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El carácter de una persona se compone de un conjunto de rasgos o expresiones que se manifiestan en su forma general de actuar. Nos habla a aquello que lo individualiza, así que puede decirse que son aquellos componentes que expresan de una manera particular y distintiva su modo de ser y comportarse.

Cómo se forma el carácter

Carácter en realidad significa marca (grabado), lo cual nos sugiere una cosa profunda y fija, tal vez innata, una estructura básica. Pero el carácter en realidad no es algo rígido que se traiga al nacer, sino que se ve afectado profundamente por el medio ambiente, la cultura y el entorno social  donde cada persona se forma.

Así pues, el carácter es un componente que se ve fuertemente influido por todo lo que nos rodea como la educación, el entorno social y familiar, las amistades, los compañeros de trabajo, etc. algunos autores dicen que el carácter no termina de formarse hasta el final de la adolescencia. Para mi es algo que se modifica durante toda la vida, en mayor o menor medida, según el empeño de cada uno.

Es importante aclarar que no es lo mismo carácter que temperamento , este último se basa en los aspectos biológicos del carácter y está vinculado con la fisiología de cada uno, con factores genéticos que influyen significativamente en las conductas sociales de los individuos (si es hombre o mujer, alto o bajo, grueso o delgado…). El carácter, por su parte, es el conjunto de aspectos meramente psicológicos, que se moldean con la educación  y los hábitos, y permiten una reacción del individuo frente a las experiencias. También debemos señalar sin embargo, que el carácter está íntimamente ligado al temperamento y que actúa como consecuencia de él en la mayoría de las personas.

Qué componentes crean nuestro carácter

Para la creación del carácter son necesarios tres componentes básicos:

  • La emotividad: que es la reacción emocional del individuo frente a los sucesos.
  • La actividad: inclinación de la persona a responder a un determinado estímulo.
  • La resonancia: respuesta que alguien emite frente a un suceso.

Preocuparnos por todo no forma parte del carácter

Cada uno de nosotros podemos describirnos de muchísimas maneras distintas, en realidad el carácter es algo que adopta múltiples formas y, en parte, es bastante subjetivo. Así pues, hay personas que se definen a sí mismas como sufridoras. Consideran la preocupación como un rasgo interno de su carácter. Y no sólo se atormentan a sí mismas con esta idea irracional y exagerada, sino que también suelen desplazar este temor a las personas de su entorno. Piden, o incluso exigen, recibir noticias constantes para lograr su propia tranquilidad y, sin darse cuenta, pueden hacer sentirse a los demás responsables de su sufrimiento.

A nivel social, preocuparse por el bienestar ajeno se considera un signo de interés y entrega hacia los demás. Posiblemente por este motivo quienes se identifican con esta cualidad la proclaman incluso con orgullo: “Soy así, no puedo evitarlo”.

En parte esta afirmación resulta acertada. Al intentar eliminar de la mente una preocupación, a menudo se obtiene el resultado contrario: ésta se intensifica. Intentar dejar de pensar en lo que a uno le preocupa, es decir, en los problemas que cree que le producen estos pensamientos, esforzándose por no pensar, es una tarea extremadamente difícil, cuanto más nos esforzamos en ello, más presentes están nuestras rumiaciones y antes aparecerán multitud de pensamientos dolorosos.

Intentar suprimir las ideas que generan angustia, por tanto, no supone una verdadera solución. Por eso al final la persona cree que la inquietud es algo irremediable y superior a ella, que es su carácter. Pero no, no es así. La buena noticia es que esta impresión no es cierta, todos podemos hacer algo para cambiar.

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