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ENURESIS
INTRODUCCIÓN
Se entiende por enuresis la emisión repetida de orina durante el día o la noche,
en la cama o en la ropa, de manera involuntaria o en ocasiones intencionada, que
haya ocurrido por lo menos dos veces por semana durante un mínimo de tres meses
o que siendo la frecuencia menor, provoque malestar clínicamente significativo
al sujeto, con una edad cronológica igual o superior a cinco años o, cuando se
trate de niños con retraso mental, con una edad mental equivalente-Si se tienen
en cuenta la diversidad de causas que pueden estar en la base de un problema
enurético (neurológicas, anatómicas, pautas incorrectas de aprendizaje, etc.) no
es extraño que se suela recurrir a distintos métodos para evaluar e intervenir.
Normalmente recurrimos a un examen médico, entrevista con los padres, el niño,
observación conductual y registros.
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FISIOLOGÍA DE LA MICCIÓN
La orina se elabora en los riñones y alcanza la vejiga a través de los
uréteres. La vejiga desemboca en la uretra que vierte la orina
directamente al exterior. Los haces musculares de la vejiga que se
sitúan en las cercanías de la uretra se extienden por el cuello de la
vejiga y el fragmento proximal de la uretra constituyendo el esfínter
interno, que abre y cierra a este nivel la vía de salida de la orina.
Como la musculatura es lisa no puede haber control voluntario. El área
muscular que se extiende por el cuello de la vejiga y las desembocaduras
de los uréteres constituye el trígono. Rodeando la uretra e
inmediatamente después del esfínter interno se sitúa el esfínter
externo, constituido por fibras musculares estriadas que sí están
sometidas a control voluntario. |
Para que el llenado de la vejiga se produzca con normalidad, la vejiga debe
estar relajada, adaptando su tono muscular a las progresivas cantidades de
orina que a ella van llegando permanentemente.
El vaciado voluntario es más complejo. Habitualmente la micción voluntaria
se inicia tras la experimentación de las ganas de orinar. Estas ganas
corresponden a la percepción de ciertas sensaciones que parten sobre todo
del órgano vesical. Cuando la presión de la orina alcanza una cierta
intensidad, el detrusor se contrae de modo intermitente, estas contracciones
aumentan a su vez la presión intravesical. La sensación de ganas de orinar
depende de la estimulación de distintos receptores sensoriales. Así las
ganas aumentan con la contracción del detrusor en respuesta a la distensión
de la vejiga producida por el aumento de presión de la orina. Estas ganas se
pueden aguantar con la activación voluntaria del esfínter externo y de parte
de la musculatura pelviana. Cuando se decide a orinar se relaja
voluntariamente el esfínter externo. El control voluntario también se
manifiesta a través de actos como iniciar la micción sin tener ganas o
interrumpir la emisión de orina.
ADQUISICIÓN DEL CONTROL VESICAL
Toda adquisición o aprendizaje, requiere dos condiciones: un
sustrato biológico, somático, capaz de la adquisición y las
experiencias o interacciones con el medio susceptibles de propiciar
el aprendizaje en cuestión.
A los tres años el niño promedio suele ir solo al lavabo, y suele
anunciarlo antes. Muchas veces no "llega a tiempo" sobre todo si
está jugando. A los cuatro años puede ir a cualquier lavabo sin
problemas, y empieza a cerrar la puerta. Hacia los cinco, hacer pis
es una actividad privada, a esta edad es capaz de iniciar el vaciado
de la vejiga independientemente de la cantidad de orina que
contenga. Esta es una actividad limitada al perro y al hombre
exclusivamente.
En ambos sexos, a los 18 meses de edad alrededor del 60% de la
población ya ha adquirido control intestinal durante el sueño. Casi
la mitad controla la micción durante el día. Cerca del 20% controla
la defecación de día Y un 10% mantiene la cama seca por la noche.
Hacia los dos años el control nocturno y diurno sobre el esfínter
anal ha sido alcanzado por casi toda la población. Hacia los tres
años y medio no se dan tasas semejantes de control vesical, pero
sólo de día.
Lo primero que se adquiere es el control rectal nocturno, después de
día, luego d vesical diurno y finalmente el nocturno. |
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EPIDEMIOLOGÍA
Rutter y Cols. (1973) hallaron que la prevalencia de enuresis en varones y
hembras de cinco y siete años de edad pasaba de 13'4% a 21'9% en los chicos
y de 13'9% a 15'5% en las chicas. Estos incrementos se explican por la
aparición alrededor de los siete años de un cierto n° de recaídas, es decir,
de enuresis secundaria.
La disminución experimentada entre los cuatro y los seis años es de un 71%
en las niñas y tan solo de un 16% en los niños. Hasta los ocho años de edad
los varones no alcanzan el nivel aproximado que ostentan las niñas a los
cinco. Estos datos reafirman la mayor frecuencia general de enuresis en
niños, pero los cambios de prevalencia específicos de sexo y edad que
describen (Verhulst y cols., 1985) no aparecen en los restantes trabajos
revisados. Aún asi todo esto es importante ya que seguramente deberíamos
retrasar la edad para el diagnóstico de enuresis siendo de ocho años para
los niños y de cinco para las niñas.
La enuresis diurna es mucho menos frecuente que la nocturna (1-2 versus
7-8), se da mucho menos en la adolescencia que en la niñez, suele acompañar
a la enuresis nocturna con cierta asiduidad (entre el 2% y el 17% de los
casos) y es claramente mayoritaria en el sexo femenino.
TIPOS DE ENURESIS
Cuando el niño se muestra incontinente desde su nacimiento, sin periodos
significativos de control vesical, se habla de enuresis primaria, continua o
persistente. El trastorno enurético que aparece tras una temporada
significativa de control (seis meses -un año), según diferentes criterios se
denomina se llama enuresis secundaria, regresiva, de inicio o adquirida.
El incremento de la enuresis nocturna entre los cinco y siete años de edad
nos hace pensar que se debe a la aparición de enuresis secundaria durante
ese periodo de tiempo. También parece establecido que transcurridos los once
años de edad la enuresis secundaria es sumamente infrecuente.
Las características de la enuresis diurna son muy diferenciadas de la
nocturna. Tiene una mayor prevalencia en el sexo femenino, suele ir
acompañada de mayores alteraciones urológicas, se obtiene peores resultados
con los tratamientos convencionales.
EVALUACIÓN
Entendemos por enuresis la emisión repetida de orina durante el día o la
noche, en la cama o en la ropa, de manera involuntaria o en ocasiones,
intencionada; que haya ocurrido por lo menos dos veces por semana durante un
mínimo de tres meses o que siendo la frecuencia menor, provoque un malestar
clínicamente significativo al sujeto; con una edad cronológica igual o
superior a cinco años o, cuando se trate de niños con retraso mental. con
una edad mental equivalente.
Cuando recibimos a un niño que responde a las características de posible
enurético lo primero que debemos hacer es descartar un posible fallo
funcional. Para esto normalmente remitimos al niño su pediatra para que
descarte cualquier patología médica.
Una vez que vuelve el niño a consulta con un diagnóstico médico veremos lo
que podemos hacer en función de las conclusiones médicas. Así sólo sería
correcto el diagnóstico de enuresis (por nuestra parte) si el componente
orgánico no fuera tan importante como para explicar por sí solo la
existencia del trastorno. Es decir, se diagnosticaría como tal sólo si la
incontinencia estuviera presente antes de la aparición de la enfermedad o
persistiese tras la aplicación del tratamiento adecuado.
De todas formas, lo normal es que la patología orgánica no esté presente
pero siempre hay que descartar porque hay veces que sí aparece.
Habitualmente y a no ser que existan indicios para realizar un examen más
riguroso, será suficiente con una exploración médica general del tracto
urinario. A veces se utilizan técnicas muy invasivas que si es posible es
mejor evitárselas al niño, pueden ser: pielografía, cistouretrografía,
electromiografía de esfínteres y cistoscopia.
Una vez que tenemos todos los datos médicos y hemos visto que se trata de un
caso que podemos abordar nosotros, pasamos a realizar la entrevista clínica,
que en estos
casos es absolutamente imprescindible.
Entrevista clínica
Debe incluir:
• Evolución histórica y estado actual del problema enurético: cuándo se dan
los episodios (de día, de noche, en ambos). Los niños que sólo lo tienen por
la noche tienen un mejor pronóstico al igual que los que solo presentan
enuresis diurna También necesitamos saber si el niño había controlado
anteriormente, al menos durante seis meses, o si el control estuvo siempre
ausente. En el primer caso tenemos que indagar las circunstancias que han
rodeado la aparición de los episodios como cambios de colegio, separación de
los padres, nacimiento de un hermano, muerte de un familiar... También nos
interesa saber si el niño ha sido capaz de controlar fuera de casa como
cuando sale de vacaciones o duerme en casa de un amigo, o si el control está
totalmente ausente. También queremos saber si la enuresis es continua u
ocasional, pues puede que sólo se de ante determinados acontecimientos como
exámenes o vacaciones.
En cuanto al estado actual del problema tenemos que recoger información
diferente según el tipo de enuresis.
Si presente enuresis nocturna:
• Si llega a detectar el inicio de la micción durante la noche pero no se
levanta para ir al baño.
• Intensidad de los episodios, lo podemos medir a través de la mancha de
orina.
• Frecuencia de las noches que moja la cama, así como si se da más de un
episodio en la misma noche.
Si presenta enuresis diurna:
• Si tiene sólo una pequeña pérdida de orina antes de hacerlo en el baño o
si moja toda su ropa sin que le dé tiempo.
• Si vacía completamente la vejiga cuando orina o si sólo lo hace
parcialmente.
En ambos casos:
• El número de episodios por día/semana.
• La habilidad del niño para retrasar su visita al baño.
• Si siente la necesidad de ir al baño.
• La urgencia con la que siente esta necesidad.
• Si experimenta dolor cuando orina.
• Qué tipo de sueño presenta el niño.
No podemos olvidar en esta parte de la entrevista que si el niño presenta
dificultad para despertarse por la noche puede influir en el caso de usar
alarma nocturna en la intervención.
Tomaremos nota también de las habilidades de autocuidado que presente el
niño" vestirse y desnudarse solo, ir al baño sin que le acompañen.
Posible presencia de otros problemas en el niño: la enuresis puede verse
acompañada de la existencia de otros problemas en el niño tales como:
trastornos del sueño, ansiedad, impulsividad, déficit de atención,
hiperactividad, baja autoestima, desajuste social, etc. En el caso de que
tenga asociado otro trastorno deberá tratarse también pues la eficacia de)
tratamiento quedaría reducida y aumentaría la posibilidad de recaídas.
Historia familiar de enuresis: entorno al 75% de los niños enuréticos tienen
un familiar de primer grado que padeció el problema. Desde la orientación
conductual pensamos que esto se produce por la facilitación de pautas de
aprendizaje deficientes por parte de los padres.
TRATAMIENTO
La historia de la enuresis es larga y los métodos utilizados para corregirla
son muchos, pero a modo de curiosidad vamos a ver algunos de los "métodos"
que usaron tanto padres como médicos en su lucha contra la enuresis.
Pegar y golpear a los niños, obligarles a beber su propia orina,
ridiculizarlos ante sus compañeros, atarles el pene, hacerles llevar el
pijama mojado alrededor del cuello, exponer las sábanas mojadas en público,
infligirles quemaduras, hacerles dormir a la intemperie; esto los padres, y
en la medicina las intervenciones fueron las siguientes: pociones de orina
de cerdo y carcomas, cocciones de erizo, tráqueas de gallo y pezuñas de
cabra, dormir en superficies incómodas, aplicar un alfiler de acero en la
espalda del niño para evitar que duerma sobre ella, clavar agujas
hipodérmicas en el sacro, inyecciones salinas o de parafina, intervenciones
quirúrgicas reales o simuladas (cauterizar el cuello vesical o circuncidar),
neutralizar químicamente la orina, sellar el orificio urinario, poner hielo
sobre los genitales externos.
Es importante señalar antes de entrar en la intervención que la enuresis
tiende a remitir con el paso del tiempo, tanto la primaria como la
secundaria; por lo tanto para que nuestro tratamiento sea exitoso tiene que
"curar más" que el paso del tiempo.
a) La alarma
Actualmente podemos encontrar en TEA un PIPÍ-STOP con rejilla de 3 x 1 '5
era, que se introduce en un salva slip entre la celulosa y el algodón
evitando el contacto directo con la piel. Es el detector de humedad más
pequeño. El precio de este modelo es de unas 13.700 pías.
También hay a la venta en TEA el WET-STOP que tiene un sensor que se
introduce en una funda de algodón y se coloca en la parte exterior de la
ropa interior. El sonido se detiene secando el sensor, su precio es de unas
13.500 ptas.
Cuando utilizamos estos métodos nos basamos en la consecución de un número
de noches secas consecutivas, lo normal es unas 14 noches consecutivas sin
enuresis. El uso de la alarma consigue el éxito (14 noches consecutivas
secas) en el 70% de los casos, para prevenir las recaídas lo mejor es
utilizar la alarma de modo intermitente manteniendo el sistema encendido
algunas noches y otras no. También, una vez conseguido el éxito le pedimos a
los niños que vayan ingiriendo cada vez mayores cantidades de líquido antes
de acostarse para conseguir un aumento del control vesical con cantidades
mayores de líquido.
Procedimiento:
- Después de 14 noches consecutivas sin hacerse pis se mantiene la
alarma. -El niño debe beber dos, tres o cuatro vasos de agua durante la hora
previa a acostarse.
- Esto se repite cada noche.
b) Entrenamiento en cama seca
Aquí vamos a utilizar primero la alarma y luego un programa de despertar
sistemático consistente en:
La primera noche se hace un entrenamiento intensivo, por lo que se elige la
noche anterior a un día festivo. Despertamos al niño después de una hora
durmiendo, insistiendo lo menos posible. Luego le llevan al baño donde
practica retención voluntaria que consiste en que el niño beba de dos a
cuatro vasos de su bebida favorita antes de acostarse, cuando le despiertan
para ir al baño tienen que preguntarle si cree que podría aguantar otra hora
más, si dice que sí se le elogia y se le vuelve a acostar, si dice que no,
se le pide que aguante unos minutos y se le elogia por ello, luego se le
devuelve a la cama y bebe otro vaso de líquido. Este procedimiento se repite
cada hora durante esa primera noche. En la noche siguiente sólo tienen que
despertar al niño tres horas después de haberse dormido o antes de que sus
padres se acuesten. Después de cada noche sin enuresis, los padres
despiertan al niño media hora antes que la noche anterior; si se hace pis en
la cama la noche siguiente se le despierta a la misma hora, y dejaremos de
despertarle cuando el intervalo entre acostarse y despertarse sea de media
hora. Este entrenamiento lo podemos hacer durante el día, el niña tiene que
ser reforzado según vaya dejando transcurrir periodos de tiempo más largos
entre las ganas de hacer pis y el momento de ir al baño. En principio se le
pide que aplace la micción voluntaria durante cinco minutos. Cada día vamos
incrementando el tiempo de espera en dos o tres minutos. En 15 ó 20 días
suele llegar a 45 minutos de demora y a partir de ahí se finaliza el
entrenamiento.
Además en esta primera noche de la que hablábamos antes haremos práctica
positiva en despertar rápidamente y hacer pis. Esto lo hacemos una hora
antes de ir a dormir durante la primera noche de entrenamiento. El niño
acostado y con la luz apagada, cuenta hasta 50, se levanta, va al baño e
intenta hacer pis, y vuelve a su cama. Esto lo repite 20 veces. Si sonara la
alarma durante la noche, después de cambiarse de ropa, el niño tiene que
hacer la práctica positiva 20 veces más. A partir de la segunda noche sólo
hará práctica positiva durante una hora antes de acostarse si la noche
anterior mojo la cama.
Y por supuesto utilizaremos sobrecorreción tras cada episodio enurético, el
niño tendrá que levantarse, ir al baño, terminar de hacer pis, cambiarse de
pijama, cambiar las sábanas, secar las alfombrillas de la alarma, dejar las
prendas mojadas en el cesto de la ropa sucia y rehacer su cama.
El entrenamiento en cama seca se suspende tras siete noches consecutivas sin
mojar la cama. Desde entonces si se producen dos o más accidentes en una
semana se reinstaura el procedimiento omitiéndose la primera noche
intensiva.
A la vez que realizamos todo esto incorporaremos reforzamiento positivo que
va a consistir simplemente en llevar un registro semanal en el que el niño
deberá ir pegando pegatinas de su agrado cada día que no haya mojado la
cama.
ENCOPRESIS
EVALUACIÓN
Muchas veces la incontinencia puede estar provocada por anomalías
anatómicas, neurológicas, endocrinas, metabólicas, lesiones postquirúrgicas,
etc. Esto lo tiene que descartar el médico del niño, habitualmente la
exploración médica va a llevarse a cabo siguiendo una rutina más o menos
así: historia médica, exploración física que incluye exploración abdominal,
inspección perianal y tacto anorrectal; análisis de sangre, cultivo de
orina, radiografías, manometría anorrectal y estudios histológicos o
histoquímicos que se realizan a partir de una biopsia rectal.
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El deseo de todo profesional de la psicología es que esta
exploración tan completa se lleve realmente a cabo, y en muchos
casos así es, pero debemos contar con que estas pruebas son
especialmente molestas y en algunos casos dolorosas para el niño y
que también los médicos no las practican, ya que conocen el
historial del niño desde su nacimiento y suelen creer que se
encuentran en condiciones de descartar un problema orgánico con unas
pocas exploraciones de rutina.
Así, nos llegarán a consulta probablemente después de que el médico
diga que es un problema psicológico. Aún así, siempre debemos pedir
una exploración exhaustiva a los padres. |
La evaluación que debemos realizar nosotros se centra en
obtener información de si ha habido aprendizaje de buenos hábitos de
defecación e higiene y determinar las condiciones ambientales, sociales y
personales que puedan estar interfiriendo con su aprendizaje o su
mantenimiento.
Tenemos que averiguar si la encopresis es primaria o secundaria preguntando
desde cuando se ensucia el niño.
Si es primaria necesitamos saber cuáles son las deficiencias existentes en
los hábitos de defecación y de higiene, a fin de conocer qué conductas
requisito se han aprendido y cuáles no. También queremos saber cómo ha sido
el proceso evolutivo en otras áreas del desarrollo (adquisición de la
marcha, del lenguaje, habilidades de autonomía...), porque si fuera así nos
encontraríamos ante un retraso generalizado del desarrollo. También hay que
preguntar a ios padres qué método siguieron para entrenar a sus hijos y las
dificultades que han encontrado o encuentran en este tipo de enseñanza; con
esto podemos descubrir comportamientos paternos inadecuados, como presionar
en exceso a sus hijos para que defequen en el retrete en los momentos que
ellos desean, sin tomar en consideración las variables fisiológicas, o
emplear métodos de castigo abusivos o inconsistentes para controlar los
accidentes.
Si la encopresis es secundaria, la entrevista va dirigida a investigar las
condiciones personales, familiares y ambientales, asociadas con el inicio
del ensuciamiento como puede ser una enfermedad, el nacimiento de un
hermano, separación de los padres, comienzo de la escolaridad, evitación de
los baños escolares; y con su mantenimiento actual que puede ser diferente
de las circunstancias que lo provocaron.
También tenemos que averiguar si la encopresis es retentiva o no retentiva,
esto lo sabemos por la presencia o no de estreñimiento. Preguntamos sobre
las defecaciones, su frecuencia, dificultad para expulsar, malestar al
defecar, presencia de heces duras.
Identificar las situaciones estimulares que conducen a pautas retentivas lo
hacemos preguntando si el niño se queja de dolor al defecar, si muestra
algún temor relacionado con el baño que haga sospechar la existencia de una
fobia, si suele "entretenerse" para ir a! baño cuando está realizando
actividades que le gustan o si se resiste a ir al baño fuera de casa.
También hay que averiguar si tiene conciencia de la necesidad de ir al baño
o si no percibe las señales de distensión rectal que anteceden a la
defecación.
Queremos saber también qué hábitos alimenticios tiene como abuso de
chocolate, coca-cola, que es muy normal lo tomen los niños y que está
desaconsejado en caso de estreñimiento.
Entonces, como hemos visto, la encopresis puede ser primaria sí el niño
nunca ha alcanzado un control intestinal completo; secundaria cuando el
control se ha adquirido durante un tiempo y luego se ha perdido. No debemos
olvidar la encopresis manipuíativa, menos frecuente, se trata de
encopréticos que consiguen una manipulación efectiva de su entorno
obteniendo una serie de ventajas tales como evitar el colegio, atención
excesiva de los padres, etc. También está la diarrea crónica o síndrome de
irritación en que la defecación se produce como una reacción al estrés
ambiental o a dificultades emocionales. Y como final el estreñimiento
crónico o Megacolon Psicogénico que suele desembocar en un ensanchamiento
exagerado del colon y el estreñimiento puede estar producido por factores
orgánicos o neurológicos que es conveniente descartar.
Una vez definido el tipo de encopresis, es necesario que concretemos el
problema atendiendoa los siguientes parámetros conductuales; frecuencia de
episodios encopréticos, consistencia, cantidad v tamaño de las heces en la
ropa interior, ocurrencia de accidentes nocturnos, lugar donde el niño se
ensucia (en casa, en la calle, en el colegio, etc) y si defeca, además de en
la ropa, en otros lugares poco convencionales como en el suelo, por ejemplo.
Los episodios nocturnos son raros en la encopresis funcional; cuando
aparecen nos suelen dar idea de que estamos ante un problema orgánico y
tienen peor pronostico que los diurnos. En este caso, tenemos que
cerciorarnos de que la exploración médica ha sido realmente buena.
Por último tenemos que saber si los episodios de encopresis se incrementan
ante situaciones potencialmente estresantes, como las discusiones familiares
o las épocas de exámenes, mientras que disminuyen en los periodos
vacacionales y/o cuando elo niño reside fuera del hogar una temporada (con
los abuelos). También preguntamos sobre las consecuencias sociales que
siguen al ensuciamiento, para saber si guardan relación funcional con su
disminución o mantenimiento; es probable que lo padres regañen y castigan
mucho con los episodios sin darse cuenta que estas actitudes surten poco
efecto en la resolución del problema.
Al terminar con este apartado de la evaluación continuaremos explorando
sobre los hábitos de higiene. Las preguntas tienen como objetivo evaluar los
recursos personales y ambientales disponibles para programar la fase inicial
del tratamiento, preguntaremos:
-El repertorio conductual del niño respecto a: cuáles son las pautas
actuales en el uso del baño, si lo usa espontáneamente sólo algunas veces,
si lo evita total o parcialmente (sólo en el colegio) o si permanece poco
tiempo sentado, si dispone de hábitos de limpieza apropiados para limpiarse
después de defecar, si se lava las manos, si es autónomo en su aseo
personal, etc.
- Las condiciones ambientales que favorecen o perturban el acceso al
baño: baños disponibles en la vivienda, número de personas que pueden
utilizarlos a la vez, facilidad para acceder al baño en horario escolar...
- Costumbres matinales de la familia: levantar al niño con tiempo
suficiente para poder responder a sus necesidades fisiológicas, secuencia
habitual que realiza el niño por la mañana, 6desayuna primero o lo deja para
el final?
La mayoría de los encopréticos secundarios y buena parte de los primarios se
sientan y defecan alguna vez en el vater, esto sugiere que perciben
sensaciones intestinales residuales. Tenemos que averiguar qué factores
determinan esta conducta y porqué no se incrementa su frecuencia.
Hay que preguntar al niño sobre sus propios hábitos, que nos explique que le
impulsa a ir al baño, qué siente antes de iniciar esta conducta, qué hace
cuando se sienta en el vater para defecar, cómo ejecuta los esfuerzos de
empuje, cuánto tiempo permanece sentado...
Más adelante tenemos que averiguar si otros problemas concurren a la vez que
la encopresis. También necesitamos saber las repercusiones que la encopresis
ha ocasionado y ocasiona en el contexto familiar en el entorno escolar y en
el propio niño, así como los medios utilizados para afrontar el problema.
También es importante cómo se comporta el niño cuando se ensucia, si esconde
la ropa, si se cambia cuando se lo piden, si se muestra indiferente y
permanece sucio hasta que lo obligan a limpiarse, o si se muestra cooperador
e intenta resolver el incidente lo antes posible. Por último preguntar por
el impacto de la encopresis en el colegio, que es normal que ni siquiera lo
sepan.
Obtendremos información sobre tratamientos anteriores y trataremos de
averiguar porqué fracasaron, así nos evitaremos el usar técnicas que han
resultado ineficaces y controlaremos los factores que interfirieron con el
éxito.
Tenemos que explorar el grado de motivación de padres e hijos para corregir
la encopresis e identificar los posibles reforzadores positivos que podían
utilizarse para aumentar o mantener conductas objetivo. Como en la enuresis,
una de las razones más frecuentes del fracaso del tratamiento consiste en
que no se siguen las instrucciones terapéuticas. El apoyo, una estrecha
supervisión y la accesibilidad del terapeuta en los momentos de desánimo
ayudarán a mantener una mejor cooperación.
RESUMEN DE LAS ÁREAS DE EXPLORACIÓN EN LA
ENTREVISTA
1. Historia de la encopresis
a) Identificar el tipo de encopresis:
• Primaria-secundan a: -Inicio de la encopresis
- Deficiencias de aprendizaje en hábitos de defecación e higiene
- Retraso en otras áreas del desarrollo
- Eventos precipitantes y factores de mantenimiento
• Retentiva-no retentiva:
- Frecuencia deposiciones y otros datos que revelen estreñimiento.
-Condiciones estimulares que generan pautas de retención -Dieta y ejercicio
físico
b) Delimitar la conducta problema:
• Frecuencia episodios de encopresis
• Consistencia, cantidad y tamaño de las heces
• Episodios diurnos y nocturnos
• Ensuciamiento fuera de la ropa interior
• Dónde se producen los accidentes
• Conciencia del ensuciamiento
• Circunstancias que modifican la frecuencia
• Duración del problema
2. Hábitos higiénicos: repertorio conductual y
condiciones ambientales
• Defecación espontánea en el retrete: -Frecuencia, consistencia, cantidad y
tamaño de las heces.
- Tiempo que dedica a esta actividad
• Evitación total o parcial del uso del retrete
• Condiciones ambientales para acceder al baño
• Rutinas matinales para antes de ir al colegio
• Hábitos de aseo personal y grado de autonomía
3. Problemas concurrentes
• Enuresis
• Signos de ansiedad o depresión (tristeza, aislamiento)
• Déficit de atención/hiperactividad
• Conductas de oposición y desobediencia
• Dificultades en el rendimiento académico
4. Impacto familiar, personal y escolar: modos de
afrontamiento
• Reacción parental ante el problema
• Reacción del niño; oculta ropa sucia, coopera
• Reacción de los iguales: rechazo, burla, marginación
5. Tratamientos anteriores
6. Factores motivacionales
Como explicación a la enuresis podemos decir que el estreñimiento juega un
papel primordial. Si el estreñimiento persiste y no se produce una
evacuación, las heces endurecidas y atascadas presionan el intestino hasta
el punto de producir ensanchamiento en el colon y pérdida de tono muscular,
E] material fluido procedente del intestino delgado llega al grueso y al no
tener espacio para ser absorbido a causa de la obstrucción, se filtra a
través de las heces retenidas y mancha la ropa, de modo que los niños no
tienen conciencia de la necesidad de defecar.
Finalmente para poder realizar el análisis funcional realizaremos registros
de los episodios donde debemos incluir fecha, lugar en el que hace caca,
hora, tipo de heces, cantidad, tamaño, qué hacen o dicen los otros y qué
hace o dice el niño.
Para la evaluación registraremos durante una semana o si es posible durante
dos. Si con esto no tenemos clara la información seguiremos pidiéndoles que
rellenen los registros.
TRATAMIENTO
La defecación en el váter es el último eslabón de una cadena conductual
compleja: discriminar las señales fisiológicas que preceden a la defecación,
retener las heces en respuesta a esta estimulación hasta localizar el lugar
adecuado, desnudarse, sentarse en el retrete, y una vez sentado relajar el
esfínter externo a fin de permitir que las heces salgan al exterior. De modo
que es preciso determinar si el niño ha aprendido la secuencia completa para
poder decidir qué conductas deben enseriarse, cuáles necesitan incrementar
su frecuencia y cuáles deben disminuir. Incluso, si toda la cadena está
aprendida, es posible aún que el ensuciamiento de la ropa interior se deba
simplemente a que no sabe limpiarse adecuadamente. El exceso o el déficit de
alguna de las respuestas que integran el repertorio conductual puede llevar
a episodios de encopresis; contraer el esfínter el tiempo necesario para
llegar al baño es la respuesta pertinente, pero sí ésta acción se prolonga
más. de lo necesario, la secuencia defecatoria se interrumpe y puede dar
lugar a una serie de problemas ya conocidos: retención fecal, estreñimiento,
deterioro muscular o sensorial y, finalmente, ensuciamiento.
Antes de iniciar el tratamiento si hemos descubierto problemas como una
fobia al baño o vergüenza para usar el baño del colegio, tendremos que
tratarlo en primer lugar y sólo después empezar el tratamiento exclusivo de
la encopresis.
Vamos a comenzar el tratamiento explicando al niño, en la primera sesión de
terapia, en qué consiste el funcionamiento del aparato digestivo, para ello
vamos a usar dibujos (tipo libro de colegio) y le vamos a ir enseñando las
partes del sistema, luego pasaremos a explicarle en qué consiste la
encopresis, qué es lo que le está ocurriendo y que hay muchos niños que les
pasa lo mismo y que a lo mejor en su clase hay alguien más al que le ocurre
lo mismo, pero que normalmente la gente se calla y no lo cuenta a nadie.
También tenemos que intentar quitarle importancia personal al problema,
desculpabilizarle y decirle que lo que le ocurre tiene solución y que hasta
ahora él no lo había podido evitar porque no se daba cuenta de lo que hacía
y no sabía cómo lograrlo. Le decimos que nosotros estamos para ayudarle en
este tema, pero que no podemos hacerlo solos y que necesitamos toda su
colaboración para conseguirlo. Le preguntamos si quiere dejar de manchar la
ropa y le pedimos que nos cuente cómo se siente cuando se mancha o cuando
sus padres le dicen que huele mal, que es un guarro y que vaya a cambiarse.
Así nos va dando una idea de hasta qué punto puede estar motivado ahora que
conoce los pormenores del problema y ya ha pasado una evaluación. Intentamos
que verbalice sus ganas de estar bien y que diga las cosas buenas que
conseguiría dejando de manchar la ropa. Toda esta primera sesión la vamos a
dedicar a enseñarle sus respuestas fisiológicas sobre la defecación,
enseñarle en qué consiste el problema y animarle a buscar el cambio
utilizándonos a nosotros de mediadores.
En la segunda sesión de intervención nos dedicaremos a trabajar con él le
vamos a explicar que tiene que fijarse en las sensaciones previas a la
defecación, que tienen que tomar conciencia de ellas, que esas sensaciones
que nos describió en el proceso de evaluación (dolor en la tripa, hormigueo
en el estómago, sensaciones apremiantes de no aguantar mas.) tiene que
fijarse mucho en ellas cuando las vuelva a tener y que tiene que escribir en
un papel lo que nota en su cuerpo (esto lo tiene que traer al día siguiente
que nos veamos). Luego pasamos a explicarle cómo es la cadena conductual que
tienen que aparecer cuando sienta esas "ganas": le decimos que contraiga el
esfínter anal (para esto tienen que practicar delante de nosotros en esta
sesión, comprobamos que lo hace bien si sentado en la silla, al contraer el
esfínter, se eleva un poco en el asiento) y que busque el baño más cercano,
una vez allí debe sentarse y defecar, limpiarse comprobando que no queda
ningún resto y lavarse las manos después.
Los ensayos de tensión del esfínter anal los haremos primero sentado, y
luego practicaremos en otras posturas como de pie o corriendo. Lo haremos en
todas las situaciones que nos dé la evaluación y que hayamos visto que el
niño no puede por si solo controlar y acaba produciéndose el ensuciamiento.
Le seguiremos animando a solucionar el problema y alabaremos sus esfuerzos
por conseguirlo. Esta sesión la finalizaremos recordándole que el próximo
día nos tiene que traer escritas las sensaciones que nota antes de ir al
baño (las "ganas"), con todo lujo de detalles.
En la tercera sesión le vamos a pedir que vuelva con los padres, entraran
los tres a consulta y les explicaremos que es necesario conocer las cosas
que podemos utilizar como refuerzo en la terapia. Les explicamos que vamos a
utilizar un sistema en el que el niño irá poniendo una pegatina en su
registro cada vez que haga caca en el vater, cuantas más veces al día lo
haga más pegatinas conseguirá. Estas pegatinas van a tener un valor (puntos)
que después se canjearán por los refuerzos que hayamos seleccionado y a los
que habremos dado un valor. Para conseguir un refuerzo necesitará una serie
de puntos. Es muy importante elaborar la lista de reforzadores con los
padres y el niño y que ellos nos ayuden a poner la puntuación. No debemos
jamás incluir como reforzadores cosas que habitualmente está consiguiendo el
niño a cambio de nada. Si hacemos esto en lugar de reforzar castigaremos. Si
por ejemplo el niño ve siempre los Simpson no podemos incluir en la lista
"ver los Simpson"; tendremos que meter pequeños regalos sorpresa, poder ir
al cine un día en concreto, elegir una baratija en una tienda, ir al parque
de atracciones un día, elegir la película que va a ver toda la familia esa
noche y en general todas las cosas que quiere el niño y puedan darle los
padres, pero siempre de poco valor y con compromiso por parte de los padres
de canjearlo cuando el niño lo requiera. Los puntos se irán anotando en un
cuaderno o en el mismo registro y el padre que veamos más capacitado para
llevar la encopresis será el encargado de dar los puntos y de su canjeo
posterior.
Pediremos a los padres que refuercen con elogios al niño siempre que haga
caca en el váter y que ignoren cuando se manche la ropa, simplemente que le
digan que se cambie de ropa y lave, pero que no hagan gestos de reproche ni
utilicen frases que puedan dejar ver su malestar con la situación, se trata
de que el niño comprenda que si hace caca en el váter sus padres estarán muy
contentos y si no nada.
En el registro de las pegatinas o puntos no se va a penalizar en ningún
momento por la ropa manchada; es decir, si el niño no hace caca en el váter
en todo el día y se lo hace varias veces encima simplemente no pondrá
ninguna pegatina en su registro; pero si hace caca una vez en el váter ya
gana una pegatina con sus puntos correspondientes.
Cuando ya tengamos los reforzadores y los valores dados les recordaremos que
pongan en marcha todo lo que les hemos pedido para esta sesión y que nos
traigan el registro el próximo día.
En la siguiente sesión también tienen que entrar los padres, hablamos con
ellos sobre como ha ido la obtención de puntos y les explicamos que es
necesario instaurar una rutina con una secuencia bien estructurada. Les
pediremos que todas las mañanas despierten al niño con media hora de
antelación a lo que venían haciendo, que el niño debe lavarse, vestirse y
desayunar y después sentarse en el váter a intentar defecar, si lo consigue
ganará el doble de puntos que por hacerlo en cualquier otro momento del día.
Pero durante el día si vuelve a sentir ganas, aunque haya defecado por la
mañana debe seguir yendo al baño, poniendo en práctica lo que habíamos
ensayado de contracción del esfínter anal. A medio día después de comer,
tiene que sentarse en el baño también y por la noche tiene que realizar otra
rutina que consistirá en recoger los libros de estudio, preparar ia mochila
para el día siguiente (los días de colegio), preparar la ropa para el día
siguiente, ponerse ei pijama y cenar, después debe ir al baño e intentar
hacer caca, si lo consigue, como antes, ganará el doble de puntos que en
cualquier otro momento del día.
Esta rutina tiene que cumplirse. El tiempo que el niño debe permanecer en el
váter intentando hacer caca debe ser entorno a los 20 minutos, durante este
tiempo y para que no le resulte aversivo, ni un castigo, podrá escuchar
música si quiere; leer tebeos, dibujar, o lo que quiera. Antes de tirar de
la cadena debe avisar a la persona encargada para que vea lo que ha hecho,
no con el fin de controlar si lo ha hecho o no; si no para que pueda
reforzar contingentemente.
Esto lo mantendremos todo el tiempo necesario hasta que se produzca el
cambio. Tenemos que estar especialmente atentos a los reforzadores ya que
van a ser los que nos ayuden en los primeros momentos a instaurar la nueva
conducta; pero puede llegar un momento en que pierdan su carácter reforzador
y debemos estar revisando semanalmente el listado para sacar y meter
reforzadores cuando sea necesario.
El tratamiento finaliza al conseguir dos semanas consecutivas en que se
produzca como mínimo una deposición al día en el váter y ninguna deposición
en la ropa. Temas relacionados
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