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ACERCA DEL HOMBRE NATURAL

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Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó psicoadmin psicoadmin hace 8 años.

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    I Yo tengo la esperanza de que el “Hombre Natural”, aquel que ha buceado en las espesas aguas de la inconsciencia, retorne triunfante luego de haber robado la perla que retiene La Diosa, que es su propia programación. Los hombres decididos y encumbrados deben ser sensibles, deben poder contemplar el fulgor de lo inmanente, de lo inherente a la vida que reclama su propia esencia. No solo deben “saber” bailar, deben “querer aprender” (¡Zorba enséñame a bailar!). El bailarín de pies ligeros baila sobre ciénagas tempestuosas como si fueran verdes praderas. Lo que pasa es que desconociendo la ciénaga nunca podremos disfrutar realmente de la pradera. Creo que los hombres inconscientes y amorales son el verdadero peligro, aquella ralea extraña y enfermiza que no siente culpa ni remordimiento, personalidades frías y crueles, que encuentran hedonismo en el egoísmo, que irrumpen en la vida toda para manipularla y profanarla. Si no vemos lo despiadado en nosotros mismos no tendremos mas alternativa que atribuírselo al de al lado y así viviremos guerreando y echando culpas indiscriminadamente. ¡Basta de mitades atrofiadas y basta de parcialidades! ¡Basta de desterrar al diablo de los cielos, basta de asesinar la noche suplicando por el día y, sobre todo, basta de prender desesperados fósforos en los túneles sin luz! ¡Acostumbrémonos a caminar en la oscuridad! ¡A atravesar nuestros propios túneles! Honremos y reclamemos nuestra propia sombra para nosotros mismos, conversemos con nuestros enemigos más íntimos y salgamos con ellos a ese desierto que compartimos para descubrir que solo faltábamos nosotros para hacerlo florecer. Las mitades dividen, alienan, parten la unidad. No existen los límites, los muros son indivisos, las fronteras no se ven desde los aviones. El camino extrovertido (e inconsciente) del hombre puede ser estimulante y hasta productivo (puede crear culturas) pero se limita a la intensidad, a la desmesura, a la batalla externa, a la conquista y a la doctrina de la imposición. El hombre extrovertido es un cúmulo de tensiones que solo mengua agotando adrenalínicamente sus emociones insaciables (construyendo edificios de mil pisos, inventando guerras absurdas, tirando misiles grandes como la pija de un Dios, largándose en paracaídas y dominando mujeres) el extrovertido es ese tipo de hombre que cuantifica la vida y se rige por tablas de mediciones y de comparaciones. Un monstruo insaciable que busca el riesgo como un fin no como un medio. Y ese es su error. Y también su fatalidad. La vida arriesgada es parte sustancial de lo varonil pero solo si se reconoce el motivo, solo si la intencionalidad rige las acciones, un hombre necesita de la aventura para reconocerse en ella, para saber cual es su ritmo de baile, pero nunca para agotarse y deshumanizarse en la danza. Es decir, para mi hay otro tipo de hombre, El hombre introvertido (termino, creo yo, mal entendido etimológicamente). El hombre vertido hacia adentro, que es un activo peregrino de sus propios paisajes, de sus regiones más imposibles. El hombre dolorosamente autoconsciente. Este tipo de hombre se ha dedicado o se dedica en forma activa a descubrir, sufrir, confrontar, contemplar, asumir y erradicar sus propios demonios que le impiden avanzar. ¡El placer del riesgo y de la vida apasionada también se hace sentir en las tierras extrañas del alma! ¡En ellas también hay montañas y riscos escarpados que solo son considerados fáciles por aquellos que nunca han estado colgando de ellos! Este tipo de hombre no esta anestesiado y se lleva muy bien con aquellas virtudes que tanto avergüenzan al hombre endurecido: la ternura, la congoja, la amistad, la alegría, la paciencia, la belleza y la esperanza entre tantas otras. Este hombre es fuerte y vulnerable y no le asusta el mundo externo, siempre lo seduce. No es un tipo “suave” aunque la ternura es una parte integral de su ser. Camorrea, putea y establece límites porque ha sabido reconocer los suyos propios, defiende su integridad a capa y espada y se lleva muy bien con su ferocidad. Es apasionado y se ríe sin pudor. Tiene sentido del humor. Sabe jugar y sabe perder. Sabe ser potente y puede derretirse en los brazos de una mujer. Sabe amar porque se supo esperar y esto lo lleva a no ser exigente consigo mismo ni con el mundo. Sabe disfrutar la vida porque reconoce que es su derecho sagrado.                                                               II La fuerza del impulso que se erige luego en acción es un bien preciso y a la vez escaso entre los hombres de aguas profundas, es cierto. Pero yo creo que el espíritu es contemplativo por esencia y a veces como decía Roberto Arlt algunos confunden la sana vida contemplativa con la vagancia, la comodidad o lo que es peor, la cobardía más pusilánime. Los refugios se construyeron para los que temían luchar, pero también para los que necesitaban descansar y en ese reposar soñaban que podían, para luego ser más de lo que soñaron ser. Los capitanes de futbol de la escuela fueron siempre los niños más seguros y arrogantes, y no hay nada más peligroso que un niño seguro y arrogante. La ignorancia es la bendición del aprendizaje. El Hombre Natural le teme a las mujeres, es cierto, pero es que ellas le plantean el más peligroso de los desafíos: jugar al amor. Los hombres endurecidos no saben nada de eso, se mueven por cronómetros hormonales y su juego es una competencia entre hombres, no una danza con mujeres. Son sólo pánfilos de mirada obtusa que buscan féminas para pavonearse ante otros pavos que tienen el pito mas chico que ellos. Los hombres de verdad se animan al endiablado juego del amor y a enterrarse cada una de sus espinas. Nosotros también somos hombres de acción. Siempre y cuando estos adjetivos no sean pantallas que subsidien la cobardía. Los que nos creemos tan buenos sólo somos falsos tigres. Domesticados y temerosos. No mostramos las garras porque las tenemos tullidas y le sacamos el filo por que la palabra violencia no es bienvenida en nuestros corazones. ¡Y el mal es un bien preciado! ¡Reclamémoslo! ¡Hombres de buen corazón, el escándalo moral es nuestro patrimonio también!, ¡Los hombres sensibles nos hacemos sensibles a ponchazos!, desafiando nuestras propias convenciones, haciendo caso omiso a las petrificadas tradiciones y cargando el rifle que alguna vez matara al viejo Dios. El juego cósmico nos invita a jugar y a reclamar: ¡Este es mi turno! Somos de otra estirpe, no llevamos en andas la carga de la impostura ni de la tiranía. Nos sabemos fieles porque nos conocemos solos y no nos abandonamos a pesar de no gustarnos. Nos sabemos crueles porque olvidamos por amor lo que más supimos amar. Nos sabemos egoístas porque nos buscamos a tientas sin levantar la vista. Los hombres de acción no pueden ser inconscientes y yo creo que la lucha no es por imponerse sino por oponerse. La oposición no debe sólo contradecir sino redirigir, renovar, mutar, descubrir. Los hombres introvertidos nos vertimos hacia la madriguera de nuestra propia pena para guardar luto por tantas pequeñas muertes. Hemos muerto muchas veces porque nos hemos superado otras tantas. Nietzsche decía: Sólo donde hay sepulcros hay resurrecciones. La vida juega a los dados con la muerte mientras mas acá los locos y los poetas gobiernan el mundo. III Las artes son la mejor traducción del infinito. Son el lazarillo que nos ayudará a cruzar el puente de la vida. Alguien dijo una vez que la distancia mas corta entre una palabra y la realidad es un cuento. El arte de contar historias y de inventarlas es lo que nos mantiene vivos, aquellas fábulas cocinadas al rescoldo en el corazón de los hombres. Los libros son hervideros de pasiones imperturbables, el cine, la poesía, la pintura, las ciencias nobles, el deporte y su alegre competencia, la canción, la danza, todas ellas son formas de comunicarnos, de contarnos para poder encontrarnos, tienen mucho que ver con los sueños y estoy seguro que hacen temblar al mundo. La determinación no es un patrimonio de los autómatas únicamente. Es nuestro mejor corcel y galopa por sobre todas las cosas. El idealismo es la bala perdida de un revólver descargado, un cuchillo sin hoja al que se le perdió el mango, pero es un buen motivo. ¡Y uno muy noble! Si nace de lo visceral y trasciende la potencialidad es realmente imparable. El motor que enciende la chispa de la autenticidad es una huella invisible que dirige la voluntad y hace girar al mundo. Las acciones que apuntan a los objetivos pertenecen a nuestro reino también. Hay muchos flojos, es cierto eso, ¿Pero que tenemos que ver nosotros con los lamentos? No somos registradores de lamentos. Somos heraldos del fuego vivo que nos quema y que nos sube desde el vientre. Camaradas en la batalla terrena del día a día, presos de la rutina y enemigos de las promesas. El verdadero artista (y por ello entiendo al hombre que se dedica a esculpir su propio corazón para luego entregarlo rebosante) es un mago que juega con cosas tangibles y auténticas. No somos poetas del humo ni peregrinos de la niebla. Somos montañeses extraviados que adoran perderse. Amamos la noche y andamos a la vera de la voracidad de las tormentas. Nuestros puños están curtidos porque supimos abrirnos paso. Tenemos piernas ágiles y nuestras heridas están tatuadas sobre nuestro rostro, jamás en la espalda. Pero es cierto. La determinación y la cabeza no son buenos amigos. La mente es una trampa que engaña en voz alta y hay que cerrarle el pico. El sentir es un arma muy poderosa y desconocida por nuestros enemigos. El mundo de los afectos es un rival invisible y mortal para los que no sintonizan con él. La emoción es tierra desconocida para los inconscientes. En ese desfiladero será donde les daremos batalla. A golpes de conciencia. Los locos le guiñaran a los trenes y la luna nos devolverá el saludo. La tierra será para los amantes y vibrará con los que sepan vibrar con ella. Un día escribí: “Es hora de levantarse, trato de conectar una vez más los recuerdos y proyectar su sombra. Me peleo con el misterio y me oculto adentro mío. Hoy no quiero salir al mundo. No quiero comprender y no quiero descifrar. No quiero silogismos ni coherencias complacientes para vos, sueño mío, mejor será que me ocurras durante el día sujetando mi cuerpo con señales encendidas durante la tarde. Todo habla en mí y todo sucede. Mi sueño debe dormir, mas tarde haremos cuentas y volveremos a amarnos en lo oscuro para hacer de la vida un sinsentido y una pregunta sin llave. Tal vez estoy nadando entre las olas. Esta noche iré a buscarte cerca de la orilla. Hay tanto.” Es cierto, la vida es una mujer embustera, pero su amor es sabio. Y siempre elige hombres de verdad para compartirlo. Que así sea. De aquí a la eternidad.

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