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Las diversas variantes de psicoterapias psicoanalíticas son formas de tratamiento psicológico de orden exclusivamente verbal. No emplean, como lo pueden hacer otras técnicas, el movimiento corporal, la práctica de determinadas conductas o la representación de los conflictos del paciente. Terapeuta y paciente no se intercambian documentación escrita, ni miran registros videográficos o de otro tipo. Paciente y terapeuta sientan y dialogan, ni más ni menos. Y, además, lo hacen de una manera especial: mientras que el paciente puede hablar de cualquier cosa, el terapeuta no.

Dentro del marco de las psicoterapias psicoanalíticas podemos distinguir, entonces, entre tres tipos de intervenciones verbales del terapeuta: confrontación, aclaración e interpretación.

La confrontación

En la confrontación el terapeuta intenta hacer percibir al paciente determinados aspectos de su conducta o de sus palabras de que el paciente no se ha dado cuenta claramente. La confrontación se dirige a aspectos conscientes o muy próximos a la conciencia del paciente. No se trata de que el terapeuta descubra nada nuevo al paciente, sino que le estimule a reflexionar sobre sí mismo, tarea primordial en toda forma de psicoterapia psicoanalítica. Como señala Coderch (1987), es especialmente útil en los casos siguientes:

  • En el relato del paciente se detectan lagunas, omisiones o contradicciones importantes.
  • El paciente pasa por alto aspectos importantes de su discurso.
  • Se producen alteraciones graves de las reglas básicas del tratamiento (horarios, ausencias, honorarios, silencios excesivos, etc.).
  • La conducta del paciente es francamente desadaptativa y perjudicial para él mismo. Con la confrontación se trata de aumentar la percepción de las consecuencias negativas que ciertas conductas tienen sobre su vida.
  • El paciente deja de utilizar recursos que tiene o no prevé todas las alternativas de que dispone para encarar determinadas situaciones.
  • El paciente tiene una conducta francamente deshonesta y / o tramposa.

Dado que el terapeuta hace uso de la confrontación en estos casos, en los que existen desajustes entre la conducta del paciente y la misma percepción que tiene, debe estar especialmente atento para no caer en actitudes de “juez” de la conducta del paciente. Si esto se da, el paciente se sentirá, tal vez con razón, perseguido o acusado por su terapeuta, más que ayudado; juzgado y criticado, más que comprendido. Ahora bien, comprender y aceptar no significa aprobar. El terapeuta debe poder mostrar al paciente sus contradicciones, sus deficiencias comportamentales y sus alteraciones en la relación con los demás de una manera franca y sincera. De lo contrario, el paciente se puede hacer la idea de que “todo vale, haga lo que haga” cuando esto no es cierto (y no lo es en tanto que la conducta del paciente le perjudique a sí mismo o dañe a los demás).

Ejemplo

El Sr. J se queja repetidamente de cómo está de insatisfecho con su trabajo, tan poco como le gusta, tan mal como se gana la vida, etc. Siendo que podría hacer más cosas y, sin embargo, he aquí que se siente estancado y hastiado. Se recrea en fantasías consistentes en alcanzar un puesto directivo más adelante. Algo parecido le sucedía en sus relaciones amorosas. Suspiraba por encontrar una pareja, se quejaba de la dificultad de encontrar…, pero no movía un dedo para conseguirlo. Tras varias ocasiones en que el paciente expresaba estas quejas, el terapeuta le preguntó si se había planteado alguna vez cómo podría salir de su bache laboral y encontrar una pareja; qué acciones efectuaba encaminadas a estos dos objetivos. Esta reflexión hizo ver al paciente que gran parte de su vida se articulaba en torno a procesos más aparentes que reales.

Naturalmente, la confrontación no excluye el análisis posterior de los motivos inconscientes que han conducido a la situación. Por sí sola, puede ser eficaz para paliar determinadas conductas o errores en la conducta del paciente, pero no cumple el objetivo de las psicoterapias psicoanalíticas en cuanto a dar explicación a estas situaciones. Por lo tanto, la confrontación es, muchas veces, una vía para la interpretación posterior.

La aclaración

En la aclaración el objetivo del terapeuta es diferente del que tiene en la confrontación. La aclaración pretende, como su nombre indica, definir mejor la comunicación del paciente. Para ello el terapeuta lo puede resumir y sintetizar, y puede transmitir al paciente la esencia de lo que comunica. Expresado en otras palabras, dice al paciente lo mismo que él dice pero de una manera más clara y concisa, vinculando el discurso con los sentimientos o motivaciones que lo animan. La aclaración, pues, no introduce ninguna idea nueva (como ocurre en el caso de la interpretación), ni ningún sentimiento que el paciente no haya expresado de una manera u otra. Por tanto, podemos afirmar que la aclaración opera en un nivel consciente o muy próximo a la conciencia. Al igual que la confrontación, puede ser una buena vía de aproximación para la interpretación. Gracias a la aclaración es más fácil comprender aquello sobre lo que se habla.

Ejemplo

La Sra. L se presenta, en su primera entrevista, diciendo:

P: Bueno, no sé muy bien por qué vengo…, pero bueno, por algún punto tengo que empezar, tal vez aunque sea por el final. Estoy muy preocupada porque he montado un pequeño negocio de lanas, punto y todo ello con una amiga que era mi socia y hemos invertido un dinero y todo eso, y ahora de repente mi amiga dice que lo deja, que no se quiere complicar la vida y que lo deja… Yo quiero seguir pero me siento como colgada …, no es lo mismo hacer las cosas con alguien que hacerlas tú sola. ¿Sabe? Siempre he intentado tener algún trabajo segura pero, no sé por qué, todas me han ido mal. Incluso en otra tienda que monté resultó que un socio tenía problemas con la ley y al final también me terminó dejando el negocio a mí sola.

La paciente continúa hablando de cuestiones laborales mientras el terapeuta la escucha sin comentar. Al cabo de un rato, la paciente cambia el tema de su discurso y dice:

P: Y…, bien, aparte de todo esto, pues…, le puedo explicar otras cosas de mi vida…, sí, una mala vida. Mi padre murió cuando yo era pequeña, yo apenas tenía tres meses. No recuerdo nada, y mi madre me dio en adopción a unos parientes… Ya ve …

La paciente se sume en un silencio y el terapeuta, como para invitarla a seguir, comenta lo siguiente:

T: Parece que usted ha sentido abandonada en diferentes ocasiones, no sólo a sus negocios sino también a los negocios de la vida; usted me expresa un profundo sentimiento de soledad.

P: Sí, sin duda, lo he pasado mal. He pasado unos años duros con estos familiares.

La paciente comenta que, sintiéndose extraña entre sus familiares y con los compañeros de escuela, se dedicó con gran intensidad a la lectura y el estudio de sus tareas colegiales. Fue, de este modo, la primera de la clase durante varios años.

P: Supongo que en el fondo la gente no me acaba de interesar. A veces no sé ni de qué puedo hablar con la gente, la veo poco formada, está mal decirlo, pero los veo poco interesantes. A veces disfruto más leyendo o estudiando.

T: Ante las dificultades que ha experimentado se refugia en la lectura y el estudio.

P: Sí, por supuesto, no hay ninguna duda.

Como se puede ver, en las dos intervenciones el terapeuta no ha dicho nada nuevo a su paciente, tan sólo ha destacado el leitmotiv principal de su comunicación: el sentimiento de soledad y el refugio que ha encontrado. Son cosas que la paciente no ignora en absoluto, pero que formuladas de una manera más clara de cómo se presentan inicialmente, permiten proseguir la exploración del psiquismo de la paciente (en este caso exploración diagnóstica, al tratarse de una primera entrevista).

Como en el caso de la confrontación, la aclaración no excluye la interpretación, el único instrumento del terapeuta capaz de dar cuenta de los procesos psíquicos inconscientes.

La interpretación

En cuanto a la interpretación es, desde un punto de vista psicoanalítico, el proceso de deducción del sentido inconsciente existente en las manifestaciones verbales y comportamentales de un paciente. En el proceso psicoanalítico o psicoterapéutico entendemos también por interpretación la comunicación de esta deducción que se brinda al paciente de cara a hacerle accesible este sentido inconsciente.

Dicho de una manera más sencilla, tanto en estas psicoterapias psicoanalíticas como en todas cualquier manifestación de la vida, la teoría psicoanalítica parte de la premisa que las acciones humanas (en su sentido más amplio, comportamiento, pensamiento, relaciones, fantasías, sueños, voluntad, etc.) están multideterminadas; es decir, tienen relación o son consecuencia de múltiples factores. Entre estos factores la teoría psicoanalítica destaca los que se consideran de orden inconsciente, es decir, ignorados en gran medida por el mismo sujeto. Pues bien, la interpretación es el instrumento mediante el cual el terapeuta encuentra estos factores actuando en las acciones y comunicaciones de su paciente. Es, también, el acto por el que el terapeuta comunica al paciente sus ideas a propósito de estos factores. Así, pues, hay que distinguir dos momentos en el acto interpretativo: el momento en que la interpretación “surge” en la mente del terapeuta y el momento en que el terapeuta la comunica al paciente.

Se basa en diferentes elementos que se combinan en el pensamiento del terapeuta hasta que encuentra “un sentido” a lo que el paciente le comunica. Estos elementos son, entre otros, la historia personal del paciente –la transferencia y contratransferencia-, el conocimiento teórico del funcionamiento mental según el psicoanálisis, las vivencias y experiencias del terapeuta, las asociaciones del paciente a sus propios actos y comunicaciones, etc .

Con la interpretación se verifica la máxima fundamental de la teoría psicoanalítica aplicada a la terapéutica: hacer consciente lo inconsciente.

Más que interpretar, consideramos que lo que el terapeuta hace es “dar un sentido” a lo que el paciente le muestra, un sentido que va más allá de lo que el mismo paciente puede percibir. Este matiz nos parece importante por dos motivos: en primer lugar, y según el multideterminisme toda acción, consideramos que no hay una interpretación única y exclusiva para lo que nos muestra el paciente. Seguramente se podrían considerar diferentes interpretaciones, muchas de las cuales quizás son válidas para entender lo que el paciente nos comunica. En segundo lugar, la idea de “dar sentido”, más que de “interpretar”, nos sugiere que la interpretación debe ser presentada al paciente como lo que es, como una posible hipótesis, y no como una certeza irrefutable. Se puede presentar como una idea para pensarlo.

Ejemplo

El Sr. F hace unos meses que recibe psicoterapia a razón de una sesión por semana. Sus síntomas ansiosos han aligerado y empieza a poder expresar con mayor libertad sus deseos, sus aspiraciones e ideas. “Ya no se reprime tanto”, en sus propias palabras. Con la psicoterapia se conoce más y mejor, pero…

P: El otro día me quedé sorprendido y preocupado. Fui con mi mujer en casa de una amiga del trabajo. Me quedé sorprendido de la manera en que se comportaba mi mujer…, no sé, me parece que la trataba con mucha familiaridad, con mucha facilidad, quizás incluso demasiado. Llegué a pensar que había un aspecto de mi mujer que no conocía del todo… Pensé “ostras, que cambiada”… Claro, eso de pensar que no acabas de saber bien cómo es tu propia mujer. .. A ver qué nuevas sorpresas me llevaré…

T: Me parece que también se siente extrañado a propósito de usted mismo, de las cosas que ha visto aquí y de las que puede llegar a ver. Siendo que tampoco se acaba de conocer del todo y se siente diferente de lo que sabía anteriormente de usted. Teme, también, qué cosas nuevas puede ver sobre usted mismo…

P: Sí, un poco sí. No sé qué más puedo llegar a descubrir. Yo pensaba que era así, callado, y que lo podía aguantar todo, o que tanto me daban las cosas, y ahora veo que no…

En cuanto al tema de la calidad de la interpretación, las cuestiones surgen por sí solas: ¿cuándo una interpretación es buena o mala? Hay quien ha sugerido que incluso una interpretación inexacta, incompleta o inadecuada puede, según como, producir un cierto beneficio terapéutico, dado que la interpretación dota al paciente de una alternativa de pensamiento. Consideramos que aunque esta idea fuera cierta, nuestra tarea debe ser tan exacta, completa y adecuada posible. Y en cuanto a la bondad o no de una interpretación, se mide por la capacidad que tiene para aumentar el proceso terapéutico y de investigación en el mismo psiquismo del paciente.

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