibida. Salvo sus heridas de guerra y este suceso acuático nunca estuvo enfermo y gozó de una excelente salud.

Cabeza de Alejandro Magno

Alejandro Magno y la homosexualidad

Existen datos, más que contrastados para creer que Alejandro Magno, conforme a las costumbres de su época, era homosexual. Pese a ello, se casó en cuatro ocasiones: con Roxana, con la hija del rey Darío, Estateira, con la hija del rey Ochos, Parisatis, y con la hija del príncipe persa Artabazo, llamada Barsina. De ésta última tuvo un hijo llamado Heracles. De Roxana nacería un hijo póstumo llamado Alejandro.

Durante toda su vida tuvo un profundo amor por su amigo Hefestión, al que hizo casar en la ciudad persa de Susa, con la hermana de Estateira. Cuentan los historiadores que la muerte de Hefestión provocó en Alejandro un dolor inhumano: “Se encerró durante tres días en una habitación, junto al cadáver del amigo muerto, sin probar bocado, sin beber y sin comer, gritando y dando aullidos de dolor como si hubiera perdido el juicio”.

Antes de su muerte, como le ocurriría años más tarde al emperador romano Nerón, se enamoró de un eunuco persa de gran belleza. Dicen los cronistas que, con este esclavo, de nombre Bagoas, “más de una vez se le vio danzar y dar besos en los banquetes”.

Alejandro y Hefestión en la tienda de Darío III

El hijo de los dioses fulminado

La historia a veces nos depara grandes paradojas, y este hombre tan vital, que no había conocido la enfermedad, fue sorprendido por la muerte cuando nadie lo esperaba. Nadie podía suponer que un hombre, que se llamaba hijo de los dioses, y que vivía y actuaba como tal, pudiera morir de forma tan abrupta en pocos días.

Hoy la mayoría de los investigadores e historiadores piensan que su muerte fue debida probablemente a una enfermedad infecciosa, ya fuera la fiebre amarilla o la malaria. En cualquier caso, su súbita muerte puso fin a la vida de unos de los más grandes conquistadores que ha conocido la humanidad. En trece años conquistó y puso a sus pies gran parte del mundo conocido.

Nos cuesta trabajo imaginar hasta donde hubieran llegado sus conquistas, si la simple picadura de un mosquito en la desembocadura del río Éufrates, no le hubiera transmitido la fatídica enfermedad que acabó con su vida. Si el mosquito era un Anopheles, que le inoculó el paludismo, o un Aedes aegipty, portador de la fiebre amarilla, es irrelevante. Lo cierto es que su picadura acabó con un gran hombre y dio lugar al nacimiento de un mito inigualable.

La misteriosa muerte de Alejandro Magno
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