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San Francisco de Asís (1181/1182 – 1226) fue un fraile católico italiano, diácono y predicador. abandonó una vida de lujo por una vida dedicada al cristianismo después de haber escuchado la voz de Dios, que le ordenó reconstruir la iglesia cristiana y vivir en la pobreza. Él es el santo patrón de los animales y el medio ambiente.

Fundó la Orden de los Frailes Menores de los hombres, la Orden de las Mujeres de Santa Clara, la Tercera Orden de San Francisco y la Custodia de Tierra Santa. Francisco es una de las figuras religiosas más veneradas de la historia.


Citas célebres de San Francisco de Asís

Luchemos por alcanzar la serenidad de aceptar las cosas inevitables, el valor de cambiar las cosas que podamos y la sabiduría para poder distinguir unas de otras.

Comienza por hacer lo que es necesario; después lo que es posible, y de repente, estarás haciendo lo imposible.

Toda la oscuridad del mundo no puede extinguir la luz de una sola vela.

Yo necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco.

Recuerda que cuando dejas esta tierra, no puedes llevar contigo nada que hayas recibido, solo lo que has dado.

He vivido todo lo profano. Si Dios puede obrar a través de mí, puede obrar a través de cualquiera.

Entretenerse en buscar defectos al prójimo es prueba suficiente de que no se ocupa de los suyos propios.

Hemos sido llamados a sanar heridas, a unir lo que se ha derrumbado y a traer a casa a los que se extraviaron.

El verdadero progreso avanza silencioso y persistentemente, sin previo aviso.

Si existen hombres que excluyen a cualquiera de las criaturas de Dios del amparo de la compasión y la misericordia, existirán hombres que tratarán a sus hermanos de la misma manera.

Él me dijo que quería que yo fuera un nuevo loco en este mundo.

Mientras que estás proclamando la paz con tus labios, ten cuidado de albergarla también en tu corazón.

La riqueza confunde la codicia y la avaricia con los cuidados de este mundo.

Un solo rayo de sol es suficiente para ahuyentar muchas sombras.

Comencemos a servir, hagamos nuestro mejor esfuerzo, lo que hemos hecho hasta ahora es poco y nada.

Cada criatura caída en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida.

La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.

Donde hay caridad y sabiduría, no hay miedo ni ignorancia. Donde hay paciencia y humildad, no hay ira ni preocupación.

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Porque es dando que recibimos.

Nadie debe ser llamado enemigo, todos son tus benefactores, y nadie te hace daño. No tienes más enemigo que tú mismo.

La gracia y los dones que Cristo da a sus fieles el poder de vencerse a uno mismo.

Santifícate y santificarás a la sociedad.

Los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos.

Allí donde hay heridas déjame sembrar el perdón.

Es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra.

Señor, hazme un instrumento de tu paz. Donde haya odio, déjame sembrar amor.

Debemos buscar no tanto para orar, sino para convertirnos en oración.

Todo el bien que hagamos, hay que hacerlo por amor a Dios, y el mal que evitemos hay que evitarlo por amor de Dios.

Lo que cada hombre es en Tus ojos, así es él, y no más.

Quien obedece a Dios no debe obedecer a otro hombre, sino a aquel por cuyo amor le ha entregado su obediencia.

El que trabaja con sus manos es un trabajador.
El que trabaja con sus manos y su cabeza es un artesano.
El que trabaja con sus manos, su cabeza y su corazón es un artista.

Los demonios no son los que te han crucificado, eres tú quien con ellos te has crucificado y te sigues crucificando todavía, deleitándote en los vicios y en los pecados.

No es apropiado, cuando uno está al servicio de Dios, tener una cara triste o una mirada temible.

Por una pequeña recompensa se pierde algo que es inestimable y se provoca fácilmente al dador a no dar más.

Las obras que haces pueden ser el único sermón que algunas personas escucharán hoy.

Allí donde reinan la quietud y la meditación, no hay lugar para las preocupaciones ni para la disipación.

No me canonices demasiado pronto. Soy perfectamente capaz de engendrar un hijo.

Es feliz quien nada retiene para sí.

Dejémonos transformar en Jesús por la fuerza de su amor y compasión.

El hombre, al no poseer nada propio, todo él le pertenece a Dios.

No debemos nunca desear estar por encima de los demás. Por el contrario, debemos ser siervos sumisos a todo ser humano, por el bien de Dios.

Ama a tus enemigos y haced el bien a aquellos que os odian.

Por encima de todos los regalos que Cristo da a sus amados, está el de superarse a sí mismos.

El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote.

Bienaventurado el siervo a quien lo encuentran en medio de sus inferiores con la misma humildad que si estuviera en medio de sus superiores.

Cuanto más tentado te veas, sábete que eres más amado.

No retengan nada de ustedes mismos a fin de que enteros los reciba el que se da por entero.

Mantén una visión clara hacia el final de la vida. No olvides tu propósito y tu destino como la criatura de Dios. Lo que eres a su vista es lo que eres y nada más. Recuerda que cuando dejas esta tierra, no puedes tomar nada de lo que has recibido… sino solo lo que has dado; un corazón lleno, enriquecido por el servicio honesto, el amor, el sacrificio y el coraje.

Es muriendo como se resucita a la vida eterna.

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