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Antonio Machado y Ruiz (1875 – 1939) fue un destacado poeta y dramaturgo español, y el representante más joven del movimiento conocido como la Generación del 98.

Sus obras iniciales poseían un estilo modernista que finalmente rechazó, adoptando lo que llamó “poesía eterna”, mucho más intimista y romántica. Se pueden distinguir tres etapas en su evolución artística. Su primer libro de poemas, conocido como Soledades, se publicó en 1902, y en 1907 publicó su segundo libro de poemas, Soledades. Galerías. Otros poemas (una versión ampliada de Soledades), donde se establecen sus vínculos con el romanticismo. Estos poemas evocan recuerdos y sueños y una identificación subjetiva del poeta con los fenómenos naturales, especialmente el ocaso.

En su segunda etapa, Machado se alejó de la introspección pura, y en Campos de Castilla (1912) buscó capturar el paisaje austero y el espíritu de Castilla en un estilo severamente denudado y sombrío. Sus últimas obras, Nuevas canciones (1924) y Poesías completas (1928), expresan profundos puntos de vista existenciales y reflexionan sobre la soledad del poeta. También escribió obras de teatro en colaboración con su hermano Manuel y una colección de reflexiones filosóficas con fuertes connotaciones existencialistas, Juan de Mairena (1936).

En 1927 fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Al estallar la Guerra Civil española, se encontraba en Madrid, desde donde se mudó con su madre y otros miembros de la familia a Barcelona. En enero de 1939 comenzó su viaje al exilio, pero murió repentinamente en Colliure.

Citas célebres de Antonio Machado

Nunca perdáis contacto con el suelo; porque sólo así tendréis una idea aproximada de vuestra estatura.

Las palabras más profundas del hombre sabio nos enseñan lo mismo que el silbido del viento cuando sopla o el sonido del agua cuando fluye.

Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: el despertar.

Todo necio confunde valor y precio.

En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad.

Peor que ver la realidad negra, es el no verla.

Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas.

De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra no es caridad.

Mi alma no está dormida. Está despierta, completamente despierta. No duerme ni sueña, sino que observa, con los ojos muy abiertos, cosas lejanas, y escucha a orillas del gran silencio.

Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.

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La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.

Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza.

Aprende a dudar y acabarás dudando de tu propia duda; de este modo premia Dios al escéptico y al creyente.

En el corazón tenía la espina de una pasión. Logré arrancármela un día: ya no siento el corazón.

Pensé que mi fuego estaba apagado, y revolví las cenizas… Me quemé los dedos.

Ayudadme a comprender lo que os digo y os lo explicaré mejor.

Lo que el poeta está buscando no es el yo fundamental, sino el yo profundo.

Evite los púlpitos, plataformas, escenarios y pedestales. Mantente al suelo duro. Es la única forma en que puedes juzgar tu estatus aproximado como hombre.

Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender.

Debajo de todo lo que pensamos, vive todo lo que creemos, como el último velo de nuestros espíritus.

¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad.

El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía; y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.

Hoy es siempre todavía.

No te fíes de las palabras: En esta vida encontrarás a muchas personas que viven mal y hablan bien.

Puestos a elegir entre la verdad y el placer de buscarla, elegiríamos lo segundo.

La primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido.

El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve.

Soñé – ¡error maravilloso! – que tenía una colmena aquí dentro de mi corazón. Y las abejas doradas estaban haciendo peines blancos y dulce miel de mis viejos fracasos.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras lo somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, no lo somos.

Tengo a mis amigos en mi soledad; cuando estoy con ellos ¡qué lejos están!

Cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida.

Para dialogar, preguntad primero; después… escuchad.

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Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.

La alegría consiste en tener salud y la mollera vacía.

Solo un tonto piensa que el precio y el valor son los mismos.

¿Dices que nada se crea?, no te importe, con el barro de la tierra, haz una copa para que beba tu hermano.

Los ojos porque suspiras, sábelo bien, los ojos en que te miras son ojos porque te ven.

Toda incertidumbre es fructífera… siempre que vaya acompañada del deseo de comprender

Entre vivir y soñar hay una tercera cosa. Adivínalo.

Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quien habla solo, espera hablar con Dios un día.

¿Para qué llamar caminos a los surcos del azar? Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar.

Tenga cuidado con la comunidad en la que no existe la blasfemia: por debajo, el ateísmo es desenfrenado.

Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.

Cuatro principios a tener en cuenta: lo contrario es también frecuente. No basta mover para renovar. No basta renovar para mejorar. No hay nada que sea absolutamente empeorable.

Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos…

En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote.

La ausencia de vicios suma muy poco a la suma de las virtudes de uno.

Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar.

Ni el pasado ha muerto ni está el mañana, ni el ayer escrito.

En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder… Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?

Los que están siempre de vuelta de todo son los que nunca han ido a ninguna parte.

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Descubrí el secreto del mar meditando sobre una gota de rocío.

Desgarrada la nube; el arco iris brillando ya en el cielo, y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto. Desperté ¿Quién enturbia los mágicos cristales de mi sueño?

A las palabras de amor les sienta bien un poquito de exageración.

Nadie puede arrojar luz sobre los vicios que no tiene o las aflicciones que ha experimentado.

Jamás perdona el necio si ve la nuez vacía que dio a cascar al diente de la sabiduría.

Todos nuestros esfuerzos deben tender hacia la luz.

Tu verdad no; la verdad y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

Hay dos clases de hombres: los que viven hablando de las virtudes y los que se limitan a tenerlas.

El único lenguaje viviente es el lenguaje en el que pensamos y tenemos nuestro ser.

Juzgarnos o corregirnos supone aplicar la medida ajena al paño propio.

Aquellos que niegan la existencia de la verdad postulan la verdad de su negación y se contradicen a sí mismos.

Nadie debe asustarse de lo que piensa, aunque su pensar aparezca en pugna con las leyes más elementales de la lógica.

Virtud es la alegría que alivia el corazón más grave y desarruga el ceño de catón.

Hay que llegar al final desnudo como los hijos de la mar.

Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.

No intentes apresurar las cosas: para que la copa se acabe, primero debe llenarse.

La zona más rica de nuestras almas, desde luego la más extensa, es aquella que suele estar vedada al conocimiento por nuestro amor propio.

En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.

Poned atención: un corazón solitario no es un corazón.

Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio.

También es el filósofo, digámoslo de pasada, el hombre que no quisiera dar nunca en el blanco sobre el cual dispara y para ello lo pone más allá del alcance de toda escopeta.

Enseña el Cristo: a tu prójimo amarás como a ti mismo, pero no olvides nunca que es otro.

En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Nunca extrañéis que un necio se descuerne luchando por la idea

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

El hombre es contradictorio. Esa es la esencia de lo específicamente humano.

Cuatro cosas tiene el hombre que no sirven en el mar: ancla, timón y remos, y el miedo a naufragar.

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Moneda que está en la mano, tal vez se deba guardar. La monedita del alma se pierde si no se da.

Mi filosofía es fundamentalmente triste, pero no soy un hombre triste, y no creo que entristezca a nadie más.

El manuscrito inédito es como un pecado no confeso que se infecta en el alma, corrompiéndolo y contaminándolo.

La pasión del hombre por la verdad es tal que dará la bienvenida al más amargo de todos los postulados siempre que le parezca cierto.

El infierno es la mansión espeluznante del tiempo, en cuyo círculo más profundo Satanás mismo espera, enrollando un reloj gigantesco en su mano.

Y en todas partes he visto…

Virtud es fortaleza, ser bueno es ser valiente; escudo, espada y maza llevar bajo la frente; porque el valor honrado de todas armas viste: no sólo para, hiere, y más que aguarda, embiste.

Busca en tu espejo al otro.

En la rueda más pequeña de nuestro razonamiento es posible que un puñado de preguntas rompa el banco de nuestras respuestas.

No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada: yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.

El bueno es el que guarda, cual venta del camino, para el sediento el agua, para el borracho el vino.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos y el coro de los grillos que cantan a la luna. A distinguir me paro las voces de los ecos, y escucho solamente, entre las voces, una.

No hay nadie tan atado a su propia cara que no albergue la esperanza de presentarle otra al mundo.

Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada.

Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas.

Dondequiera que el aprendizaje genere especialistas, la suma de la cultura humana se ve reforzada por eso. Esa es la ilusión y el consuelo de los especialistas.

La mano del piadoso nos quita siempre honor; mas nunca ofende al darnos su mano el lidiador.

Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan adónde llegan

Luz del alma, luz divina, faro, antorcha, estrella, sol… Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.

Yo he visto garras fieras en las pulidas manos; conozco grajos mélicos y líricos marranos… El más truhan se lleva la mano al corazón, y el bruto más espeso se carga de razón.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. (Paráfrasis de Epicuro).

En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

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