100 frases de Arturo Pérez Reverte

Verificado Redactado por Isbelia Farias. Este artículo ha sido revisado, actualizado y verificado por nuestro equipo de psicólogos por última vez el 21 julio 2021.

Las frases de Arturo Pérez Reverte son una invitación para que muchos reflexionen.

Por ello, te presentaremos las mejores frases de Arturo Pérez Reverte, un escritor y periodista español que ha impactado a muchos por su capacidad para escribir sobre diferentes géneros.

Las frases de Arturo Pérez Reverte también pueden ayudar a que una persona haga ejercicios de introspección e inicie así un diálogo interior.

Frases de Arturo Pérez Reverte

Cruzaba la calle cuando comprendió que no le importaba llegar al otro lado.

No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente.

Hay veces que uno llega a avergonzarse de ser hombre.

Cada cual tiene el diablo que se merece.

Es un error grave mirar al pasado con los ojos del presente.

Ante la infamia es vil guardar silencio, y es digno rebelarse y combatirla.

Probado durante siglos: no son los tiranos los que hacen esclavos, sino los esclavos los que hacen tiranos.

Frases Arturo Perez Reverte

La historia demuestra que la razón es de quien tiene el coraje de sostenerla.

Lo agradable de los lugares donde uno recala depende, especialmente, de las personas que allí trabajan y le dan carácter.

Los héroes pasan por nuestro lado sin que reparemos en ellos. Se sientan en la terraza de un bar, se sujetan a la barra del metro o hacen la cola en la oficina del paro, como tantos.

Creo en varias cosas. Que la mejor puñalada se da en la ingle, de abajo arriba. En guerreros silenciosos y mujeres valientes. Creo en quienes toda su vida procuran pensar como griegos, pelear como troyanos y morir como romanos. Creo en que todos morimos solos y a ciegas. Y que para hacerlo con dignidad se requiere un largo entrenamiento. Creo en las piedras viejas y en los cuadros oscuros y en los atardeceres rojizos sobre el mar. Y en parejas jóvenes que se besan. Y creo en algunas otras cosas que no le contaré nunca.

Siempre desconfío de quien no tiene (o dice no tener) enemigos. Caminar es elegir. Elegir es arriesgarse. Arriesgarse es pelear. No tener (oficialmente) enemigos requiere mucha capacidad de succión. Que también tiene su mérito.

Al final a uno lo derrotan siempre. Creo que la derrota es algo inherente a la condición humana, al hecho de vivir y de pelear. Por mucho que venzas, siempre al final hay alguien que te derrota, siempre hay un Rocroi, por mucho que triunfes siempre hay un iceberg esperando al Titanic.

Sin Historia no hay posibilidad de acometer el presente. No te puedes mover por el presente, no puedes actuar en él. Conocer la Historia, sus mecanismos de análisis, de comprensión, te da la sabiduría del tablero.

La Historia siempre tiene pequeños cambios, pero las grandes líneas se mantienen siempre. Entonces, vemos los mismos procesos en los imperios: civilizaciones de auge, de salida, de vigor, de consolidación, de decadencia, de bárbaros que llegan y actúan, de destrucción final. Ha ocurrido mil veces.

Cuando hablan de celebrar el Bicentenario, yo creo que más que celebrar deberían conmemorar con una misa fúnebre, porque realmente en 200 años murieron muchas esperanzas de libertad, de progreso y de justicia y todavía siguen sin estar vivas esas esperanzas.

El dinero de los tontos es el patrimonio de los listos.

La rebeldía es el único refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad.

La gente se mueve por hambre, la historia de la humanidad la hace el hambre. En España había mucha miseria y América se presentaba como un mundo de oportunidad. Y había que ser muy valiente para embarcarse hacia un mundo desconocido.

Nadie debería irse sin dejar una Troya ardiendo a sus espaldas.

Es agradable ser feliz, pensó. Y sin saberlo mientras lo eres.

El heroísmo ajeno siempre conmueve una barbaridad.

Desconfíen siempre de vuestras mercedes de quien es lector de un solo libro.

El hombre… cree ser el amante de una mujer, cuando en realidad es solo su testigo.

Pero el tiempo pasa, y dura. Y hay un momento en que todo se estanca. Los días dejan de contarse, la esperanza se desvanece… Es entonces cuando te conviertes en prisionero real. Profesional, por decirlo de algún modo. Un prisionero paciente.

No le tolero eso. –Pues revise usted sus límites de tolerancia.

Es la duda la que mantiene joven a la gente. La certeza es como un virus maligno. Te contagia de vejez.

Bien mirado, el mundo ha dejado de pensar en la muerte. Creer que no vamos a morir nos hace débiles, y peores.

Gracias a usted ya no puedo creer en las certidumbres de los que tienen una casa, una familia, unos amigos.

Nada hay más despreciable, ni peligroso, que un malvado que cada noche se va a dormir con la conciencia tranquila.

Embrutecidos en sus pequeñas miserias, sin ver más allá. Sin desear la aurora de las ideas que les liberen… Ajenos a cuanto no sea comer, beber, reñir, dormir y procrear.

Con rusos y con mujeres nunca se sabe.

De vez en cuando el género humano necesita irse un rato al carajo. Irse bien ido, y que alguien dé un empujoncito para facilitar el viaje.

Había aprendido que lo malo no era la espera, sino las cosas que imaginas mientras esperas.

Creo que en el mundo de hoy la única libertad posible es la indiferencia. Por eso seguiré viviendo con mi sable y mi caballo.

Una mujer perspicaz —continúa ella— adivina al pedante en la tercera frase, y es capaz de ver el talento del que guarda silencio.

Los filósofos griegos tenían razón al decir que la guerra era la madre de todas las cosas.

Una mujer nunca es sólo una mujer, querido Max. Es también, y, sobre todo, los hombres que tuvo, que tiene y que podría tener. Ninguna se explica sin ellos.

Así, tras haber tenido buen número de amantes, una mujer debe considerarse afortunada si sabe convertir a alguno de ellos, el más inteligente, en un fiel y leal amigo.

Quien sólo se interesa por los libros no necesita a nadie, y eso me da miedo.

El hombre tortura y mata porque es lo suyo. Le gusta.

Doce horas en la cama, cuatro en el tocador, cinco en visitas y tres de paseo, o en el teatro.

En cuanto a mí, sólo sé que no sé nada. Y cuando quiero saber busco en los libros, a los que nunca falla la memoria.

Una biblioteca no es algo por leer, sino una compañía —dijo, tras dar unos pasos más—. Un remedio y un consuelo.

El azar tiene muy mala leche y muchas ganas de broma.

Estoy convencida de que cada edificio, cada cuadro, cada libro antiguo que se destruye o se pierde, nos hace un poco más huérfanos. Nos empobrece.

En un mundo venal, hecho de hipocresía y falsas maneras, los poderosos, los buitres carroñeros, los envidiosos, los cobardes y los canallas suelen encubrirse unos a otros.

Después de todo, qué sería de nosotros sin nosotros mismos, pensaba. La vida es un naufragio, y cada uno echa a nadar como puede.

El principio es cierto: la debilidad sienta bien a una mujer, y nosotras lo sabemos. Nos interesa parecer delicadas y necesitadas del hombre.

En la vida lo malo no es conocer, sino mostrar que se conoce.

Existe gente que sueña y se queda quieta, y gente que sueña y hace realidad lo que sueña, o lo intenta. Eso es todo… Luego, la vida hace girar su ruleta rusa. Nadie es responsable de nada.

Los hombres suelen creer que los ojos de las mujeres bellas tienen algo dentro, y a menudo se equivocan.

La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros.

Con hombres íntegros pueden quizá ganarse batallas, pero no gobernar reinos.

Los libros son puertas que te llevan a la calle. Con ellos aprendes, te educas, viajas, sueñas, imaginas, vives otras vidas y multiplicas la tuya por mil.

Para el pueblo español, acostumbrado a la obediencia ciega a la Religión y la Monarquía, un título nobiliario, una sotana o un uniforme son la única referencia posible en momentos de crisis.

Si te empeñas, tú mismo puedes ser tan peligroso como cualquiera que se cruce en tu camino.

El poder siempre intenta domesticar lo que no puede controlar.

¿Por qué nadie llama vándalos a los partidos políticos que llenan las paredes con su basura en vísperas de elecciones?

Las ciudades de todo el planeta están llenas de gente que va de un lugar a otro en vuelos baratos para comprar las mismas prendas que a diario puede ver expuestas en los comercios de la calle donde vive.

Se les ve expuestos a la injuria de los tiempos, en la miseria; y a pesar de ello, más bravos, soberbios y orgullosos que en la opulencia y la prosperidad…

Creo que la humanidad se divide básicamente en dos clases de personas: las que saben que van a morir, y las que prefieren no saberlo.

Es muy fácil ser héroe rodeado de gente que te aclama, lo difícil es serlo en soledad, cuando el único testigo es el coraje, el honor, el valor.

¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

La fe es el salto a ciegas hacia los brazos de alguien que te acoge en ellos… Es el consuelo frente al miedo y al dolor incomprensibles. La confianza del niño en la mano que lo saca de la oscuridad.

Siempre hubo Torres Gemelas de Nueva York, ‘troyas’ y caballos de madera, bárbaros y constantinoplas.

Los aplaudidores demagogos son aún más peligrosos y despreciables que los fundamentalistas. Al menos éstos tienen fe.

Yo no tengo ideología, amigo mío. Yo lo que tengo es biblioteca.

Sócrates y Séneca se suicidaron por inteligencia, y la Europa que ellos iluminaron se suicida por estupidez.

Pocas cosas hay tan trágicas en la vida como descubrir algo a destiempo.

Cada libro leído es, como cada ser humano, un libro singular, una historia única y un mundo aparte.

La fe desnuda no se sostiene. La gente necesita símbolos con los que abrigarse, porque fuera hace mucho frío.

La vida es una aventura incierta en un paisaje difuso, de límites en continuo movimiento, donde las fronteras son artificiales; donde todo puede acabar y empezar de nuevo a cada instante, o terminar de golpe, como un hachazo inesperado, para siempre jamás. Donde la única realidad absoluta, compacta, indiscutible y definitiva, es la muerte.

Los españoles seguimos siendo los primeros enemigos de nosotros mismos. Empeñados en apagar las luces allí donde las vemos brillar.

Todo lo vivido aprovecha, de una u otra forma. Excepto para los fanáticos y los imbéciles.

El hombre, como única especie racional, es responsable de su propio exterminio; y que al fin y al cabo no tenemos sino lo que nos merecemos.

A cada instante se pone a cero el contador, y el ser humano tiene un don maravilloso: la oportunidad de empezar, e intentarlo de nuevo.

—Sólo eres joven en la víspera de la batalla —dijo tras un instante, como si lo hubiera estado pensando—. Luego, ganes o pierdas, has envejecido…

El más eficaz aliado de los sinvergüenzas siempre fueron los enjambres de tontos que hacen el trabajo sucio. Que les facilitan el trabajo.

La amistad se nutre de rondas de vino, estocadas hombro con hombro y silencios oportunos.

La única salvación posible estriba en dos palabras: educación y cultura.

La Independencia en los países de América Latina fue un gran fraude del que fueron víctimas las clases más desfavorecidas.

Todas las inquisiciones, sin distinción, se basan en el principio de la delación y la cobardía social. Porque lo malo no es siempre el fanático. Peores son quienes no lo son, pero desean congraciarse con él.

Una biblioteca no es un conjunto de libros leídos, sino una compañía, un refugio y un proyecto de vida.

Tan peligroso puede ser un estúpido ilustrado como un cateto a quien la inteligencia no le sirve para dejar de serlo.

Lo bueno cuando arde Troya es que nada tienes que perder, pues nada esperas.

La literatura me ha salvado de mí mismo… La juventud es la certeza de la batalla.

En literatura, el tiempo es un naufragio en el que Dios reconoce a los suyos.

La conquista fue una gesta de la que se debe estar orgulloso y horrorizado al mismo tiempo.

Se mezclaron un mundo terrible y uno hermoso. Es una historia de la que podemos estar horrorizados y orgullosos al mismo tiempo.

Te asombraría lo que tener dinero simplifica las cosas.

Compartir almohada es compartir secretos.

Es preferible que te respeten a que te quieran.

Se requiere mucha inteligencia para disfrazar de artificio las propias emociones.

Ni siquiera eran celos, sino orgullo, costumbre, absurda masculinidad.

No hay dos libros iguales porque nunca hubo dos lectores iguales. Y que cada libro leído es, como cada ser humano, un libro singular, una historia única y un mundo aparte.

Las pasiones pierden a los hombres, pero también los salvan.

Pues, desde siempre, ser lúcido y español aparejó gran amargura y poca esperanza.

Entre españoles, tener solo dos malas noticias es tener una buena noticia.

Cuanto más poder se alcanza, más limitada es la ocasión de ejercerlo.

Estas han sido algunas de las frases de Arturo Pérez Reverte que más han llamado la atención de la audiencia.

Las frases de Arturo Pérez Reverte siempre invitan a reflexionar y a fijarse una posición sobre determinados temas.

Son pocos quienes pueden sostener una postura de indiferencia ante las frases de Arturo Pérez Reverte. En todo caso, siempre son recomendadas para cuestionarse muchos aspectos de la realidad.

100 mejores frases célebres y reflexiones de la vida

Licenciada y Máster en filosofía (Universidad del Zulia), maestrante en Orientación en Sexología (CIPPSV) su área está enfocada hacia el bienestar y la sexualidad en la pareja. Posee certificación en coaching (Universidad Autónoma de Barcelona), Fundamentos de la escritura (Tecnológico de Monterrey), Sexualidad, mucho más que sexo (Universidad de los Andes), Psicología Positiva (Universidad Metropolitana de Caracas), diplomada en Logoterapia y Análisis Existencial, Orientación de la Conducta y Psicología Forense.

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