El gran problema de Colón

Recientemente me encontré con un escrito que hablaba acerca de la locura por las apuestas que existió durante el siglo XV donde entre otros juegos de azar o de inteligencia que tanto entusiasmaban a los caballeros hasta el extremo de hacerles apostar sin control, se mencionaba el juego de colocar huevos sobre una tela.

Este fue posiblemente el verdadero origen de la historia del huevo de Colón que a pesar de tener una astuta moraleja siempre me ha parecido demasiado floja para la época. Caí en la cuenta de que el juego requería ingenio y originalidad de pensamiento.

Se trata de un juego para dos participantes que deben situar alternativamente huevos de tamaño uniforme sobre una tela cuadrada. Cuando se ha colocado un huevo este no puede ser rozado ni movido por otro y el juego continua hasta que la tela está tan llena que resulta imposible colocar otro huevo. La persona que colocó el último huevo es el ganador. Como el tamaño de la tela o de los huevos así como las distancias que puede haber entre huevo y huevo carecen de importancia, parecería que la cuestión de colocar el último huevo fuera simplemente una cosa de suerte. Sin embargo, el primer jugador puede ganar siempre gracias a una astuta estrategia que tal como lo expresara el gran navegante, “¡Es lo más fácil del mundo una vez que se nos ha dicho cómo hacerlo!”.

¿Cuál es la estrategia a seguir por el primer jugador para asegurarse el triunfo?

Para el segundo jugador, la estrategia consiste en colocar el huevo en la posición diametralmente opuesta a la de nuestro contrincante de forma que siempre que el primer jugador sea capaz de colocar un huevo, el segundo jugador podrá colocar el suyo en la posición indicada hasta que no queden más huecos libres.

La única manera de evitar la derrota del primer jugador consiste en colocar el primer huevo exactamente en el centro de la tela pero por la naturaleza ovoide del huevo esto no es posible. De aquí surgió la leyenda del huevo de Colon ya que si chafamos ligeramente el huevo podemos colocarlo de pie exactamente en el centro y nuestro contrincante no podrá replicar nuestro movimiento en el extremo opuesto.

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