No hace mucho se ha empezado a cuestionar que la inyección letal sea un método de ejecución indoloro, en contra de lo que aseguraban sus promotores. Aun con todas las dudas que plantea, es el método de ejecución más utilizado en los Estados Unidos.
¡Continúa leyendo para conocer en qué consiste este método de ejecución y por qué plantea tantos interrogantes!
Historia de la inyección letal
En 1889, Nueva York se convirtió en el primer estado que introdujo el método de la electrocución como método de ejecución más científico, debido a la enorme preocupación causada por la cantidad de ahorcamientos en los que las personas ejecutadas tardaban demasiado tiempo en morir.
Posteriormente se introdujeron nuevos métodos de ejecución, por ejemplo, el envenenamiento por gas, adoptado en 1921 y que llegó a ser utilizado hasta en 11 estados.
En la actualidad, la inyección letal es uno de los últimos métodos de ejecución incorporado al extenso catálogo de formas de aplicar la pena de muerte. Fue aprobada por primera vez en 11 de mayo de 1977, en el estado de Oklahoma (Estados Unidos) por un médico norteamericano del mismo estado, Jay Chapman, como una alternativa más “humana” a otro tipo de ejecuciones, como la mencionada electrocución o el ahorcamiento.
Charles Brooks se convirtió en la primera persona ejecutada en Texas en el año 1982.
De las 22 ejecuciones judiciales acontecidas durante 2019 en este país, 20 de ellas fueron por inyección letal. Además, se aplica en otros países, fundamentalmente en China, aunque el protocolo aplicado no es de carácter público.
Texas es el estado que utiliza con mayor frecuencia la inyección letal con humanos: unas 400 personas han sido ejecutadas mediante este método desde 1982.
Los tres compuestos químicos y el protocolo
Los protocolos convencionales de ejecución por inyección letal suelen contemplar la administración consecutiva de tres fármacos con potencialidad letal por sí mismos.
El método de la inyección letal consiste en la inyección de una dosis masiva de tres compuestos químicos:
- Tiopental sódico (también conocido con el nombre comercial de Pentotal), utilizado para inducir una anestesia general;
- Bromuro de pancuronio, provoca parálisis de los músculos, incluido el diafragma;
- Cloruro de potasio, el cual finalmente produce un paro cardiaco.
El protocolo habitual contempla la toma de dos vías, una en cada brazo, y la administración de los fármacos, de forma independiente, en una de ellas, reservando la segunda para el hipotético caso de que surgiesen problemas.
Es importante destacar que la cánula para la administración de los fármacos es aplicada por personal técnico o funcionario de prisiones entrenado para esta función mientras otro funcionario prepara en una habitación adyacente la bomba de infusión para la administración.
La cánula para la administración de los fármacos nunca es aplicada por un médico.
En primer lugar, se administra el tiopental sódico (3-5 gr.), con el objeto de inducir la anestesia y, por ende, la pérdida de conciencia, después el bromuro de pancuronio (40-100 mg), que ocasiona una parálisis de la musculatura del aparato respiratorio, y finalmente el cloruro potásico (100-160 mEq), que da lugar a una parada cardiaca.
La bomba de infusión a través de la cual se administran estos fármacos es activada por un funcionario o por un ciudadano privado, y automática y secuencialmente se aplican. Habitualmente, la muerte tiene lugar entre siete y diez minutos tras la finalización de la administración, y tiene que ser certificada por un profesional médico.
La Asociación Médica Americana establece, desde la perspectiva ética, que ningún médico debe participar en las ejecuciones, en ninguna manera, salvo en la certificación de la muerte de la persona. Sin embargo, cabe señalar que son recomendaciones profesionales que no vinculan a los facultativos.
Tal es así que, en algunos estados, como Missouri y Georgia, personal médico ha participado voluntariamente en ejecuciones judiciales.
La ejecución de Ángel Nieves Díaz, 2006
Era diciembre de 2006 y la ejecución fallida de Ángel Nieves Díaz en Florida, Estados Unidos, llevó al gobernador del estado, Jeb Bush, a ordenar la suspensión de las ejecuciones.
Ángel Díaz, condenado a muerte en 1986 por un asesinato cometido en 1979, tardó 34 minutos en morir. Según el único informe de prensa sobre la ejecución: “24 minutos después de recibir la primera inyección, Ángel Díaz se movía, hacía muecas, parpadeaba, se pasaba la lengua por los labios, resollaba y parecía querer articular palabras”.
Se tuvo que administrar una segunda dosis para completar la ejecución. Después de más de media hora desde el inicio de la ejecución, un médico que ocultaba el rostro con una capucha azul entró en la sala de ejecución para comprobar las constantes vitales de Ángel Díaz. Regresó un minuto después, volvió a comprobar las constantes e hizo una seña a un miembro del equipo.
Un método muy cuestionado
La preocupación ha sido expresada por la comunidad médica, pues el hecho de aplicarse una cantidad insuficiente de tiopental sódico (por ejemplo, debido a una dosis incorrecta de tiopental, a una inserción defectuosa de la vía o a la precipitación de las sustancias), la anestesia puede no ser tan profunda como se pretende o el efecto anestésico puede desaparecer antes de que se paralice el corazón de la persona ajusticiada, lo cual la expondría a sufrir un dolor intenso cuando el cloruro de potasio penetra en las venas y produce el paro cardiaco.
Debido a la parálisis muscular causada por el bromuro de pancuronio, a la persona ejecutada le resultaría imposible informar de esta situación a quienes la rodean.
Uno de los argumentos que esgrimen los partidarios de la inyección letal es que este castigo es más humano que sus alternativas.
Por otra parte, la postura de la Asociación Americana de Medicina Veterinaria señala a este respecto que la mezcla utilizada para la eutanasia en animales con pentobarbital de sodio no debe incluir un agente paralizante, y que para quitar la vida a un animal mediante una inyección de cloruro de potasio, es preciso que personal profesional competente haya establecido un nivel quirúrgico de uso del bromuro de pancuronio.
Conclusión final
Finalmente, no deja de ser paradójico que, mientras que en el mundo se deroga progresivamente la pena de muerte, la ayuda a morir a personas mayores y personas enfermas se presente como un derecho. Y lo que es más llamativo, que el procedimiento utilizado en ambos casos sea el mismo: la inyección letal. Este aparente contrasentido debería inducir a todo el mundo en una profunda reflexión a quienes la promueven.
Recursos
- El síntoma de una cultura de violencia: la pena de muerte
- La polémica decisión de Oklahoma de usar nitrógeno para ejecutar a los condenados a muerte
- Cuando la medicina mata: La pena de muerte por inyección letal cumple 43 años
- Asociación Americana de Medicina Veterinaria
- El asesino en serie que hizo que los payasos nos aterrorizaran
