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Psicología cotidiana


ALZHEIMER: LA ENFERMEDAD DEL OLVIDO

La enfermedad de Alzheimer o demencia senil de tipo Alzheimer, es un trastorno encefálico de deterioro crónico y progresivo que se acompaña de efectos profundos en la capacidad de recordar, aprender y razonar. Podemos decir que en uno de los trastornos más temidos de nuestra época debido a las consecuencias de gran deterioro que produce en la persona afectada.

Los principales síntomas que aparecen son la pérdida progresiva de habilidades y funcionamiento mental, la pérdida de memoria, confusión y alucinaciones. El comienzo del mal puede ser lento, los familiares más allegados suelen advertir que el individuo tiene algún olvido en sus quehaceres diarios.

La OMS define la enfermedad de Alzheimer como una dolencia degenerativa cerebral primaria, de etiología desconocida, que presenta síntomas neuropatológicos y neuroquímicos característicos. El trastorno se inicia, generalmente, de forma insidiosa y lenta y evoluciona progresivamente durante un período de años. La evolución acostumbra a ser larga (entre ocho y diez años), aunque a veces es de dos o tres años.


Signos de alarma para detectar la enfermedad:

  1. Pérdida de memoria que afecta la capidad de trabajo (citas, nombres, números de teléfono).
  2. Dificultad para realizar tareas familiares (problemas con la cocina).
  3. Problemas de lenguaje (olvido y sustitución de palabras).
  4. Desorientación en el tiempo y el espacio.
  5. Conductas anómalas (como vestirse inadecuadamente para el momento o la época del año).
  6. Problemas de pensamiento abstracto (olvidarse, por ejemplo, del significado del dinero).
  7. Pérdida de objetos y ubicación incorrecta de los mismos.
  8. Cambios de humor y de conducta.
  9. Cambios en la personalidad.
  10. Pérdida de iniciativa (pasividad).

Posteriormente y de forma gradual se deterioran las funciones cognoscitivas superiores, con pérdida de capacidad de leer, escribir, calcular e incluso comunicarse normalmente. Los cambios de personalidad también pueden ser notables. En las fases terminales surgen trastornos de las funciones motoras, como la marcha y acaban no pudiendo moverse. Son enfermos que físicamente no tienen porque estar enfermos, por lo que su esperanza de vida puede ser larga.

Los parientes acaban siendo las "otras víctimas" de esta terrible enfermedad, pues han de estar pendientes de sus descuidos constantes, además sufren inquietud, confusión, caídas, crisis de ira e incontinencia urinaria, entre otros trastornos. Todos ellos son aspectos muy difíciles de soportar durante largos períodos de tiempo.


Fisiopatología

Estudios realizados demuestran que un signo macroscópico característico es la aparición de placas seniles (estructuras redondas u ovales de dendritas y sinapsis destruidas, dentro de un núcleo central amiloide) en el cerebro. Se advierte también una pérdida notable de neuronas en la corteza cerebral. La muerte neuronal se acompaña de la disminución correspondiente en el riego sanguíneo cerebral. Los investigadores señalan que hay una disminución progresiva en la actividad de la enzima acetilcolina transferasa en el tejido cerebral. Tal enzima es crucial como neurotransmisor que interviene en el aprendizaje y la memoria.

La enfermedad de Alzheimer generalmente se manifiesta en edades avanzadas (entre los 65 y 70 años), pero en algunos casos puede aparecer antes, entre los treinta y cincuenta años. En estos casos es muy posible que existan antecedentes familiares de demencia, y el curso degenerativo de la enfermedad es mucho más rápido. Se está especulando que esta seria una variante de la enfermedad y que sus causas podrían estar más bien en una mutación genética. Cuando el inicio de la enfermedad es más tardía, el curso tiende a ser más lento y se caracteriza por un deterioro más global de las funciones corticales superiores.


Tratamiento

No existe actualmente cura de la enfermedad, por lo que el tratamiento es sólo paliativo. Como tratamiento farmacológico el primer medicamento que apareció después de muchas investigaciones fue el tacrine, cuya misión es conservar el suministro de acetilcolina en el cerebro del enfermo, retardando su destrucción. También existen el donezepil y la rivastigmina. Todos estos fármacos mejoran el rendimiento de la memoria y de todo el sistema cognitivo.

Se ha podido encontrar últimamente una proteína, la beta-amiloide, que también puede provocar la muerte de la neurona y se están realizando estudios para encontrar una droga que bloquee su acción.

Se cree que en un futuro las terapias consistirán en la combinación de varios tipos de medicación.

Otros cuidados complementarios que hay que tener en cuenta en esta enfermedad son, por ejemplo, hablar con la persona afectada siempre de forma tranquila y placentera para no irritarla, proporcionarle un ambiente tranquilo, eliminando en lo posible los riesgos de que pueda hacerse daño (el fuego de la cocina, objetos punzantes como tijeras o agujas, etc.), mantener un programa regular de vida, emplear auxiliares de memoria como listas, notas, etiquetas sobre los objetos, orientarle periódicamente en el tiempo y el lugar, vigilar las posibles caídas de la cama, la temperatura de los alimentos y ayudarle a mantener las capacidades cognitivas con programas de refuerzo especializados para este tipo de demencia.


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