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Autoconcepto

La Teoría del Yo Espejo

¿Alguna vez has sentido como si la mera presencia de otras personas te hiciera sentir incómodo o tenso?

Cuando no se sabemos exactamente lo que otras personas piensan de nosotros, podemos mostrar sentimientos de inseguridad. Según el sociólogo estadounidense Charles Horton Cooley (1864-1929), el grado de inseguridad personal que exhibimos en las situaciones sociales está determinado por lo que creemos que otras personas piensan de nosotros.

El concepto de Cooley del Yo Espejo, afirma que el yo de una persona crece a partir de las interacciones sociales que el individuo ejerce con los que le rodean. De modo que la visión de nosotros mismos deriva de la contemplación de las cualidades personales y de las impresiones de cómo los otros nos perciben. En realidad, la forma en que nos vemos no proviene de lo que realmente somos, sino más bien de cómo creemos que los demás nos ven.

La gente forma su auto-concepto basándose ​​en su comprensión de cómo los otros le perciben. Nuestra propia imagen, por tanto, es fruto de nuestras propias reflexiones a las evaluaciones de los que nos rodean.

Si los padres, parientes y otras personas importantes consideran que un niño es inteligente, tenderán a educarlo con ciertos tipos de expectativas. Como consecuencia, el niño eventualmente creerá que es una persona inteligente. Este es un proceso que continúa cuando crecemos. Por el contrario, si crees que tus amigos y familiares más cercanos te ven como una especie de “tonto”, es probable que proyectes esa auto-imagen en ti mismo aunque no tenga nada que ver con la realidad.

Según Cooley, este proceso tiene tres pasos:

  • En primer lugar, nos imaginamos qué apariencia mostramos frente a las otras personas. A veces esta imagen es bastante certera, pero también puede ser errónea, ya que se basa simplemente en nuestras suposiciones subjetivas.
  • Segundo, imaginamos qué juicios hace la gente de nosotros en base a nuestra apariencia.
  • Por último, imaginamos cómo se siente la persona sobre nosotros, basándonos en nuestro propio juicio. El resultado final es que a menudo cambiamos nuestro comportamiento según cómo sentimos que las personas nos perciben.

Construir una imagen de sí mismo fuerte

Imagino tu mente, y especialmente lo que tu mente piensa acerca de mi mente, y lo que tu mente piensa acerca de lo que piensa mi mente acerca de tu mente.” Charles Horton Cooley.

Entonces, ¿cómo podemos nosotros, o cualquier otra persona, saber quiénes somos en realidad? ¿Podemos estar seguros de nuestro “verdadero yo”, separado de todas las cosas del mundo social exterior? En realidad, el “mundo social real” tal como lo percibimos a menudo no sólo es incorrecto, sino que puede ser una mera ilusión. Probablemente has experimentado en más de una ocasión aversión hacia alguien que acabas de conocer, pero tras pasar más tiempo con esa persona descubres que en realidad esa primera impresión carecía de fundamento, y termináis siendo buenos amigos.

Toda la gente desea ser querida y ser apreciada por su talento o su personalidad. Pero si tenemos una imagen débil de nosotros mismos, si creemos que la opinión de los demás es más importante que la nuestra, podemos terminar viviendo nuestras vidas de acuerdo con las expectativas de los demás.

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La construcción de una “auto-imagen imaginada” se hace sin querer. No somos conscientes de que a menudo tratamos de ajustarnos a la imagen que imaginamos que otras personas esperan de nosotros. Si una persona desarrolla una auto-imagen negativa, la autoestima tenderá a ser baja. La baja autoestima y la mala imagen de uno mismo se han asociado durante mucho tiempo con toda una gama de problemas psicológicos, y es necesario contrarrestar al individuo pasivo que depende en gran medida del mundo social para construir la autoimagen. Por lo tanto, debemos desarrollar una auto-imagen que se base más en nuestras propias evaluaciones que en cómo creemos que los demás nos ven.

El concepto del espejo nos ofrece una visión no sólo de nuestro propio pensamiento, sino también de cómo formamos nuestra identidad basada en cómo nos ven los demás. Mientras estamos interactuando con otros somos vulnerables para cambiar nuestra propia imagen, un proceso que continuará a lo largo de nuestras vidas.

Nuestra autoimagen

Pero al margen de esta interesante teoría, nuestra autoimagen en realidad es la conceptualización que formamos en nuestras mentes sobre el tipo de persona que somos.

Todos dibujamos una imagen mental de nosotros mismos, y es un cuadro que tiende a permanecer relativamente estable en el tiempo a menos que tomemos medidas deliberadas para modificarlo. Algunos investigadores utilizan el término auto-esquema (el término esquema refiriéndose a modelo o representación) al estudiar la autoimagen y cómo la adquirimos.

Hay pruebas de que la imagen de nosotros mismos que desarrollamos se basa en gran medida en lo que hemos aprendido de nuestro entorno, como por ejemplo lo que otras personas nos han dicho sobre nosotros desde pequeños o cómo parecían responder a nuestros actos. Pero nuestro autoconcepto también se basa en parte en nuestras propias reacciones, en nuestras interpretaciones singulares de los acontecimientos y especialmente en la manera en que nos apreciamos a nosotros mismos y a la naturaleza de nuestras interacciones con los demás. Hay muchas pruebas de que lo importante es que nos vemos a nosotros mismos.

Nuestra autoimagen es importante por muchas razones, pero sobre todo porque afecta significativamente a nuestro bienestar psicológico general y el carácter de nuestras relaciones.

Qué conforma nuestra autoimagen

La imagen que tenemos de nosotros mismos está formada por varios factores:

Lo que creemos ser

La propia conciencia que hemos ido adquiriendo de nosotros mismos a través de nuestras experiencias y que conforma lo que piensa cada uno de sí mismo.

Lo que deseamos ser

La imagen con la que nos comparamos a través de modelos referenciales que implican valores culturales, sociales, familiares, etc. es la imagen idealizada, cuanto más próxima sea a lo que creemos ser, más coherencia tendremos y por tanto más felices seremos. Una forma de trabajar es ¿qué vas a hacer para llegar de la imagen que crees ser a la que te gustaría ser? Y trazar el plan de acción.

Lo que los demás ven en nosotros

Esto condiciona las actitudes y comportamientos hacia nosotros mismos. Este apartado es muy interesante, a veces coincide cómo creemos que nos ven con lo que la persona de nuestra izquierda ha dicho, aquí la reflexión sería ¿te sientes identificado/a con esa imagen?, y si no te gusta ¿qué acciones hacen que proyectes esa imagen?

La imagen con que se nos identifica por…

“como es la gente de tal edad”, “de tal sexo”, “los de tal profesión”, o de cualquiera de los grupos de pertenencia en que nos integramos, pues forman la base de los estereotipos

Hoy te vamos a proponer un ejercicio práctico de autoconocimiento para ver hasta qué puntos te conoces. ¿Te animas?

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Imágenes de identificación personal

A continuación puedes observar una serie de imágenes con un personaje que escenifica una acción o comportamiento.

Preguntas autoconocimiento

Esta dinámica es una excelente herramienta de trabajo para conocernos mejor y trazar un plan de acción en función de los resultados obtenidos.

  1. ¿Cómo qué número creo que suelo actuar? ¿Por qué?
  2. ¿Cómo qué número creo que me ven los demás (compañeros, familia, jefes)? ¿Por qué?
  3. ¿Cómo qué número me gustaría que me vieran? ¿Por qué?
  4. ¿Cómo qué número no me gustaría que me vieran? ¿Por qué?
  5. ¿Cómo qué número creo que suele actuar la mayoría (profesores, jefes, compañeros… según el caso)? ¿Por qué?
  6. ¿Cómo qué número veo yo al que se sienta a mi derecha? ¿Por qué?

Con esta última pregunta nos hacemos una idea de la imagen que proyectamos.

Tendremos mayor autoestima cuando

  • Mi “Yo real” coincida con mi “Yo ideal”
  • La “imagen que no quiero proyectar” esté alejada de mi “yo real”

Cómo formamos nuestra imagen y la Teoría del Yo Espejo
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