La hemocromatosis es una enfermedad que se produce por la acumulación de hierro en el organismo. Presenta tipologías diferentes, pero la más habitual es de carácter hereditario. Se trata de una enfermedad crónica, que requiere un diagnóstico temprano y un tratamiento de por vida. Afecta a una de cada 200 o 300 personas y es la patología genética más común entre las personas de raza blanca. Como cualquier enfermedad crónica, los afectados por la hemocromatosis se enfrentan a un reto importante: hacer frente mental y emocionalmente a la enfermedad para el resto de su vida, a la vez que deben vigilar su incidencia en generaciones posteriores.

Enseguida nos ocuparemos de la parte emocional de esta enfermedad, pero antes explicamos con detalle qué es la hemocromatosis y sus consecuencias para el cuerpo y la mente. Las personas afectadas por esta enfermedad presentan una absorción excesiva del hierro en el tubo digestivo y no son capaces de eliminarlo. Ciertamente, el hierro es necesario para el organismo pero su exceso y acumulación acaba por afectar de manera peligrosa a órganos como el hígado, el páncreas o el corazón con un resultado que puede ser letal.

El problema de esta patología es que tarda mucho en ser diagnosticada, porque sus síntomas empiezan por achacarse a otras causas. Por ejemplo, el cansancio acusado, dolor en el abdomen y las articulaciones, debilidad, ya producen un desgaste emocional en el paciente incluso antes de saber qué es lo que le pasa. Y es que cuando todavía no se han producido efectos patológicos graves, estos síntomas son fuertes y pueden llegar a ser inhabilitantes para el desarrollo de la vida cotidiana. Con el efecto emocional negativo que eso conlleva.

La hemocromotosis hereditaria suele afectar a varones de entre 30 y 50 años. Pero hay otro tipo, llamado hemocromatosis adquirida, que se contrae cuando una persona por diversos motivos ha recibido muchas transfusiones. Este último también afecta a personas jóvenes y a ancianos, por lo que la manera de asimilar y gestionar la enfermedad suele ir acorde con cada rango de edad. Los psicólogos saben que cuando una enfermedad se detecta a edades tempranas, suelen ser más frecuentes los desórdenes emocionales. Si se produce, por ejemplo, en edad escolar la gestión que las familias hagan de la enfermedad es fundamental para el paciente. Mientras que, en la adolescencia, suele haber un peligro de aislamiento social o autoaislamiento que hay que controlar. Por último, cuando el diagnóstico afecta a personas mayores puede aparecer sentimiento de culpa o voluntad de abandono de uno mismo. Por todo ello, el diagnóstico de una enfermedad como ésta puede tener un impacto emocional diferente en función de la edad del afectado.

Por otro lado, tampoco asimilamos igual una enfermedad crónica hereditaria que otra que nos ha llegado como daño colateral de otra patología que sufrimos. Otro de los efectos implícitos de le hemocromatosis es la reducción de la libido y el deseo sexual a niveles mínimos. Este aspecto puede tener efectos muy negativos para la vida de la pareja y, sobre todo, para el propio afectado. Por eso es recomendable, una vez detectado el problema, restituir el deseo sexual con tratamientos hormonales.

Este tipo de enfermedades crónicas provocan indefectiblemente muchos cambios en el estilo de vida habitual que pueden resultar estresantes. En el caso que nos ocupa, es cierto que la peor parte emocional se produce durante el tiempo que se tarda en realizar el diagnóstico porque el paciente presenta síntomas molestos e inhabilitantes sin saber muy bien a qué obedecen o qué solución requiere. Pero, si el diagnóstico se realiza a tiempo, la vida del enfermo no se suele ver alterada en exceso. Lo habitual es practicar flebotomías regulares, es decir, extracciones de sangre periódicas que nos permiten ir rebajando el nivel de hierro en el organismo. Aunque habrá que hacerlo de por vida, la verdad es que una vez que se alcancen los niveles saludables se reduce mucho la frecuencia de esta práctica.

Por otro lado, el paciente se verá obligado a modificar su dieta habitual, de cara a reducir la ingesta de hierro y proteger así los órganos dañados. Desde luego, tendrá que eliminar el alcohol de su vida y reducir el consumo de productos como la carne roja, el hígado o el chocolate. Son modificaciones que, aunque cuestan de asimilar al principio, no suponen un impacto emocional ni psicológico devastador para la persona afectada. Otra cosa es si la enfermedad ha provocado una segunda patología como la diabetes. En este caso, la rutina y el modo de vida del enfermo sí que se ve perturbado y pasará por varias fases: impacto, asimilación y aceptación. Si todas estas etapas de van cubriendo de manera adecuada, lo lógico es llegar a un punto de convivencia plena y serena con la enfermedad que facilita mucho la vida del afectado y de su entorno.

Fuente: www.hemocromatosis.org

La hemocromatosis y su impacto emocional
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1 Comentario

  1. Muy buena información sobre la hemocromatosis.

    Existen remedios naturales que pueden ayudar a mejorar el funcionamiento del hígado. Es el caso de los alimentos con cierto sabor amargo como es el cardo mariano y el diente de león.

    Felicidades por el artículo!!

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