Si tu hijo o hija sufre Bullying o tienes alguna sospecha, espero que este artículo te ayude a entender mejor su comportamiento en el contexto y fuera del que se vive: la escuela.

En caso contrario te recomiendo leerlo por igual; ya que hay más víctimas de este fenómeno del que te puedas imaginar.



Efectos del bullying en la conducta del acosado

Ante un contexto hostil, existen distintos estilos de afrontamiento básicos: cabe remarcar que son tipos de conducta adaptativos y servirán para afrontar la situación a quien la sufre.

Pero, ojo: hay que ir con cuidado para que no se cronifiquen y se vuelvan un hábito en la mayoría de situaciones, ya que ello podría conllevar una inestabilidad emocional e identitaria, una interpretación sesgada de la realidad, así como resignación en sus capacidades.

Tengo que afrontarlo

Los 3 estilos básicos serían la lucha, la huida y la parálisis. Veamos ahora las implicaciones que tienen cada uno de ellos:

La lucha serviría al niño/a para afrontar el evento des de un rol activo. La forma adaptativa sería manifestando el punto de desacuerdo con lo que está padeciendo, sea hacía el propio niño que le acosa y/o, sus padres, la clase, hacía la profesora… Efectos perjudiciales serían un patrón agresivo hacía, no solamente el acosador sino el resto de su entorno.

La huida es un estilo de afrontamiento pasivo, en el sentido de que habrá un distanciamiento por parte del que padece hacía el que interfiere y/o su grupo de apoyo, con la finalidad de no sufrir futuras vejaciones. Esto puede ser útil hasta un cierto punto, dado que si se convierte en una conducta generalizada puede impedir y dificultar la adaptación del acosado en el grupo de clase. Un motivo para que se dé la huida serán interpretaciones sesgadas: Por ejemplo: “Si me acerco a los miembros del grupo, mi acosador me perturbará, por tanto voy a prevenir no haciéndolo” acabando por huir de la posible situación embarazosa.

La parálisis sería el estilo de afrontamiento que minimiza las expectativas versus sus habilidades, prefiriendo no intervenir, aun estando en el grupo, para no recibir críticas y sintiéndose sujeto a incapacidades por el hecho de evaluarse como “el extraño”, obligándose a satisfacer al resto no priorizándose.

Las tres posibilidades hacen que la persona que está siendo victimizada asuma ese rol, lo cual tampoco mejora su convivencia y acaba retroalimentando la exclusión, autoculpabilizándose o culpabilizando al resto.

El bullying me hace sentir mal

Experiencias como el Bullying no sólo marcan la manera de actuar sino también de sentir. Emociones predominantes en estos casos son la rabia y el miedo: dos emociones muy básicas gobernadas por un sistema muy primitivo, el sistema límbico, que no reflexiona, sólo siente.

Respecto a la rabia, le hará reaccionar por tanto a la defensiva, y esto a su vez complicará la emoción si ve que no tiene efectos directos en la conducta del “increpador”, pudiendo emerger el sentimiento de odio.

Por otro lado, cuando la “víctima” está cerca del “acosador” hay altas probabilidades que se active el sistema del miedo, aunque haya ausencia de intimidaciones y sea un contexto placentero y provechoso para él. Síntomas relacionados en efecto: estado de híper-alerta, apatía, tristeza o desesperanza.

Pues, ¿de qué manera puedo ayudar a mi hijo?

Antes hablaba de tres estilos de afrontamiento que son adaptativos, y aunque son distintos, el objetivo no deja de ser el bienestar propio, aunque lleguen a ser perjudiciales. Por eso hemos de entenderlos, no juzgarles y sobretodo protegerles.

Podemos protegerles de distintas maneras: algunas alternativas que pueden ser eficaces: sacarle del contexto tóxico, en este caso la clase o directamente la escuela.

Pero sobretodo, todo hijo/a necesita a una persona que crea fielmente en él/ella y por tanto le haga confiar en sí mismo, fomentando su bienestar des de un entorno óptimo basado en la inteligencia emocional.

Parte de responsabilidad también será que no pierda el vínculo social con sus iguales de la escuela, ya que esto actuará como refuerzo. Con ello estoy refiriéndome a exponerse con aquellos alumnos que padecen por lo mismo y/o aquellos que forman parte de la clase y sí le aceptan.

Y sobre todo manteniendo la alerta con lo que ocurre en la escuela sin perder la conexión en aquello que ésta puede influir para bien, o está influyendo para mal a su hijo/a.





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