Sea cual sea la relación que usted forme con sus semejantes, siempre e inevitablemente, ella tiene que ver con la que suele mantener con usted mismo.

El concepto de autoestima, tan llevado y traído en los últimos tiempos, deriva de lo que sentimos sobre nuestra forma de ser o el aspecto que presentamos en nuestro físico, y ese esquema conceptual condiciona el tipo de trato que nos damos y que damos a los demás.

Puede decirse, sin profundizar en la definición, que las personas con baja autoestima son aquellas que se califican con adjetivos denigratorios o que sienten no ser atractivos para otros y que, en general,  no parecen estar enrumbados hacia el éxito personal.

Este tipo de individuo tiende a establecer relaciones de dura autocrítica consigo mismo y le es fácil aceptar cualquier recriminación o señalamiento negativo que pueda provenir del medio externo por injustificada que este sea. Por ello, cuando se encuentra involucrado en una pareja, con frecuencia se dedica a tratar de ratificar que el otro no le quiere o que esa persona es secretamente infeliz con él (o ella).

Si logra comprobar que existe algún nivel de insatisfacción en su pareja, inmediatamente concluye que toda la relación está en peligro y puede caer en una posición depresiva o trata de cortar el vínculo drásticamente.

En casos en los cuales, la baja autoestima contiene elementos patológicos, el individuo puede “detectar” que su pareja está planeando dejarle y se anticipa descalificándola para tolerar mejor el abandono, o abandonándola antes de que el otro tome esa iniciativa.

La persona en un vínculo amoroso con alguien de baja autoestima, a menudo se esfuerza en hacerle ver que las cosas no son como él (ella) las ve. Hace lo posible por reasegurarlo(a) y demostrarle más afecto, con lo cual no solamente no logra su propósito, sino que a menudo obtiene un resultado contrario. El depresivo lo que deduce de ese comportamiento es que le tienen lástima o que se trata simplemente de otra forma de engaño para ocultar lo que su pareja realmente piensa de él (ella). A partir de este razonamiento puede deprimirse más  aislarse, o continuar en su afán por ratificar el desprecio que, según él, se le tiene.

Poco a poco, ese estilo de interacción va minando las bases de la relación y  produciendo un clima de tensión insoportable, el cual puede conducir al rompimiento definitivo.

Cuando se llega a este punto, al personaje en cuestión se le materializan todos sus temores y se pone en contacto con su escaso valor como persona, sumiéndose en una profunda melancolía o en una rabia enorme contra quien hasta hace poco era el objeto de su pasión.

Las personas de baja autoestima sufren terriblemente cuando tiene que separarse y en su mente surgen rivales poderosos que tomarán pos asalto su puesto en el afecto de la pareja, en el mismo instante en que ellos se alejen.

Sus celos son constantes y para tratar de calmarlos atosigan a la otra persona con preguntas o con acusaciones carentes de todo fundamento.

Necesitan una gran cantidad de reaseguramiento y nunca parecen estar en paz con su vida sentimental. Padecen de una inseguridad crónica la cual se refleja en casi todos los actos de la vida y especialmente expresada en el área de la sexualidad. Se sienten sumamente abatidos si su pareja no se muestra particularmente activa o excitada por su apariencia corporal o por sus habilidades amorosas. Esto los puede llevar a elevar excesivamente su angustia y como consecuencia, disminuir su apetito sexual, o a crear una disfunción, con el consecuente círculo vicioso que no ayudará ciertamente a obtener la satisfacción esperada.

En el otro extremo se encuentran aquellos que tienen una alta autoestima. Estos generan menor cantidad de problemas, especialmente cuando su nivel de bienestar consigo mismo se mantiene en grados lógicos y gratificantes para ambos en la pareja.

Los problemas surgen cuando la autopercepción positiva trasciende a grados de complacencia narcisista y el individuo comienza a llenarse de aire caliente y a ascender como un globo de vanidad, dejando a su compañera (o) relegado a un segundo o tercer plano.

Los narcisistas no buscan en una relación la gratificación del otro sino la suya propia. Con frecuencia establecen relaciones de poder o dominación, en las cuales ellos tienen que ser el centro de la atención o los receptores de todos los halagos.

Si la pareja tiene algunos atributos notables y que ellos no poseen, buscan disminuirlos con críticas severas e injustas. Si las virtudes personales del otro se ponen de manifiesto o son exaltadas en algún evento social o por otro tipo de comentarios externos, su respuesta es por lo general el retraimiento rencoroso, la agresión pasiva o el sabotaje abierto. Pueden hacer sentir culpables a sus parejas y acosarlas con descalificaciones y reproches arteros, alegando que se han vuelto seductoras hacia los demás y que su comportamiento, de muchas maneras es lesivo para el funcionamiento adecuado de la pareja.

Los narcisistas son personas vistosas y atractivas y por ello, al principio sus características negativas no son muy visibles. Luego, y tal vez muy tarde ya, comienza a aparecer el egoísmo exacerbado, las ansias de poder y una gran tendencia a la manipulación y a la infidelidad, la cual sienten como un derecho.

La pareja de un narcisista pocas veces realiza sus sueños iniciales y muy frecuentemente se encuentra inmensas decepciones en sus esperanzas.

En la vida sexual, por ejemplo, la satisfacción está condicionada al grado de admiración que él reciba por su ejecución. Si el narcisista cree que complacer ampliamente a su pareja en todos sus deseos eróticos le atraerá una especie de galardón como el “mejor atleta del año”, buscará a toda costa la comprobación de que ha conseguido su objetivo. Para los efectos, somete a su pareja a interrogatorios sobre las cumbres elevadas de placer que le ha hecho alcanzar y tratará de reasegurarse que nadie en la vida del otro se le puede comparar.

Cualquier demostración contraria, o cualquier señal de insatisfacción que pueda percibir le hará sentir amenazado y buscará reivindicarse urgentemente, ya sea con nuevas peripecias o con los consabidos ataques descalificadores hacia los demás.

La persona narcisista, por otra parte miente descaradamente y muchas veces las mentiras no pueden ser descubiertas pues para ellos no son sino verdades particulares que  dicen con la certeza del hecho real.

A la hora de una separación es cuando mayores dificultades aparecen. Si la pareja, cansada de recibir denigraciones e irrespetos decide abandonar la relación, lo más seguro es que despierte en el narcisista un sistema de alarma tal que lo lleve a una persecución incansable. Dentro de esta gama puede encontrarse desde aquellos que buscan despertar la compasión, mostrándose como víctimas inocentes del desapego amoroso de su pareja y tratando de que el otro se sienta culpable, hasta el que toma acciones represivas, las cuales pueden incluir la agresión física o el intento homicida.

Existen las variantes derivadas de las distintas modalidades personales, pero en líneas generales, los extremos de los polos de la autoestima son altamente peligrosos para la relación de pareja.

Es conveniente revisar los aspectos relativos a nuestra autoimagen y a la de los demás, así como a los mecanismos que utilizamos para elegir la pareja y detectar a tiempo los indicios de patología emocional que puedan existir, tanto en nosotros mismos como en aquellos que elegimos para compartir nuestro afecto y nuestra vida.

César Landaeta H.

1 Comentario

  1. Hola. Me gustaría recibir datos e información sobre la autoestima en los adolescentes. Y también sobre lo que sucede en el paso de la escuela primaria a la secundaria; en el sentido Psicosocial. Muchas gracias

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