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Actualizado: 17 de junio, 2024
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Frases de Enrique Jardiel Poncela para tomarse la vida con humor

Enrique Jardiel Poncela, el dramaturgo que le dio un giro al humor, añadiendo giros intelectuales e irreverentes que puso a pensar a todos.

Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-Madrid, 1952), fue un dramaturgo y escritor español, que se hizo un nombre por el uso del teatro de lo absurdo, en donde utilizó elementos intelectuales e imposibles para crear un humor diferente al convencional. Lamentablemente, su trabajo no fue del todo bien recibido, en especial, durante el régimen franquista. Por lo que el final de su vida estuvo marcado por la ruina y la pobreza.

A pesar del fracaso, con el paso del tiempo, su trabajo ha obtenido el reconocimiento que se merece. Por eso, en este artículo mostraremos las mejores frases de Enrique Jardiel Poncela que nos harán reflexionar.

Frases ingeniosas y memorables de Enrique Jardiel Poncela

El secreto del alma de las mujeres consiste en carecer de ella en absoluto.

La mujer y el libro, que han de influir en una vida, llegan a las manos sin buscarlos.

Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.

La amistad, como el diluvio universal, es un fenómeno del que todo el mundo habla, pero que nadie ha visto con sus ojos.

Hay dos maneras de conseguir la felicidad: una, hacerse el idiota; otra, serlo.

Ser ateo es tenerse a sí mismo por un dios.

Aconsejar amistosamente es querer que hagan los demás lo que no haríamos jamás nosotros mismos.

Ser libre es dejar de depender de alguien para depender de todos.

La dictadura es el sistema de gobierno en el que lo que no está prohibido es obligatorio.

Todos los autores coincidimos en afirmar que el amor de las mujeres es lo único que compensa un poco este bostezo de largo metraje que es la existencia.

Al amor, al baño y a la tumba, se debe ir desnudo.

Patrimonio es un conjunto de bienes; matrimonio es un conjunto de males.

La sinceridad la inventó uno que quería amargarle la vida al prójimo.

Para ser moral basta proponérselo; para ser inmoral hay que poseer condiciones especiales.

Cuando mejor se finge es cuando lo que se finge, se finge de verdad.

El que no se atreve a ser inteligente, se hace político.

El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo.

La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.

La Historia y la Filosofía se diferencian en que la Historia cuenta cosas que no conoce nadie con palabras que sabe todo el mundo, en tanto que la Filosofía
cuenta cosas que sabe todo el mundo con palabras que no conoce nadie.

Alguien ha dicho que la luna está tan pálida porque hace exclusivamente vida de noche.

Cuando algo se puede leer sin esfuerzo, se ha invertido un gran esfuerzo en escribirlo.

Enrique Jardiel Poncela Frases Esfuerzo

La casualidad es la décima musa.

En la vida humana solo unos pocos sueños se cumplen; la gran mayoría de los sueños se roncan.

Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.

Se llama experiencia a una cadena de errores.

Si el hombre supiera divertirse, no sentiría la necesidad de trabajar.

Hay una moralidad sexual y otra económica; la primera se derrumba ante la segunda y la segunda se derrumba ante la primera.

Suicidarse es subirse en marcha a un coche fúnebre.

El que va acompañado de una linda mujer sabe que los amigos hallados en la calle tienen siempre más cosas que decir que cuando vamos solos.

Hablando de amor, no siempre se enamora a las mujeres, pero hablando de Geometría analítica suele uno quedarse solo.

Cuando se ha querido a una mujer y deja de querérsela, puede hacerse por ella todo menos volver a quererla.

Solo los padres dominan el arte de educar mal a sus hijos.

La sinceridad es el pasaporte de la mala educación.

Sin creer puede vivirse; sin crédito es imposible.

La mujer pierde su virginidad cuando quiere, y el hombre cuando puede.

La mujer adora al hombre igual que el creyente adora a Dios; pidiéndole todos los días algo.

La verdad se parece mucho a la falta de imaginación.

El fin de la religión, de la moral, de la política, del arte, no viene siendo desde hace cuarenta siglos más que ocultar la verdad a ojos de los necios.

El espiritismo se inventó para que los médicos pudieran hablar con su clientela.

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.

El amor es una goma elástica que los humanos, a fuerza de tirar, consiguen que se alargue. Pero, al cabo, uno de los que tiraban se cansa y suelta su extremo y
la goma le da un porrazo en las narices al que todavía seguía tirando…

En la vida social, las conversaciones más interesantes empiezan siempre cuando tienen que concluirse.

Lo único que no se ve es lo que está al alcance de la vista.

Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo.

Aquello fue tan triste y tan negro como una visita de pésame en el Níger, y solo bajo juramento podía creerse que se trataba de la primera audición de una
comedia cómica que, justamente un año más tarde, había ya recorrido triunfalmente todos los escenarios.

Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa.

El teatro es un gran medio de educar al público, pero el que hace un teatro educativo se encuentra siempre sin público al que poder educar.

Los hombres solo se unen con sinceridad socialmente cuando se trata de reventar a un tercero.

Los muertos, por mal que lo hayan hecho, siempre salen en hombros.

Lo único que a una mujer le interesa en la cabeza del hombre es el pelo.

El «etcétera» es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes.

Enrique Jardiel Poncela Frases Escritores

La estupidez es una asociación internacional.

La mujer es como los autos, a la vejez es cuando más se pintan.

Un novio es un hombre feliz que está pronto a dejar de serlo.

Siempre he soñado con besar a la mujer amada a la luz de la luna —prosiguió él con la imbecilidad astronómica propia de tantos enamorados—.

Los hombres son individualistas, se alegran del mal del prójimo y tienden a separarse unos de otros y solo se unen cuando se convencen de que necesitan hacerlo
si quieren reventar a un enemigo superior: origen de los ejércitos, los sindicatos, las sociedades de fútbol, etcétera.

El amor es un punto de acuerdo entre un hombre y una mujer que están en desacuerdo en todo lo demás.

Los sentimientos deben analizarse y nunca obedecerse.

El pudor es un sólido que solo se disuelve en alcohol o en dinero.

Hablar un lenguaje que solo entienden los selectos quiere decir selección. Hablar un lenguaje que solo entienden los no selectos se llama falta de selección.
Hablar un lenguaje que entienden los selectos y los no selectos se llama genialidad.

No se sabe nada de la muerte: en el “más allá” hay censura gubernativa.

La «vida fácil» suele ser la más difícil.

Historia es, desde luego, exactamente lo que se escribió, pero ignoramos si es lo que sucedió.

El vicio es lo que más arruga.

El que pide la mano de una mujer, lo que realmente desea es el resto del cuerpo.

El hombre se hace feminista cuando no sabe ya cómo agradar a las mujeres. La mujer se hace feminista cuando ya no sabe cómo agradar a los hombres.

El pudor es un sólido que solo se disuelve en alcohol o en dinero.

El amor es como las cajas de cerillas, que desde el primer momento sabemos que se nos tiene que acabar, y se nos acaba cuando menos lo esperamos.

El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.

La Historia es la mentira encuadernada.

El amor, el tabaco, el café y, en general, todos los venenos que no son lo bastante fuertes para matarnos en un instante, se nos convierten en una necesidad
diaria.

Todos los hombres que no tienen nada importante que decir, hablan a gritos.

En cuestiones de amor, la mujer y el hombre somos ferrocarriles de trayecto limitado, y como la existencia es un viaje muy largo se ve uno obligado a cambiar
varias veces de tren.

La medicina es el arte de acompañar al sepulcro con palabras griegas.

Cuando el trabajo no constituye una diversión, hay que trabajar lo indecible para divertirse.

El matrimonio sin divorcio me parece algo tan terriblemente cruel como la pena de cadena perpetua o la obligación de leerse todas las novelas de Sopena.

Las mujeres, como las espadas, cuando más respeto inspiran es cuando están desnudas.

Al hombre le falta justamente la experiencia que le sobra a la mujer.

Comúnmente se piensa en la muerte como en una exposición de escultura: suponiendo que va a ir a ella todo el mundo menos uno mismo.

Para encontrar gusto a la vida no hay nada como morirse.

Un buen amigo os dirá siempre la verdad: salvo en el caso de que la verdad sea agradable.

Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.

Un poeta nunca es rotundamente sincero.

Lo peor de la humanidad son los hombres y las mujeres.

Adriana

Adriana Méndez es psicóloga, graduada en la Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado de Venezuela y actualmente trabaja como creadora de contenido y redactora web.