Yo es una palabra simple de únicamente dos letras que puede evocar en mi recuerdos de los conocimientos psicológicos, más específicamente psicoanalíticos, y basados en ellos hago una pequeña revolución de este concepto.

En primer lugar, el yo, sin tomar en cuenta la saturación que puede llegar a tener en algún momento dado por la suma de factores internos y externos que un individuo presenta, y sin tomar en cuenta factores totalmente o puramente psicoanalíticos, implica (para mi) un introyección y extraversión de cómo me comporto ante los demás, con los demás – las personas con las que a diario me relaciono.

Yo es el otro ante mi, casi todo lo que está alrededor de mi es – yo – por que representa mi ser, en otras palabras mi esencia, mi personalidad en un todo fragmentado – el espacio general en el que me desenvuelvo.

Yo es lo que como, lo que bebo, lo que escucho, toco, digo y lo que se me regresa en un dialogo, lo que escojo, así como lo que hago y no hago, lo que escribo consciente o inconscientemente, e inclusive los gestos y posiciones corporales que hacemos a diario sin saber su significado exacto en un estar interno.

Para el psicoanálisis, sin tomar en cuenta una definición en particular, el yo es una de tres instancias psíquicas; la cual es influida por las otras dos – ello y superyo. Las dos (ultimas mencionadas) totalmente contrarias entre si. La primera totalmente liberal y desinhibida y la última totalmente ética, moral, surgida y mantenida por las exigencias reglamentarias de la sociedad. Esta instancia, yo, como se le menciona en psicoanálisis, es todo el tiempo influido, literalmente, por las otras dos ya mencionadas, inclusive en uno de los estados de inconsciencia – el sueño.

El yo, por ser yo, no es simplemente “un estar conmigo” (y ya), sino un “estar conmigo y con todas las personas que me rodean en mente y cuerpo, en una cercanía y lejanía mental y física”; y es el punto de partida en las relaciones constantes y dinámicas que tenemos con estas personas – ya sean familiares, compañeros, jefes, amigos, y demás relaciones de afecto.

La primera saturación que tiene el yo es la influencia constante que tiene de las partes restantes que componen la mente (las cuales por su naturaleza le proveen al yo de propósitos morales, o dirigidos al placer).

La saturación, viéndolo de esta manera, es el hecho constante de estar llenando algo a un contenedor. Este contenedor tiene una capacidad de llenado de cierto volumen; cuando es rebasada su capacidad el contenedor se satura.

En este caso el contenedor es el yo – la persona, o sujeto a exigencias que vienen de todos lados, lugares y múltiples vértices que se dirigen hacia uno mismo.

Es también el hecho de estar sujetado a varias cuerdas colgadas y pasar de una a otra – siendo las cuerdas las exigencias y responsabilidades (tareas, gastar, ir de un lugar a otro diferente, cumplir con algo simple o complejo, etc.), y yo quiero incluir –  deseos y necesidades que una persona lucha interna y externamente por conseguir.

Cuando una persona se desgasta por desempeñar un trabajo, seguramente sin disfrutarlo (dicen que un trabajo es mucho mejor si se disfruta), y al mismo tiempo se exige a si mismo por cumplir con otros, las cosas simples que quiere hacer se vuelven complejas por el simple hecho de no llevarse a cabo como esta persona deseaba realizarlas – un factor de la saturación del yo.

Por otro lado, sabemos, o nos enseñaron que el hombre en la taxonomía animal es clasificado como homo sapens, por que piensa de una manera abstracta en comparación con los otros seres de este mundo. Sin embargo, el hombre antes de pensar, antes de abstraer, sintetizar, analizar, dividir, clasificar, juntar, sumar, restar, identificar, etc ve, observa, y escucha sus pensamientos después de tener una interacción con una pantalla por ejemplo de una computadora.

Una computadora tiene miles de iconos – algo que está guardado y que solo sirve para realizar una función o en su defecto varias.

Somos el día de hoy, homo videms, por que vemos las cosas que queremos ver en una pantalla ya sea de una computadora, de un celular, la televisión, el video juego, o inclusive los interactivos y portátiles reproductores de DVDS.

No nos vayamos tan lejos con pantallas interactivas que funcionan al tocarlas con los dedos de la mano (y luego queda sucia, y es evidencia de que estuvimos tocándolo por dejar una impresión), podemos manipular las funciones de una video casetera y ser constantes testigos de estos y no cansarnos de ser los amos de las funciones que tiene y ver como lo hacemos – pausar, adelantar, regresar, o como homo videms regocijarnos por como podemos hacer que la imagen se mueva de una manera muy lenta.

En la vida actual ya no es suficiente el movimiento de la mano en íntima relación con los ojos cuando escribimos algo en papel con la pluma o el lápiz, deseamos, y no hay día que no interactuemos con los dedos tocando no la pluma sino la tecla del celular y ver lo que hacemos en la pantalla llena de colores, iconos, y luz.

Estos aparatos no nada más refleja nuestra cara sino también refleja algunos contenidos mentales que queremos ver cuando observamos la pantalla del celular y lo que tenemos dentro de la mente regresa a nosotros mismos para que se cumpla un propósito – hablarle al primo para ir al cine, a la mamá para decirle ya voy a llegar, pero antes de eso debemos de teclear el celular para que éste haga pequeñas funciones que lleven a marcar y esto a hablar con la persona deseada.

El yo, por ser yo, no es simplemente “un estar conmigo” (y ya), sino un “estar conmigo y con todas las personas que me rodean en mente y cuerpo, en una cercanía y lejanía mental y física”; y es el punto de partida en las relaciones constantes y dinámicas que tenemos con estas personas – ya sean familiares, compañeros, jefes, amigos, y demás relaciones de afecto.

Existe una cuerda (responsabilidad, deseo o exigencia) que de alguna manera se relaciona con otra y esta última se une con una tela, y ésta con un tejido y el tejido con la malla – la red del yo saturado que se encuentra de esta manera por que existen aspectos que se dirigen al yo y estos en suma rebasan la capacidad del yo para interactuar con ellos, cumplir con ellos.

Por que, probablemente, lo ideal es que el yo realice todos sus propósitos y plasmar el resultado de una acción bien hecha para que (el yo) esté plenamente satisfecho con lo realizado externa e internamente.

Federico Pérez Holder

Foto: https://pixabay.com

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