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Jean Jacques Rousseau

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), filósofo, escritor y compositor francés, es conocido como uno de los pensadores más influyentes del siglo XVIII. Nació el 28 de junio de 1712 en Ginebra, Suiza. Su trabajo filosófico más relevante es el libro Discurso sobre las Artes y las Ciencias, donde discutía cómo la ciencia y las artes habían causado la corrupción de la virtud y la moralidad. Rousseau también fue un compositor y teórico de la música.

Citas célebres de Rousseau

La razón nos engaña a menudo, la conciencia nunca.

Prefiero ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios.

El hombre es un milagro sin interés.

Lo falso es susceptible de una infinidad de combinaciones; pero la verdad no tiene más que una manera de ser.

La falsedad tiene infinitas combinaciones, pero la verdad tiene solo una forma de ser.

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Es una previsión muy necesaria comprender que no es posible preverlo todo.

La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces.

El primer paso hacia el bien es no hacer el mal.

La gratitud es un deber que debiera ser recompensado, pero que nadie debe esperar la remuneración.

Nadie puede ser feliz si no se aprecia a sí mismo.

Los remordimientos se adormencen en la prosperidad y se agudizan en los malos tiempos.

Si quitáis de los corazones el amor a lo bello, quitaréis todo el encanto de vivir.

Para hacer escuchar lo que decimos, es necesario ponerse en el lugar de aquellos a quienes uno se dirige.

Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.

Es verdaderamente libre aquel que desea solamente lo que es capaz de realizar y que hace lo que le agrada.

Todo hombre es útil a la humanidad por el simple hecho de existir.

La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras.

Hay que avergonzarse de cometer una falta, no de repararla.

La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna.

Si hubiera una nación de dioses, éstos se gobernarían democráticamente; pero un gobierno tan perfecto no es adecuado para los hombres.

Las necesidades más dispendiosas son las que nos imponen la opinión.

Las ideas generales y abstractas son fuente de los más grandes errores humanos.

Siempre he creído que lo bueno no era sino lo bello puesto en acción.

Jamás he conocido las pasiones más odiosas, nunca ha invadido mi corazón la envidia, la maldad, ni la venganza… en ocasiones la ira, pero no soy muy hábil y jamás guardo rencor.

Quien no aborrece mucho el vicio, no ama mucho la virtud.

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Entre todos los animales, los Hombres son los menos aptos para vivir en rebaño. Si fueran apiñados como las ovejas perecerían en corto tiempo. El aliento del Hombre es fatal para sus semejantes.

La conciencia es la voz de las almas, las pasiones son las voces del cuerpo.

La libertad no es fruto que crezca en todos los climas, y por ello no está al alcance de todos los pueblos.

Las ciudades son el abismo de la especie humana.

Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde.

Disminuid los deseos; es como si aumentaseis las fuerzas.

Un hombre honrado no encontrará jamás una amiga mejor que su esposa.

A las plantas las endereza el cultivo; a los Hombres, la educación.

Una de las ventajas de las buenas acciones es la de elevar el alma y disponerla a hacer otras mejores.

Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho.

Trabajar constituye un deber indispensable para el hombre social. Rico o pobre, poderoso o débil, todo ciudadano ocioso es un ladrón.

Ser adulto es estar solo.

La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea precisado a venderse.

Toda ley que el pueblo en persona no ratifica, es nula.

¡Desgraciado aquel que no sabe sacrificar un día de placer a los deberes de la humanidad!

No es nada fácil abandonar la virtud; ella atormenta durante mucho tiempo a los que la abandonan.

Detesto más las malas máximas que las malas acciones.

El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe.

La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla.

El más fuerte no es nunca lo bastante fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.

Aún no ha nacido la persona que pueda amarme como yo amo.

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La clase de felicidad que necesito es menos hacer lo que quiero que no hacer lo que no quiero.

El hombre ha nacido libre y sin embargo, vive en todas partes, entre cadenas.

La libertad es alimento nutritivo, pero de difícil digestión. Es, por tanto, necesario preparar a los hombres mucho tiempo antes de dárselo.

El que se ruboriza ya es culpable; la verdadera inocencia no siente vergüenza por nada.

El hombre que más ha vivido no es aquél que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida.

Hay mucha diferencia entre viajar para ver países y para ver pueblos.

Si la razón hace al hombre, el sentimiento lo conduce.

Ley es la expresión de la voluntad general.

La verdad no lleva a la fortuna, ni el pueblo da embajadas, cátedras ni pensiones.

El hombre no está hecho para meditar sino para actuar.

La bondad de corazón y la equidad de un hombre honesto vale cien veces más que la amistad de un bellaco.

Sólo somos curiosos en proporción con nuestra cultura.

Celebro contigo un contrato en el cual todos los deberes están a tu cargo y todos los beneficios están a mi favor; contrato, que respetaré mientras se me dé la gana y que tú observarás mientras se me dé la gana.

Un buen padre vale por cien maestros.

El honor de un Hombre no está en mano de los demás; está en nosotros mismos y no en la opinión pública. No se defiende con la espada ni con el escudo, sino con una vida íntegra e intachable.

Las dos palabras esclavitud y derecho son contradictorias y se excluyen mutuamente.

No seréis nunca frailes si primero no sois monaguillos.

Las necesidades más dispendiosas son las que nos imponen la opinión.

Todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan.

Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza.

El hombre padece pocos males, si se exceptúan los que él mismo se atrae por el abuso de sus facultades.

Me siento demasiado superior para el odio.

El Hombre que no conoce el dolor no conoce ni la ternura de la humanidad ni la dulzura de la conmiseración.

Las injurias son las razones de los que tienen culpa.

Las leyes son siempre útiles para las personas que tienen bienes y dañinas para los desposeídos.

El derecho de voto es un derecho que nada ni nadie puede quitar a los ciudadanos.

El acento es el alma del discurso.

Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho.

Al salir de ciertas bocas, la misma verdad tiene mal olor.

En un mal gobierno, esta igualdad sólo es aparente e ilusoria. Sirve tan sólo para mantener al pobre en la miseria, y al rico en la usurpación. De hecho, la leyes siempre son útiles a los que poseen y perjudiciales a los que nada tienen.

La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado.

Nuestras controversias parecerán tan raras a las edades futuras, como las del pasado nos han parecido a nosotros.

La gratitud es un deber que debiera ser recompensado, pero que nadie debe esperar la remuneración.

Mi mayor desgracia ha sido siempre no ser capaz de resistirme a los halagos.

No conozco mayor enemigo del hombre que el que es amigo de todo el mundo

La fe es cuestión de geografía.

La juventud es el tiempo de estudiar la sabiduría.

La naturaleza ha hecho al hombre feliz y bueno, pero la sociedad lo deprava y lo hace miserable.

El alma resiste mucho mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada.

Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.

Lo malo no es el hombre, es la sociedad, pues está hecha para que el hombre caiga

No basta que una esposa sea fiel, es menester que su marido, sus amigos y sus vecinos crean en su fidelidad.

Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.

La posteridad me honrará… porque lo he merecido.

El hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas.

Donde quiera que veáis la moderación sin tristeza, la concordia sin esclavitud, la abundancia sin profusión, decid confiadamente; es un ser venturoso el que aquí manda.

Es muy difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que para vivir.

La democracia perfecta sólo puede existir en una sociedad de ángeles.

El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de ésta

No hacer el bien ya es un mal muy grande.

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