Anatole France

Anatole François Thibault (1844 – 1924), conocido como Anatole France, fue un escritor, poeta y periodista francés. Irónico y escéptico, fue considerado en su época como el ideal francés de las letras. Fue miembro de la Académie Française y ganó el Premio Nobel de Literatura de 1921

Durante más de veinte años ocupó diversos cargos, pero siempre tuvo tiempo suficiente para sus propios escritos, especialmente durante su período como bibliotecario asistente en el Senado desde 1876 hasta 1890. Su producción literaria es enorme, y aunque se le conoce principalmente como novelista y narrador de cuentos, apenas hay un género literario que no haya tocado en un momento u otro.


Hoy hemos recopilado algunas de sus mejores citas célebres, ¡no te las pierdas!

Citas célebres de Anatole France

La vida resulta deliciosa, horrible, encantadora, espantosa, dulce, amarga; y para nosotros lo es todo.

No tengo ni mujer ni hijos, amores ni enfermedades, rico y frecuento la sociedad; puedo, por consiguiente, contarme entre los más dichosos.

Admiro el grado de fealdad que puede alcanzar una ciudad moderna.

Una sociedad por nada exclusiva mente por hombres grandes resultaría poco numerosa y parecería triste. Los hombres grandes no pueden sufrir se unos a otros y apenas tienen espíritu. Es mejor que se mezclen con los pequeños.

Es preciso matar el tiempo, bien mirado esta es la única ocupación de nuestra vida.

Morir es tan sencillo y tan aceptable como nacer.

Juzgamos las acciones humanas no por lo que son, sino por el disgusto o el placer que lo causan.

La timidez es un gran pecado contra el amor.

Las verdades que revela la inteligencia permanecen estériles. Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños.

Lo admirable no es que existan las estrellas, sino que el hombre haya podido dar cuenta de su existencia.

La inocencia es más a menudo una felicidad que una virtud.

No hay que atarse demasiado a los bienes perecederos de este mundo y hay que saber abandonar lo que nos abandona.

Anatole France

Prefiero los errores del entusiasmo a la indiferencia de la sabiduría.

Cada cual tiene la edad de sus emociones.

En todo lo que nos rodea y en todo lo que nos mueve debemos advertir que interviene en algo la casualidad.

La moral es la regla de las costumbres.

El porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueños.

Sabiendo sufrir se sufre menos.

Uno cree que muere por la patria y muere por los industriales.

No se ama verdaderamente sino cuando se ama sin razón.

Un buen retrato es una biografía pintada.

El pasado es la única realidad humana. Todo lo que es, es pasado.

Una tontería repetida por 36 millones de bocas, no deja de ser una tontería.

La utopía es el principio de todo progreso y el diseño de un futuro mejor.

Un diccionario es un universo en orden alfabético.

El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen.

Lo que los hombres llaman civilización es el estado actual de las costumbres y lo que llaman barbarie son los estados anteriores.

No comprendo que un hombre se case, a mí que una mujer cometa semejante locura a una edad en que ya sabemos lo que nos conviene.

Las más rudas tentaciones no las produce la presencia de una mujer, las produce la imagen de una mujer ausente.

Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas.

La mayoría de los hombres que no saben qué hacer en esta vida, quieren otra que no termine nunca.

Anatole France

Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento.

La ironía es el júbilo y la alegría de la sabiduría.

No seas jamás humilde con los soberbios, ni soberbio con los humildes.

Es perjudicial consentir que otro realice servilmente aquello en que podemos emplear nos con hidalga libertad.

Basta darle a un hombre un fusil con una bayoneta calada para que la una en el vientre del primer transeúnte y se transforme en héroe.

La independencia del pensamiento es la más orgullosa aristocracia.

Toda la justicia social descansa en estos dos axiomas: el robo es punible y el producto del robo es sagrado.

No perdamos nada del pasado. Sólo con el pasado se forma el porvenir.

Todos los orígenes tienen para nosotros el interés del misterio.

Cuando se alza un poder ilegítimo, para legitimarlo basta reconocerlo.

El arte de la guerra consiste en ordenar las fuerzas de tal modo que no puedan huir.

En el arte como en el amor, basta con el instinto.

Un buen crítico es aquel que narra las aventuras de su propia alma entre las obras maestras.

Pedir una moral a la ciencia es arriesgarse a sufrir crueles desengaños.

La verdadera historia es la de las máximas y las opiniones, más que la de las guerras y los tratados.

La vejez conduce a una tranquilidad indiferente que asegura la paz interior y exterior.

Anatole France

El cristianismo ha hecho mucho por el amor convirtiéndolo en pecado.

Uno cree que muere por la patria y muere por los industriales.

La vida nos enseña que no podemos ser felices sino al precio de cierta ignorancia.

Todos los libros cansan. Hasta los libros predilectos, los que uno relee, cansan. No leer sería una tendencia aprovechable si se pudiera hacer otra cosa.

El artista debe amar la vida y convencernos de que es bella: Sin él, dudaríamos.

El buen crítico es el que narra las aventuras de su alma en medio de las obras maestras.

Es preciso elevarse con las alas del entusiasmo. Si se razona, no se volará jamás.

No hay gobierno popular. Gobernar es crear descontentos.

La historia me ha enseñado que sólo aparecen los actos heroicos en las derrotas y en los desastres.

Una cosa sobre todo hace sugestivo el pensamiento humano: es la inquietud.

De todos los vicios que pueden malograr a un estadista, la virtud es la más funesta: empuja al crimen.

Los autores de revoluciones no pueden sufrir que otros las hagan después de ellos.

La guerra y el romanticismo: ¡plagas espantosas!

Cuando se ve una cosa bella, se quiere poseerla. Es una inclinación natural que las leyes han previsto.

El bien público está formado por un buen número de males particulares.

La mujer es embellecida por el beso que ponéis sobre su boca.

No se sabe quién goza más; si la mujer cuando se casa o el hombre cuando enviuda.

Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.

La justicia es la sanción de las injusticias establecidas.

Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia.

De todas las aberraciones sexuales, la peor es la castidad.

No es fácil derribar a los autócratas, pero en cuanto se tambalean sus más firmes sostenes los abandonan.

Nunca un hombre hace feliz a otro. La felicidad es un manantial interior. Los hombres que se han ocupado de la felicidad de los otros han hecho desgraciados a los que han tenido al alcance. Lo mejor que podemos esperar de un apóstol o de un héroe es que no se dé cuenta de nosotros y nos pase por alto.



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