Divorcio hijos

Aunque la vida está basada en cambios constantes que nos empujan a adaptarnos para mejorar, algunos de los cambios que se producen a nuestro alrededor pueden suponer un esfuerzo de adaptación mayor que otros: como la pérdida de empleo, la muerte de un familiar o un cambio de residencia.

Toda la vida es cambio

A lo largo de las diferentes etapas evolutivas que atravesamos, las personas desarrollamos recursos y estrategias para hacer frente a los distintos cambios que se van sucediendo: la etapa escolar, interacción con nuevos grupos de compañeros y amigos, actividades extraescolares y extralaborales que nos suponen un reto, exploración de aquello a lo que nos queremos dedicar en la edad adulta, relaciones de pareja, entrada en el mundo laboral, etc.

Nuestras diferencias individuales marcan que no todas las personas nos adaptemos con la misma facilidad y rapidez a una misma situación, sino que contemos con más o menos habilidades/capacidades para poder afrontar la novedad.

Sin embargo, lo que podemos afirmar con bastante rotundidad es que la experiencia vital nos dota de competencias para hacer frente a diversas situaciones, competencias con las que no contamos (o no tan desarrolladas) en etapas más tempranas del desarrollo como la infancia y la adolescencia.

Uno de los episodios más difíciles para un niño (y también en la adolescencia temprana) es el afrontamiento del divorcio de sus progenitores, ya que debemos entender que sus principales figuras de referencia y protección dejan de constituir una unidad, y eso conlleva, de inicio, una importante inestabilidad a nivel emocional.

¿Qué afecta a los niños y adolescentes en un proceso de divorcio?

La respuesta “todo” resultaría demasiado generalista y poco clarificadora. Los niños desde los primeros años de vida son capaces de detectar cambios en la relación entre sus padres, así como percatarse de que la convivencia y las visitas han cambiado (en función de la custodia que se determine) con respecto a cómo era el funcionamiento familiar inicial.

Por otra parte, los mensajes con respecto al otro progenitor también se vuelven distintos (se omiten o, en el peor de los casos, se pueden volver “despreciativos”), lo que puede aumentar la sensación de confusión y vulnerabilidad en los menores.

La falta de organización, comunicación y planificación en los padres puede repercutir en inestabilidad emocional y problemas de conducta en los hijos, que buscan reclamar cierta atención para que sus necesidades no queden desatendidas y, así, poder seguir contando con el apoyo parental.

¿Cómo podemos ayudar a los niños y adolescentes a procesar el divorcio?

Debemos tener en cuenta que cada niño es diferente, así como lo es también cada familia, y tendremos que explorar las normas, comunicación e interacción entre los miembros en profundidad si vamos a realizar un trabajo psicológico más exhaustivo, pero a modo de guía para los padres hay algunas cuestiones básicas que pueden ser de utilidad a la hora de plantear un divorcio:

  1. Clarificar que el menor no tiene nada que ver con la decisión tomada. Una de las principales dudas que suele martirizar a un niño es sentir que es el responsable del divorcio de sus padres. Explicad de la forma más sencilla y clara posible cuál es la razón de la ruptura de la relación pero que nunca va a interferir en vuestro amor por vuestro hijo/a.
  2. Resolved dudas. ¿Con quién voy a vivir? ¿Tienes pareja nueva? ¿Me vas a querer igual? ¿Qué va a pasar con el cole? A veces estaréis cansados porque el proceso tampoco es fácil para vosotros, pero los niños necesitan entender, y para ello preguntan. Tratad de eliminar las evasivas y las respuestas demasiado ambiguas, cuanto más honestos seáis, más fácil será que esa pregunta no vuelva a plantearse.
  3. Eliminar mensajes negativos hacia el otro progenitor. No siempre se dan, lo cual es algo muy constructivo, pero a veces aparecen críticas hacia el otro progenitor que no hacen sino aumentar el malestar del niño que se encuentra en el medio de sus dos padres. No hace falta que alabéis al padre/madre de vuestro hijo/a si estáis dolidos por algo relativo al proceso de divorcio, pero al menos mantened la neutralidad por el bienestar emocional del menor.
  4. Facilitad una estructura en la mayor brevedad. Si habéis podido acordar un régimen de convivencia y visitas sin necesidad de un procedimiento judicial, será importante que lo trasladéis en la mayor brevedad a vuestro/s hijo/s para que puedan interiorizar el cambio de forma más sencilla.
  5. Facilitad los cambios y la comunicación con el progenitor no custodio. Sobre todo al principio, es posible que vuestros hijos quieran visitar al otro progenitor o hablar con él con frecuencia cuando no están juntos. Teniendo en cuenta que requerirán cierto tiempo para adaptarse a la nueva situación, tratad de mantener una comunicación relativamente fluida con vuestro exmarido/mujer para que los niños puedan hablar fácilmente con su padre/madre cuando no se encuentren con él sin que esto suponga un problema en el exmatrimonio.
  6. Mostraos como un equipo pese a haberos divorciado. Las normas de casa, castigos y recompensas, rutinas, toma de decisiones… Es importante que, en la medida de lo posible, los hijos sigan percibiendo a sus padres como un equipo pese a que ya no mantengan una relación romántica, y que puedan notar que residir en un domicilio u otro no supone un cambio drástico con respecto al funcionamiento cotidiano, lo cual incrementa su estabilidad emocional.
Irene Micó
Graduada en Psicología por la Universidad de Valencia en 2014. Trabajando como psicóloga en Dopsi desde 2017. Máster en Psicología Clínica y Salud: Estrategias Actuales de Intervención. ADEIT/Universidad de Valencia. Formación en Terapia Gestalt por el Instituto Francés de Terapia Gestalt (IFGT). Formadora para la reeducación y sensibilización vial en infractores de tráfico. Diplomas acreditativos de conocimiento en las siguientes áreas: Marco conceptual de la psicología clínica y de la salud, Counselling y su aplicación sanitaria, Técnicas terapéuticas básicas, Dinámica pericial, Reestructuración cognitiva, Mindfulness, Tratamiento de la depresión y la ansiedad.

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