La ilusión visual del sexo de Richard Russell consiste en una misma imagen que puede ser apreciada de forma masculina o femenina. La imagen de esta ilusión visual del sexo de Richard Russell versa sobre un rostro que se repite, pero, uno de ellos tiene una tonalidad más clara que el otro, y ello marca la diferencia a la hora de decidir el sexo de cada uno.
Con esta ilusión óptica son muchos los hechos que quedan en evidencia, uno de ellos es que el contraste juega un papel importante al momento de resolver qué sexo tiene el rostro. Sin embargo, además de ser solo un asunto de tonalidades, queda por sentado que dicha ilusión nos permite generar una experiencia, sobre los recuerdos y de cómo determinamos que un rostro es masculino o femenino.
Un poco más lejos, esta ilusión visual del sexo de Richard Russell, también nos muestra cómo procesamos una determinada información y cómo nuestro cerebro resuelve un asunto poco claro, o una imagen que es ambigua.
La ilusión del sexo, de Richard Russell, hizo que este prominente psicólogo ganara un premio en el 2009, en la categoría de mejor ilusión visual del año.
La ilusión visual del sexo, de Richard Russell
La ilusión visual del sexo de Richard Russell nos muestra cómo nuestra imaginación interviene para hacer que cada experiencia sea más rica de lo que podría ser en sí.
Asimismo, nos ayuda a comprender cómo nuestro cerebro actúa para dar forma a nuestra experiencia de lo real.
Es en este punto, en el cual nos podemos preguntar qué tan real es lo que percibimos, pues, la realidad y las ilusiones ópticas parecen tener muchas veces paredes imaginarias, en tanto que no construimos la realidad, sino una experiencia de ella.
En esta ilusión del sexo, el psicólogo Russell, adscrito al Gettysburg College, nos muestra que un mismo rostro puede adoptar dos posibilidades: el ser percibido como femenino o como masculino.
No obstante, no hay diferencias hondas en las imágenes, ya que se trata de la misma imagen, excepto por el contraste que cambia entre los ojos y la boca.
En este caso, el contraste es mayor en el rostro de la izquierda que en el de la derecha, que se suele percibir como masculino.
También, la ilusión visual del sexo de Richard Russell, nos permite conocer por qué el maquillaje puede ayudar a una mujer a verse más femenina.
La ilusión del sexo, mucho más que un asunto de cosmética
El efecto visual que se crea con la ilusión del sexo, nos muestra cómo nuestro cerebro puede ordenar la información que recibe del medio, o “rellenarla”, completarla, tomando en consideración nuestros aprendizajes anteriores, o todo aquello que nos es conocido o familiar en la realidad.
El mismo Richard Russell, en su estudio sobre la diferencia de sexo y el contraste facial, indica que el poder ver una diferencia en el sexo, se debe a la importancia que juega el contraste.
Pues, cuando se midieron algunas imágenes fotográficas controladas, se pudo demostrar que los rostros femeninos tenían mayor contraste en los ojos, los labios y la piel circundante a estos, a diferencia de los rostros masculinos.
Con ello, el autor pudo dejar en evidencia que el contraste facial es decisivo en la percepción sobre el género y que se puede hacer que un rostro andrógeno parezca femenino, con tan solo aumentar el contraste facial, del mismo que puede hacerse parecer masculino, disminuyendo dicho contraste.
Con todo ello, Russell demostró que la aplicación de cosméticos podría influir en el contraste facial. Sin embargo, esta ilusión nos permite comprender un maravilloso orden de funciones que ocurren en nuestro cerebro cuando tenemos varios objetos de frente.
En este aspecto, el papel de la percepción es crucial, puesto que esta toma parte de la información que tenemos almacenada en nuestra memoria para proceder a reorganizar el entorno.
El papel de la percepción en las ilusiones ópticas
Los seres humanos somos mucho más que un cúmulo de estímulos que responde de forma automática.
En este sentido, la percepción es la encargada de ayudarnos a colocar una etiqueta o definición a cada una de las sensaciones que vamos experimentando en la vida.
Es a razón de esto que la psicología Gestalt también se ha interesado mucho en las formas y en cómo nuestro cerebro las capta, las procesa y las completa o identifica.
La ilusión visual del sexo de Richard Russell también nos permitiría reforzar la definición sobre conjuntos visuales, es decir, que nuestro cerebro no solo toma los objetos de forma aislada, sino que intenta darles forma, o estructurar el medioambiente, lo cual podría ser considerado como una forma que tenemos de sobrevivir en el mundo.
Constantemente, nuestro cerebro también actualiza la información que va recibiendo de los estímulos, por ello, tan pronto vemos una imagen, recurrimos a ese “almacén” para tratar de identificarla y sentir que estamos en un ambiente conocido, o seguro.
Un ejemplo de ello, lo podemos obtener de la ilusión de la habitación de Ames, en la cual la mente trabaja de forma activa para tratar de definir el entorno.
De modo que, más que un asunto de estética, o de contrastes, la ilusión visual del sexo, de Richard Russell, nos comprueba cómo tan solo necesitamos de pequeñas milésimas de segundos ante una imagen para comenzar a atribuirle características e identificarla.
Finalmente, esta ilusión visual nos permite analizar cómo trabaja nuestra percepción, sobre todo al momento de captar detalles y de cómo complementamos la información que obtenemos del exterior, aun cuando no seamos conscientes de estos procesos.
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