SuperJumper es un nuevo juego de lógica de saltos crecientes, fácil de jugar pero difícil de dominar y que te tendrá atrapado hasta el último nivel.
Utiliza los cursores o toca las casillas alrededor del jugador para moverlo hasta el objetivo utilizando TODOS los movimientos disponibles y teniendo en cuenta que cada movimiento incrementa la longitud del desplazamiento en una casilla.
Aprende a jugar a SuperJumper
El objetivo del juego es muy sencillo, el jugador está posicionado en una casilla dentro del tablero y debe utilizar TODOS los saltos disponibles para aterrizar exactamente en la casilla de destino.
La particularidad del juego está en que la longitud del salto crece con cada movimiento, de manera que en el primer movimiento el saltador avanza 1 casilla, 2 casillas en el segundo movimiento, 3 en el el tercero y así sucesivamente hasta completar todos los saltos disponibles.
Si juegas con teclado, puedes controlar el saltador utilizando las teclas del cursor, y si juegas en dispositivos táctiles o con el ratón, puedes tocar las casillas a la derecha, izquierda, arriba o debajo del jugador para moverte en esa dirección y realizar el salto de la longitud correspondiente.
En la parte superior del juego verás cuántos saltos has realizado y el total disponible, dispones de botones para ver la solución, y reiniciar o cambiar de nivel.
Puedes activar o desactivar el sonido y seleccionar la opción «Pistas» para resaltar las casillas a las que puedes llegar en el próximo salto.
Comienzas con una modesta pulga como saltador que irá evolucionando según aumente la dificultad del juego. Anímate a superar los más de 250 niveles de SuperJumper y descubre todos los saltadores disponibles.
Qué capacidades entrenas con SuperJumper
Jugar a SuperJumper activa un buen puñado de procesos cognitivos, por lo que además de divertirte, te resultará útil para desarrollar ciertas habilidades y capacidades mentales.
La mecánica del juego, con saltos incrementales, te obliga a planificar con antelación. Dado que cada salto es más largo que el anterior, conviene diseñar una ruta de varios pasos y prever cómo afectará cada decisión a las siguientes. Ese plan reside en la memoria de trabajo, que va encadenando movimientos y, con la práctica, aprende a agruparlos en patrones manejables para no saturarse.
El razonamiento espacial también se pone en marcha para visualizar las trayectorias en la cuadrícula, especialmente cuando el tablero es irregular o hay celdas a las que no se puede acceder, ya que visualizas distancias, evalúas cambios de eje y estimas dónde vas a aterrizar.
Ese ejercicio adopta, casi sin darte cuenta, la forma del pensamiento algorítmico, ya que defines estados (posición y longitud del salto), aplicas reglas, valoras heurísticas y exploras alternativas como si recorrieras un grafo en busca del mejor camino.
La flexibilidad cognitiva y el control inhibitorio se ponen a trabajar cuando toca descartar una estrategia, recalcular Y resistir el impulso de mover por “probar a ver qué pasa”.
También se entrena la agilidad matemática, ya que en cada salto, en realidad estamos sumando un vector y terminamos calculando mentalmente cuántas casillas faltan en horizontal y vertical, qué grupos de números encajan para alcanzarlas y en qué eje debemos aplicarlos.
Todo esto se acompaña de decisiones informadas y metacognición, ya que al comparas distintas opciones, justificas por qué una ruta es preferible y, con la ayuda de las pistas o las soluciones, contrastas hipótesis y aprendes del error.