Los modelos de educación y socialización en la infancia

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“No hay transición más capacitante en la vida de una persona que la de “aprender” a hablar. Debo poner la palabra entre comillas porque hemos llegado a darnos cuenta (gracias a la labor de psicólogos y lingüistas) de que los niños humanos están genéticamente prediseñados de muchos modos diferentes para el lenguaje” Daniel Dennett.

Históricamente los procesos de socialización se instauran como los cambios evolutivos que se presentan desde la interacción con los otros. En esa dimensión, son los procesos de interacción social pueden ser abordados desde los niveles; antropológicos psicológicos, y sociales. Es decir, que la socialización se establece como un proceso total donde el individuo por medio de las transacciones con los otros, desarrolla sus patrones de conducta y experiencia.



De esas circunstancias nace el hecho de que los comportamientos del niño, evolucionan de acuerdo a las interacciones que se generan con un mediador o cuidador, con quien realiza un proceso de socialización continua. Lo que permite el surgimiento de tres modelos de crianza que han permitido comprender el comportamiento de los niños.

Los tres modelos de crianza

El modelo del Laissez-faire

Este nombre significa “dejar hacer”. En educación, define a los padres ejercen poco control sobre las conductas y la educación de los hijos, siendo muy permisivos y dejando que los pequeños tomen muchas decisiones e iniciativas. Socialmente se establece como las expresiones libres que tienen los niños frente a diversas actividades, que se instauran desde los procesos de enseñanza-aprendizaje. Teniendo en cuenta que los padres serán los mediadores que deberán fomentar y fortalecer los procesos de exploración del niño, para que los procesos de aprendizaje sean fructíferos.

El modelo de modelado de arcilla

Históricamente este modelo es definido como un modelo de arcilla, donde los niños se dejen moldear por el adulto. Los adultos son los primeros responsables de los procesos de socialización, partiendo que los niños son seres moldeables. En esa dimensión, la socialización es un proceso que inician los adultos cuyo punto final es transformar al niño en un agente crítico y participativo. Es decir, en un sujeto que habita un espacio armónico en los campos socioculturales.

El modelo del conflicto

Se define como el proceso de socialización en el que los niños manifiestan sus posturas de acuerdo y desacuerdo frente a una temática. Lo que hace que los adultos observen a los niños como sujetos participativos y críticos en la construcción del mundo. Además, el ser conflictivo para la sociedad se reduce en no estar de acuerdo con las nociones de la mayoría, cuando lo ideal sería respetar las diversas concepciones del mundo que tiene el otro.

La socialización del niño

Dentro un marco histórico, ha de considerarse que la socialización viene siendo ejercitada por la madre al niño, principalmente. Caracterizada por pautas de crianza y hábitos alimenticios que conducen a procesos de socialización o interacción social, que establece los patrones de comportamiento en infantes y adolescentes. En ese sentido las técnicas parentales de control se desarrollan desde los procesos de generación en generación, donde la madre quien determina los procesos de socialización que tendrá el niño valiéndose de objetos transicionales como los juguetes. Cabe resaltar que el estudio de las técnicas se define como el conjunto de actividades que utiliza una persona para pasar a otras actividades, con la finalidad de cambiar el comportamiento del receptor.

Esta descripción sería incompleta si no se establece la comunicación de controles desde la conducta no verbal, que sirve para disponer del ambiente físico de tal modo que el niño pueda comunicarse. Es decir que la conducta no verbal sirve para generar prácticas del lenguaje, que le permiten al niño fortalecer las habilidades comunicativas y manifestarse. Además, la obediencia implica la elección de: tomar la acción o alternativa que se traduce en la capacidad de decir “No” indicando la autoafirmación, significa rechazar la línea de acción sugerida por el adulto en favor de otra producida por el propio niño. En esa dimensión, la obediencia surge en el niño desde la sensibilidad  y la cooperación frente al proceso  a realizar, partiendo desde tres niveles que son la obediencia de orientación,  obediencia de contacto, y obediencia de tarea, lo que se traduce en que el niño debe sentirse como sujeto activo y participativo de la acción a realizar.

Finalmente, la primera infancia se resume en los primeros años de vida. La madre o el padre dejarán de ser cuidadores para convertirse en agentes socializadores que involucren al niño en los campos sociales que habitará, caracterizado por los procesos cognitivos y emocionales en la interacción con los otros. La tarea ha de centrarse en crear espacios propicios que permitan dentro y fuera de las aulas escolares este proceso de interacción o socialización, que garantiza en los infantes una mirada holística.

Los modelos de educación y socialización en la infancia
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Yessika María Rengifo Castillo
Magister en Infancia y Cultura, y Especialista en Infancia, Cultura, y Desarrollo, Universidad Distrital Francisco José de Caldas; Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Escritora, articulista, y poeta. En la actualidad, investigadora académica del Centro Comunitario Pensémonos. Correo electrónico: [email protected]

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